si yo fuera presidente

TAMBIÉN QUIERO SER PRESIDENTE

Contagiado por la efervescencia de la campaña electoral, Gonzalo soñó qué haría si, como los entusiastas participantes en la carrera presidencial —algunos con pura ilusión—, ganara la Presidencia de la República. E hizo su listita:

  • Haría la autopista “Del Pacífico” uniendo Tacna con Tumbes, con tres carriles por lado, circunvalando pueblos y ciudades. Parece inconcebible que en pleno siglo XXI, con éxito económico y desarrollo, el Perú tenga apenas remedos de autopistas en alguna parte del sur, a duras penas entre Playa Jahuay y Barranca, entre Chiclayo y Piura, y alguito más por allí. Cruzar Chincha, hoy, tarda casi una hora.
  • Haría la autopista elevada entre Iquitos-Tarapoto, y por tierra de Tarapoto a Cajamarca-Chiclayo, con un ramal a Trujillo.
  • Construiría una vía férrea al lado de la autopista “Del Pacífico” que acompañe la conectividad multimodal entre Tumbes y Tacna, con una alternativa férrea al transporte aéreo y terrestre, solo que masiva y barata. Con ello todos los mercados se ampliarían relanzándose la economía a velocidades siderales.
  • Haría la autopista entre Lima y Huancayo, con ramal hacia Tarma y San Ramón. Es inconcebible que la capital tenga hacia el este un remedo de autopista de ¡solo 10 kilómetros!, y que sea un suplicio cualquier trasporte, encareciendo y dificultando el abastecimiento de Lima, alejando el mercado limeño a los productores del ande y de la amazonía. Impajaritablemente todos los eneros la Carretera Central quedará bloqueada por los puntuales huaicos de la época de lluvias, como en todos los tiempos.
  • Convertiría la “Marginal de la Selva” en la autopista “Del Oriente” que conecte transversalmente el Perú central, de norte a sur, con conectividad al oeste hacia la autopista “Del Pacífico”.
  • Trasladaría al sur chico la reserva estratégica constituida por la Brigada Blindada acantonada en el Rímac, a espaldas del Palacio de Gobierno, que históricamente solo ha servido para respaldar los golpes de Estado, fortaleciendo al golpista, para instalar una Brigada de Ingeniería y de Rescate con capacidad de movimiento aéreo y terrestre a nivel nacional, apoyando a la ciudadanía ante tanto desastre natural, muchos actualmente irresolubles a solo 40 kilómetros al este de Lima.
  • Crearía la Escuela Nacional de Administración Pública, Enap, como maestría, para especializar a quienes serán funcionarios de nuestra burocracia en cualquiera de sus ramas y ubicaciones, terminando con las improvisaciones, clientelismos, amiguismos y nepotismo que tanto daño hacen a la ciudadanía y al desarrollo nacional.
  • Impulsaría la reforma constitucional para unificar el Sistema Electoral, hoy dividido en tres entes que caminan por su lado, cuando no peleándose entre ellos.
  • Reformaría la Constitución para devolver al sistema democrático peruano el Senado, a despecho del descrédito ciudadano por los congresistas, a fin de adecentar el actual Congreso que, luego de cada proceso electoral, siempre evidencia un nivel peor al anterior.
  • Extirparía de la política a tanto farsante y profesional del populismo-clientelismo, de falsa moral, tránsfugas, travestistas y mitómanos, cínicos de la palabra y campeones del eufemismo y de la hipérbole.
  • Impulsaría un gran acuerdo nacional —como el “Pacto de la Moncloa” o los “Acuerdos de Punto Fijo”— que unan a las fuerzas políticas alrededor de temas básicos de las políticas de Estado en materia de seguridad, defensa, educación, salud y desarrollo, economía, sistema cambiario e inversiones, haciendo que los grandes actores de la política dialoguen sobre aspectos suprapartidistas y metaindividuales al ego político, evitando la permanente guerra fratricida de nuestra historia política en casi 200 años de República y que hace del lema “Firme y Feliz por la Unión” una expresión retórica y vacía de contenido. Infelices, mayoritariamente pobres e históricamente desunidos en partidas de aventureros y caudillos sin verdadero sentimiento nacional.
  • Trasladaría el INPE al Ministerio del Interior, ya que se trata de un tema de seguridad y de cumplimiento forzado de órdenes del Poder Judicial. Su actual ubicación solo lastra al Ministerio de Justicia, le resta rol de consejería jurídica al Ejecutivo y condena al Ministro de Justicia al primer motín en cualquiera de las siempre hacinadas y paupérrimas prisiones, flor de diaria corrupción.
  • Ejecutaría una profunda reforma de la Policía Nacional, refundando sus escuelas de formación, elevando sustancialmente su moral, salario, infraestructura y equipamiento, que provea la necesaria seguridad que hoy no existe, con policías que no hay, policías que dan la espalda al tránsito que deben vigilar, o que conversan o se enamoran entre sí, o chatean o hablan por celular, durmiendo en patrulleros, desguarneciendo a la ciudadanía y contrariando su principal deber.

Por Aníbal Quiroga León

Nota: Tomado de la revista Velaverde, edición 159

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