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KENJI: ¿NACIDO PARA GOBERNAR?

“Un niño que vivió y creció en Palacio de Gobierno, siempre entre centinelas, siempre mandando, acostumbrando a que accedan a sus banalidades de díscolo adolescente (Montesinos lo llamaba el “muchachito terrible”), pocas veces trabajando para otros (aunque un tiempo era instructor de spinning), viendo que hombres trajeados como Montesinos y su padre eran obedecidos en cuanto capricho tenían, ¿qué futuro puede soñar? En el ADN de este ya maduro y fornido mozalbete, cinturón marrón en karate, está grabada una solo posibilidad: el poder y el mando.”

Por: Eduardo Abusada Franco


‘La Reina’ (2006) es una gran película británica. Narra los hechos sucedidos en el interior de la familia real inglesa tras la muerte de la princesa Diana. El primer ministro de entonces, Tony Blair, presionaba una y otra vez a la reina Isabel II para que manifieste sus condolencias a los ingleses por la violenta muerte la ‘princesa del pueblo’. Le pidió que se ice a media asta la bandera en el Palacio de Buckingham. La reina, en cuya larga vida se sostiene gran parte de la historia del Imperio británico, se negaba a ello, pues Diana nunca fue de su agrado; es más, era su némesis. El film tiene escenas memorables, pero hay una muy simple, que particularmente la recuerdo. En ella, el secretario de Isabel II llama a Tony Blair para que deje de presionarla y la mire con otros ojos, desde los regios zapatos de la reina. Le dice algo así: “Ella no es como usted o como yo. La nobleza vive con la fuerte convicción de que es quien es por la voluntad de Dios”. En efecto, la mujer que sostuvo a Inglaterra en la Segunda Guerra Mundial no pensaba como cualquier mortal. El derecho divino la había puesto en el trono.

Cito esta escena pues trato de reflexionar en lo que significa ser un Fujimori en el Perú. Exactamente, en lo que significa ser Kenji Fujimori Higushi, personaje de innegable rol protagónico en la mediocre política doméstica. Con frecuencia se le etiquetó como alguien inofensivo debido a su inopia mental. De pronto, como aquel jugar que estaba al margen de los cracks, salta al estrellato con una serie de memes, chistes y respuestas fáciles. Personalmente, para mí sigue siendo la misma persona de escaso pensamiento abstracto. Eso sí, debo reconocer que ha desarrollado sentido común en el último año. Y eso, en nuestras fauna congresal, ya es bastante.

Pero mencionaba la escena de la película, porque se me hace que Kenji es bastante diferente al común de los peruanos y peruanas. Como lo era el personaje inglés diferente al resto de mundanos británicos. Kenji Gerardo Fujimori Higushi nació en 1980. A poco de cumplir los 10 años de edad, su padre fue ungido Presidente de la República. La historia del robo y latrocinio posterior, aún hasta nuestros días, es ya harto conocida por cualquiera que tenga el don del entendimiento. Así, desde aquella tierna edad, en que se va perfilando el carácter de los hombres, tiempo en que se graban a fuego en la psiquis los rasgos del carácter que tendremos en la vida adulta, Kenji solo conoció un tipo de mundo posible: el poder. Y el boato del poder.

Por más de diez años su padre (y su tío Vladimiro) ejercieron, con mano dura y uña larga, el mando de todo cuanto sucedía bajo cielo peruano. Menos la captura de Abimael, claro está. De ello ni enterados estaban. Alberto estaba pescando en la selva, justamente con Kenji. El benjamín del clan fue, a vista de la opinión pública, el dilecto de sus hijos. Es de reconocer que él siempre ha estado muy al lado de su padre. Negando incluso las torturas a su propia madre para salvar el pellejo de su progenitor, maestro y guía. Estuvo también, según versiones de Alberto, cuando se pergeñó el plan de rescate en la Embajada del Japón. Una y otra vez, el padre hace guiños a Kenji en su biografía. Sin duda, lo considera su heredero, y como tal ha sido criado. De él debe haber aprendido las artes de la política y la rapiña. Evidenciado está que no ha podido justificar fehacientemente el dinero con que se pagaron sus estudios y los de sus hermanos. Y él, agradecido y leal —también hay que reconocerlo—, corresponde al padre. Tal es así que no dice ni pío cuando de extraditar a los hermanos ladrones de su papá se trata.

Un niño que vivió y creció en Palacio de Gobierno, siempre entre centinelas, siempre mandando, acostumbrando a que accedan a sus banalidades de díscolo adolescente (Montesinos lo llamaba el “muchachito terrible”), pocas veces trabajando para otros (aunque un tiempo era instructor de spinning), viendo que hombres trajeados como Montesinos y su padre eran obedecidos en cuanto capricho tenían, ¿qué futuro puede soñar? En el ADN de este ya maduro y fornido mozalbete, cinturón marrón en karate, está grabada una solo posibilidad: el poder y el mando.

El ‘Cantar del Mío Cid’ nos cuenta que Alfonso VI, ‘el bravo’, rey de León, conspira para matar a su hermano Sancho y hacerse rey supremo de todas las heredades de su padre. Rómulo mató a su hermano Remo y se hizo primer rey de Roma. El rey Hamlet fue muerto por su hermano Claudio para hacerse soberano de Dinamarca. Mufasa, el Rey León, fue asesinado por su hermano Scar para alzarse monarca absoluto de la jungla africana.

No creo que Kenji llegue a tanto, pero sí se hace evidente que el enfrentamiento entre los hermanos Fujimori parece real. Keiko también tiene inscrito en su esquema mental todas las señas de la obsesión por la corona de un reino llamado Perú. Y la historia y los relatos enseñan, señora Keiko. Cuando la corte de zalameros te rodea día y noche, y el trono es lo único que se conoce, el poder es más espeso que la sangre.

* Publicado en Diario Uno el 17.09.2017

One Comment

    • Sergio Muñoz
    • 21 septiembre, 2017
    • Responder

    Y pensar que corremos el riesgo de ser gobernados por éste adefesio.

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