La madrugada de este lunes falleció el veterano periodista José María Salcedo, o ‘Chema’ Salcedo para todo efecto. Hace unos 17 años le hice esta entrevista para un proyecto de revista de crónicas que no llegó a su segundo número. Me puse a buscar el archivo y lo rescaté de memorias de computadoras viejas. Disculpa la demora, Chema, me faltó tiempo, me faltó voluntad. Descansa en paz, por los buenos y olvidados tiempos.
Por: Eduardo Abusada Franco
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Chema, tú no eres peruano, eres Vasco, ¿no?
Tengo doble nacionalidad, española y peruana. Nací en Bilbao y a los 8 años mi papá se vino acá con mi mamá. Lamentablemente no hablo el Euskera porque en esa época estaba prohibido. Yo nací en el 46, la época del franquismo, después de la Segunda Guerra. Mi padre tampoco lo habla porque estaba prohibida la lengua.
¿Siempre existió esta tendencia separatista en el País Vasco?
Siempre los vascos han considerado que pertenecen a una nación a parte, cosa que es verdad y está reconocido por la Constitución Española actual. Son naciones distintas, aunque no estados distintos. Entonces, hasta hoy día hay un sector, de entre 20 o 30%, no sé cuánto podría ser, que preferiría ser independiente.
Por eso existe Batasuna
Claro, pero es un partido considerado ahorita ilegal. La justicia española ha considerado, por llamarlo de alguna manera, que es el brazo político de ETA.
¿En tú tiempo ya operaba la ETA?
Hombre, no. La ETA se da a conocer en el año 62 o 63 con un atentado en que le quitan la vida a un policía de San Sebastián, que es la otra gran ciudad del País Vasco, junto con Bilbao. Ahí nace ETA. Luego, de alguna manera cumplen una función importante para la transición, porque mediante un acto terrorista matan al presidente del gobierno (se llamó la ‘Operación Ogro’), que era el heredero de Franco. Era el almirante Carrero Blanco y a partir de ahí se considera que se rompe todo el esquema sucesorio del franquismo. A partir de la muerte de Carrero Blanco se producen los primeros síntomas de democratización de España.
¿Fuiste simpatizante de ETA…?
No, absultamente no. Estoy en contra, pero la historia es así. Qué voy a ser simpatizante, bajo ningún punto de vista, pero los hechos de la historia son esos. Carrero Blanco era el sucesor de Franco y con su muerte se rompe el esquema del franquismo.
Imagino que era imposible hacer periodismo bajo el régimen de Franco.
En realidad no lo sé, porque yo vine a los cuatros años acá. Pero hablando con periodista españoles, ellos me dicen que habían momentos variados. Se podía escribir ciertas cosas, pero claro, había censura previa. Había censura en el cine, era un estado totalitario, fascista.
Cambiando de tema, supongo que que como buen vasco eres hincha del Atlético de Bilbao.
Siempre. El Atletic existe desde 1898 y es obviamente mi equipo de fútbol obiviamente por hacer nacido en esa ciudad. De joven quise ser futbolista. ¿Qué niño no quiere ser futbolista? Jugué en el colegio, pero no era bueno.
El Perú, el segundo nacimiento del ‘Chema’ Salcedo
¿Es a raíz de esta situación totalitaria que tu familia decide venir a Perú?
No, mi padre había sido combatiente en la Guerra Civil, contra Franco. Pero no hubo razones políticas en mi venida, hubo razones económicas. El hermano de mi abuela ya había venido acá al Perú junto a un primo hermano por el 1920 y le fue bien acá. Él nos trae a nosotros acá.
¿Hiciste la travesía en barco imagino?
Por supuesto. El barco el era el ‘Reina del Pacífico’ de la Pacific Steam Navigation Company, una línea inglesa; y el primer puerto de América que tocamos fue La Habana. Ahí por primera vez vi un hombre negro en mi vida.
¿Cuál fue tu primera impresión, siendo un niño, cuando llegas a Perú?
En primer lugar, llegamos en verano y la verdad que hacía un calor tremendo. Segundo, cuando el barco pasa junto a la isla de San Lorenzo dije «¿cómo?, ¿es posible que hayan montañas que no sean verdes?». Era un niño de 4 años. Yo no quería bajar del barco porque durante la travesía me hice amigo de los mozos y cocineros ingleses y al llegar acá era todo nuevo y quería quedarme con los camareros. Al bajar entro a un automóvil por primera vez en mi vida. Allá no teníamos auto.

¿Al llegar a Lima dónde se ubicó tu familia?
Donde vivo ahora con mi papá, en Miraflores. Yo he estado entrando y saliendo fuera del país; pero sigo viviendo ahí con mi papá, que ya tiene 91 años, desde el año 51 en que llegamos a esa casa. No había prácticamente edificios. La urbanización se terminaba donde está hoy día la avenida Santa Cruz. El resto era chacras, terrenos en construcción.
Llegaste en los 50´s, la década del Mambo, ¿era una Lima tan alegre como la describen los cronistas?
Lo que ocurre es que había bonanza económica en este país, porque el precio de los minerales estaba en una coyuntura parecida a la de hoy día. Lo que estamos viviendo hoy me hace recordar la época en que yo llegó al Perú pero con otras ventajas en ese entonces. La gasolina era muy barata y se va creando una clase creada por Odría. Mientras, Europa era pobre, salía de la Guerra Mundial. No te olvides que España salía de la Guerra Civil, todavía estaba bloqueada por las Naciones Unidas porque Franco era un personaje ingrato a la comunidad internacional. En España había cartilla de racionamiento de los alimentos e Italia era pavorosamente pobre. Y acá en Lima se gestaba una clase media próspera que construía un montón de chalets, no los edificios de hoy. Habían enormes automóviles americanos, encontrabas cualquier cantidad de Cadillacs negros. Estaban el Buick, el Packard, el Lincoln, el Chevrolet, etc. Mis familiares peruanos tenían esos automóviles que para un niño eran una cosa descomunal.
Hablando de periodista, en esa época aparece el histórico de titutlar del diario Última Hora: ‘Chinos como Cancha’, la primera vez que se usa la replana en el Perú.
Así nace Última Hora. Me acuerdo del titular «Chinos como Cancha». Yo tendría 6 o 7 años. Yo leía los periódicos. A mi casa llegaba La Prensa y a mi me gustaba leer y escribir porque tenía una tía que viajaba mucho y me mandaba cartas bien escritas desde todo el mundo y me aficionó por escribir las cosas que veía.
¿Con esa tía nace tu afición hacia la lectura?
Ella fue gran influencia, pero a la casa a que llego ya vivía mi tío. A este lo mandaron al Perú en el año 37. Mi familia durante la guerra estaba refugiada en Francia y en ese año cae Bilbao tomada por Franco. Si lo mandaban de regreso aa Bilbao, donde estaba su papá, lo iban a reclutar. Entonces para impedir esto lo mandan a Perú. Y un día encuentro ahí en la casa un libro que se llamaba «Las inquietudes de Shanti Andía», de Pio Baroja. Es el primer libro que leo en mi vida, probablemente a los 6 años de edad. Me venía como anillo al dedo por varios razones. Primero, era un autor vasco. Segundo, sus personajes eran marinos, navegantes y aventureros y acababa de venir en barco y los vascos eran muy navegantes. Tercero, es la biografía de un sujeto escrita en primera persona. Era como si el autor me estuviera leyendo la mente. Ese es mi gran libro existencial de alguna manera. Cada ciertos años lo vuelvo a leer. Mi educación y carácter se debe en gran parte a ese libro.
¿Qué otro personaje marcó tu infancia?
Acá encuentro en Lima a otro gran personaje vasco, amigo de la familia, que fue el último capitán de un submarino de la República Española. Cuando la República cae y Franco toma el poder regala el submarino a Francia, lo deja ahí. El famoso capitán Espinoza, un gran personaje. Estaba perseguido y tenía pena de muerte, era un traidor. Ese personaje también me encantó.
¿Y acá donde empezaste tus estudios, el colegio?
En la Inmaculada, cuando estaba en la Colmena. En la avenida Petit Thouars había una casita donde quedaba la Inmaculada infantil. Estudié ahí desde el kindergarten hasta segundo de primaria. En tercero me tocaba ir al colegio nuevo de Monterrico, pero me fui a España de vacaciones y me quedé porque estaba muy enfermo con la bronquitis. Entonces cuando regresé para cuarto de primaria ya quedaba en la Colmena, donde está ahora la Universidad Villareal; era la Inmaculada Juvenil.
¿Y qué otros personajes renombrados surgieron de tu promoción?
En mi promo estaba Ernesto Palacio, maestro, mentor y tutor de Juan Diego Flores y en su momento un gran tenor, la mejor voz del Perú de lejos. También estuvo el gran jurista Javier de Belaúnde López de Romaña. Otro como Lucho Peirano, dramaturgo, actor y decano de la Facultad de Comunicaciones de la Católica. Él es de Palpa. También estuvo el hasta hace poco propietario de Gestión y ex ministro Manuel Romero. También Julio César Mezzich, el de Sendero.
¿Desde la época del colegio Mezzich ya tenía esas inclinaciones?
La verdad que no lo sé porque hablaba poco, era un poco retraido. Muchos años después alguien me ha hecho notar de que era un poco marginado por nosotros, pero yo no me daba cuenta. Recuerdo que en las vaciones de tercero para cuarto de media se dedicó a hacer físico culturisimo y llegó totalmente diferente, con una musculatura a lo Charles Atlas. Se podría decir, como se entiende ahora, que lo ‘lorneaban’ un poco y depende de cómo te vaya en el colegio esto te puede marcar mucho.
¿Pero cómo terminó un blanco de la Inmaculada metido en Sendero, hasta le decían ‘el gringo’?
Estudió medicina en la Cayetano y ya en esa época me parece que entra a militar en un partido que había de izquierda, Vanguardia Revolucianaria, y después se va radicalizando. Pasa el tiempo, en el año 1974 o 75, yo estoy en el diario La Prensa, controlado por los militares en aquella época, y se produce una toma de tierras en el sur del Perú, donde, entre otros, estuvo metido Ricardo Letts. Bueno, meten presos a varios campesinos y entre ellos a Mezich. Según la leyenda, él se casa con una campesina de esta comunidad y se integra a ellos. Entonces yo, en una columna que tenía en el diario escribo pidiendo que se le deje en libertad a esta persona y así sucedió. Y un buen día, un sábado que recuerdo muy bien, el diario estaba medio vacío, me llama el de la portería y me dice ‘Sr. un montón de ‘indios’ han venido a verlo’. Carajo, dije yo, me quedé frío. Les dije que suban y vienen una mancha de tipos con poncho. Mientras van subiendo uno del grupo va levatando la cabeza y era Mezich. Me saluda y me dice ‘te he venido a agredecer’. Entonces, la mirada de los indios verdaderos digamos, era un desconcierto total y absoluto. Y me miraban como diciendo ‘¿por qué ustedes se conocen?, ¿quién es usted verdaderamente?’. Les dije que estudiamos en el mismo colegio. Es la última vez que lo vi.

Pero Mezzich pasó a la clandestinidad y nunca más se supo de él. ¿Tú escuchaste algo más de él?
Nunca hemos sabido que pasó con él. El día de mi promoción es el 21 de junio y hace muchos años se produjo una comida en un chifa, y alguien en un periódico sacó una nota diciendo que a lo mejor concurría Mezzich. Fue la policía y todo, pero era absurdo, no iba a estar ahí. Luego, ya hace bastante tiempo ya, recibí una llamada telefónica que me dice «tengo que darle un dato muy importante sobre la muerte de Mezzich». Me citaron a un café, fui y no fue la persona.
Regresando a tu historia. Entras a la universidad, pero sin tener ideas que acabarías de periodista, ¿no es así?
Ingresé a la Facultad de Letras de la Católica y después estudio Derecho. Más que inclinaciones periodísticas tenía facilidad para escribir. Escribía articulitos en un periódico mural que sacaba en Letras Rómulo Franco, cura jesuita, gran amigo mío. Entonces, yo estudiaba Derecho y la verdad es que nunca me gradué de abogado. Una vez me pidieron un artículo para el diario Expreso, en que estaban en esa época Paco Moncloa, digamos una época roja, que había sido expropiado por los militares. A los pocos días leo mi nombre en la página editorial. ¡Mi nombre en letras de molde! Caracho, era una cosa fantástica, qué lindo! Tengo el artículo por ahí, era sobre el método de alfabetización del famoso brasilero Pablo Freire. Hoy día seguramente no escribiría una cosa así, en esa época seguramente me creía intelectual, pero me duró poco. Lo más interesante fue que después me dijeron que pase a recoger mi cheque. «¿Pagan por esto?», dije. ¡Señor! Recibí una iluminación divina, fulgurante. Era el año 71 o 72.
Es ahí en la Católica que llegas a tener militancia política, ¿en qué partido o grupo?
Mira, nosotros en la Católica formábamos un movimiento estudiantil que en su momento se llamó Izquierda Universitaria, pero que éramos más bien la derecha [ríe]. Éramos social-cristianos. Muchos de este movimiento formaban parte de la Democracia Cristiana, de la que yo también era simpatizante digamos. Estaba con nosotros en esa época Henry Pease, que fue presidente de la Federación. Dentro de Izquierda Universitaria yo fui también presidente de la Federación.
Pero, ¿políticamente como te defines?
Cuando he estado en política he estado en la izquierda. He estado más en la Izquierda Unida, también en el PSR (Partido Socialista Revolucionario); pero hoy día no tengo ninguna militancia. Lo hice ahí y punto. Nunca me sentí militante de nada. De la época izquierdista me quedan todavía ciertas cosas, pero ya no me queda la confianza que la izquierda tuvo en aquella época en el rol del Estado. Pienso que es muy poco lo que el Estado puede hacer para transformar la sociedad.
Inicios en el periodismo
¿Cómo fue tu primer contacto con la prensa?
Bueno, el periódico que venía a mi casa era La Prensa. Había dos grandes diarios, El Comercio (EC) que era la potencia dominante, y La Prensa (LP), de (Pedro) Beltrán, que era la potencia desafiante. En esa época EC en su primera página era avisos, era muy tradicional. Entonces LP viene un poco con un aire más modernista; LP viene del Miami Herald digamos. Luego, LP procrea Última Hora. Por alguna razón mi papá traía a la casa LP. Venía al mediodía, porque se regresaba del colegio a almorzar en la casa y yo lo primero que leía eran deportes. Estaba ahí la columna de ‘Toribio Gol’, de Grados Bertorini. En ‘La Edad del Plomo’, Thorndike describe a LP de los 50´s. Es un libro absolutamente extraordinario.
Justamente en «No mi General» Guillermo Thorndike cuenta tu historia familiar.
Sí, lo cual no era muy correcto porque yo le conté una serie de cosas a él que no deberían haber salido. No me gusto en principio porque dijo una serie de cosas que uno cuenta en cierta intimidad, ¿me entiendes? En su época me causó problemas. Ahora, Thorndike, es uno de los grandes escritores peruanos, no sólo periodista.
Hace unos meses también estuve conversando con Grados Bertorini y está medio cascarrabias, ¿siempre fue así es solo mi impresión?
Yo recién lo he conocido en los 80´s. Hermano, es muy difícil resignarse al paso del tiempo, es muy complicado. A mí me está pasando un poco eso con los jóvenes. Tengo 61 años, todavía estoy entero, pero de todos modos ya te molestan algunas cosas de los jóvenes, ciertas preguntas un poco incómodas.
¿Y luego como entras propiamente a trabajar de periodista?
Se produce la expropiación de los periódicos que hace el gobierno militar, con la supuesta intención de transferir esos diarios a las comunidades organizadas, entre ellas las comunidades laborales. Ese fue el diario La Prensa. Un día recibo una llamada de Raúl Vargas, que fue quien me mete al periodismo a tiempo completo. No lo conocía, pero me llamó por un amigo común. El comité directivo de La Prensa era Raúl Vargas y Walter Peñaloza. Entonces ahí comienzo a tener como principal ingreso de mi vida los del periodismo.
¿En que área te pusieron?
Había una página laboral, que eran noticias sobre el mundo del trabajo. Llegué y me dieron una gran oficina y dije «¿qué hago acá?» No hice policiales, no hice calle; eso lo vine hacer después, comencé al revés. Tenía veintitantos. Pedí que vengan los que trabajaban en el área. Vinieron periodistas verdaderos, gente de edad que podía ser mi padre y me pusieron de jefe. Ni siquiera sabían cuánto iba a ganar. Cuándo me dieron mi primer sueldo dije «¡se han equivocado, demasiado!». Entonces llegó esta gente y nos miramos entre nosotros. Y uno dijo «¿cuáles serán nuestras comisiones?». Escuché «comisión» y me dije «estos es corrupción, ¡¿comisión de qué?!». Me quedé desconsertado y los periodistas verdaderos se miraban entre sí. Ahí cometí el único gran acierto en mi carrera periodística. Dije; «Señores, no soy periodista, no sé nada, no sé que es una comisión. Sé que es incorrecto que esté acá, yo no debo ser jefe de nadie». Y me explicaron qué era una comisión.
¿Pero acabaste tu carrera?
Acabé Derecho, de egresado, pero no me gradué de abogado y me dediqué a vivir del periodismo hasta la fecha.
Como la mayoría de periodistas, ¿no te tentó escribir novelas o ficción?
Efectivamente. El último libro que yo he publicado es del año 2005 y es sobre política que se llama «El libro de las sospechas». Pero en ese libro se intercalan capítulos de ficción. Son cosas y diálogos que pudieron haber ocurrido, todos verosímiles. En realidad, es el cúmulo de cosas que no puedo probar en el libro. Entonces ese es mi contacto mayor, hasta ahora, con la literatura.
A todo esto, ¿por qué te dicen ‘Chema’?
Porque alguein llegó de México acá al Perú y allá y en España a los José María les dicen ‘Chema’. Entonces esta persona trajo la chapa.
Como los más grandes periodistas te has hecho en la cancha, pero ahora proliferan las escuelas de periodismo, ¿crees que el periodismo se estudia o se hace en la práctica?
Hoy creo que es necesario estudiarlo, pero como ocurre con otras profesiones: Si tú no estudias por tu cuenta, no haces nada; y si no trabajas en la calle tampoco haces nada. Hoy, si tuvieses un hijo que quiera ser periodista le diría que estudie la carrera.
Pero, ¿crees que la formación peridística de carrera da una base sólida o aconsejerías que estudie otra carrera de letras?
Yo le diría a otra persona que si puede estudiar otra cosa además de periodismo, que lo haga. La pregunta es ¿qué? No lo sé. Que lea de todo, tiene leer demasiado.
Entonces, ¿qué tiene que hacer uno para ser buen periodista además de leer, escribir y viajar?
Añadiría que el periodista se hace en la calle y además tiene que tener buena suerte. La gente se ríe cuando yo digo esto, pero es así. Hay dos clases de historias, las que uno busca y las que lo buscan a uno. Las grandes historias periodísticas son de las segundas. ¿Cómo sabes si tienes buena suerte? Si de chicos has jugado Yan-ken-po y más has ganado que perdido, tienes buena suerte. Pero si de chico has perdido más en este juego, tienes que estudiar más que el otro, porque no te van a caer tan buenas historias como las que le pueden llegar al otro.
Ahora haces radio y televisión. ¿Extrañas las míticas salas de redacción de la prensa escrita?
Evidentemente más romántico es una mesa de redacción con máquinas de escribir, sin computadoras; pero eso ya ha desparecido. Hace tiempo tuve que ir a un diario que se llamaba El Mundo creo a tratar de comprar unas fotografías. Entonces entré a una redacción absolutamente silenciosa. «¿Qué es esto, cómo puede ser silente?», dije. Nadie fumaba y hablaban en voz baja y pensé que ya no sabría qué hacer ahí.
¿Cómo eran las salas de redacción en tu tiempo?
Ruidosas y llenas de tabaco. Con carillas de papel que se arrancaban y sonaban al rasgarse. La existencia del papel es tan importante en mi época, porque escribías a máquina en hojas de papel que entraban a un circuito productivo industrial que pasaban por una serie de instancias, de correcciones, pasaba por editores y existían los famosos talleres a donde llegaban.
Pero también había mucho licor en ese tiempo, ¿verdad?
Claro, de todas maneras. Absolutamente, dentro de la redacción. En La Prensa, en la época antigua, yo tomaba mis tragos en la nochecita; no en la redacción, pero afuera, en La Colmena.
Conocías bien esas salas, dirigiste La Razón.
Era la transición, porque La Razón primero era un diario que tenía prentesiones. El dueño del diario era Gustavo Mohme, que en paz descanse. Estaba toda la izquierda, y un día dije «¿qué tipo de diario quieren, uno que se parezca a Ojo o uno que se parezca a El Comercio?». Me pidieron uno que se parezca a El Comercio. Hicimos la diagramación, un tipo de redacción y todo para que se parezca a EC. Duró poco, pero yo ya estaba en contacto con una nueva generación de periodistas más tecnocráticos. Ya no eran el tipo de periodista veteranos de cuando yo era chico. Ahora el veterano era yo.
[Lo interrumpen para ver la pauta del programa. Recomienda ver lo del Ministro de Vivienda y su viejo olfato de periodista le dice que algo no cuadra, que así pasa en un caso político. «Es muy abismal la diferencia, acá hay gato encerrado», previene. “Yo me reúno con ella media hora antes, sabes”, me explica.]

¿Te gustaría regresar a una mesa de redacción?
Mira, en mi vida he tenido la suerte de poder hacer muchas cosas, a parte de por un puñado de dólares, por convencimiento. Hoy ya no me sentiría cómodo. Por supuesto, si no tuviese otro empleo, sí pues.
¿O es que te ha enamorado la televisión?
No, pero mis trabajos alimentarios son dos trabajados agradables, interesantes, este de la radio y el de la tele. No me siento un alienado que tengo que trabajar en un lugar horrendo, con un gerente insensible y totalitario, todo porque tengo que mantener a mis hijos. Porque no tengo hijos. Es una bendición poder tener dos trabajos con los que paro la olla.
¿Se trabaja más en la prensa escrita?
Creo que sí. Cuando yo trabajé. Lo que pasa es que se chambea más cuando uno es más joven también. Es más el sacrificio, el esfuerzo, el sudor y la desesperación de un reportero de prensa escrita que el mio. Absolutamente.
¿Y qué fue de la bohemia que acompañaba al periodista décadas atrás?, ¿ya no queda nada?
Yo no me acostaba tan temprano y no sé si llamarle bohemia o esta ya murió antes. En esa época se tomaba. Salíamos con un grupo de La Prensa y tomábamos unos tragos en La Colmena, en el Tívoli.
¿A El Palermo no ibas?
Ese quedaba más arriba del Parque Universitario y yo he ido una o dos veces en mi vida por curioso, nada más.
¿Qué bares visitanban los de tu grupo entonces?
Íbamos al Tívoli, sino en Galerías Boza había un barcito llamado Dominó. Ese barcito tenía retratos de Sérvulo Gutiérrez. Porque dicen que él pagaba sus cuentas con grabados, cuadritos que hacía de los mozos. Ahí nos íbamos a tomar. El diario cerraba 12 ó 1 de la mañana, y nos quedábamos hasta las 2 o 3 de madrugada. Era muy frecuente.
¿Qué es lo que más te gustó hacer en el periodismo?
A mi me gustaría que se me reconozca como un reportero. Esto ha sido ya en la revista Quehacer de Desco, que hoy día dirige Balo. Ahí he sido reportero. No tenía ningún cargo administrativo, no era jefe de nadie. Me gustaba porque la revista, por su formato y periodicidad, te permitía hacer unos reportajes enormes de 20 páginas. Con las fotos del Chino Domínguez, no puedes perder además. Algunos de esos reportajes los publiqué en una pequeña antología llamada «El vuelo de la bala».
En ese tiempo te hiciste amigo del célebre delincuente Guillermo Portugal, ¿no?
Claro. Guillermo Portugal, alias La Gringa, que es el personaje central de la película de Chicho Durand («Alias La gringa»), cuyo guion escribí yo con Watanabe. Llegó un día a la revista Quehacer. Vi un tipo extraño y le dije «tome asiento, ¿en qué lo puedo servir?», y me comenzó a contar toda su vida. Le dije que esa historia debería escribirla. «Ya la escribí», me dijo y sacó su maletín con un fajo de folios. Me dijo «he venido para que usted me la corrija» y se la corregí.
Ya eres un hombre mayor que ha vivido mucho, ¿crees que has hecho todo lo que has querido en tu vida?
No, me han faltado varias cosas. Uno, que estoy tratando de hacerlo ahora, es el cine. Voy a comenzar a editar un documental sobre Iquitos, que se llama «Amazónico soy», por eso estuve viajando. Luego, tengo un proyecto cinematográfico grande, que está paralizado por razones de financiamiento que se llama «Asháninka». Es una película de ficción basada en hechos reales que es la rebelión de los asháninkas contra Sendero en la Selva Central.
¿Te hubiera gustado tener hijos?
Probablemente sí.
¿Dejaste tal vez algún amor en el camino?
Bueno, parte de mis amores han sido épicos, un poco dramáticos, fuertes. Nunca me he casado, no tengo hijos.
¿Por qué no decisite casarte, quizás por ser periodista tiempo completo?
No fue tan coherente mi razonamiento. Tampoco se han querido casar conmigo, es cierto. Cuando yo he estado dispuesto a casarme, ellas no han querido. No he sido lo suficientemente coherente, no di la suficiente seguridad. He sido demasiado infantil.
Tal vez no amaste como debiste.
Probablemente. La técnica no fue la correcta… como el estilo literario [ríe].
Chema se apura para entrar a su programa de radio. La información no puede parar.
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