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Sobre héroes y tumbas: el demócrata Fujimori

“¿Qué fue sino la matanza de la Cantuta? Una “venganza” por el atentado en Tarata donde ninguno de los autores del crimen cayó sino un grupo de estudiantes que por un mal dato de inteligencia, y seguro por tener el corazón a la izquierda, fueron asesinados. ¿Qué fue Barrios Altos? Lo mismo, un contragolpe frente a un atentado que acabó con la vida de un importante mando senderista de la edad de 8 años.”

Por: Alejandro Santistevan

En los últimos días hemos visto dos proyectos de ley que hablan sobre el pasado, dos propuestas para “voltear” la página y lavarle la cara al Fujimorismo. Dentro de la multitud de opiniones, se ha impuesto el sentido común de que los Comandos Chavín de Huantar son “héroes de la democracia” y que Alberto Fujimori merece un trato más “humano” en función de sus méritos como “arquitecto de la democracia peruana”.

Los periódicos se apuran en presentar encuestas que legitimen el “perdón” a Fujimori, “86% de nuestros lectores están a favor de indultar a Fujimori”, titula Peru21. El oficialismo, por su parte, no demora en bajarse los pantalones ante la oposición naranja y hacerle el coro en los halagos al padre de Keiko. De la misma forma, en la votación sobre la declaratoria de heroicidad, todos, salvo los “apestados” de Tierra y Libertad, se alinearon detrás del fujimorismo para impulsar su ley.

Algunos han dicho que está bien que el Frente Amplio no haya caído en el juego que buscaba el fujimorismo de polarizar, dividir entre buenos y malos, terrucos y demócratas. Puede que los motivos de estos coqueteos con el fujimorismo sean de orden práctico y no ideológico, pero le hacen un muy flaco favor a la democracia legitimando la visión que tienen aquellos que piden perdón para Alberto Fujimori y olvidan la activa participación de Montesinos y el SIN en el Operativo Chavín de Huantar.

El fujimorismo es muy hábil manipulando la historia, por eso, hoy creemos que la liberación de unos rehenes y el posterior asesinato de la cúpula del MRTA constituyen un acto “democrático”. Yo me pregunto ¿qué tiene de democrático esto? En qué medida eso aumenta la posibilidad de la gente de participar del gobierno o fortalece un orden deliberativo con información libremente distribuida.  Hay que decirlo fuerte y claro, el riesgo que para la democracia peruana existía en 1997 no era el moribundo MRTA sino el régimen dictatorial de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos.

Tenemos una memoria histórica dominada hoy por una formula mítica: Fujimori derrotó al terrorismo por lo tanto sus culpas se expían. En una lógica propia de la guerra fría que ha permeado en nuestra memoria, la oposición al marxismo es automáticamente democracia, sin importar sus verdaderos efectos.  Es obvio que Fujimori no debe salir de prisión por sus crímenes, sería ocioso seguir argumentando por ahí. Quiero dedicar los últimos párrafos del artículo para discutir la idea de que Fujimori fue un exitoso comandante frente al terrorismo.

El fujimorismo es el primero en recordar la época de violencia porque salen bien parados como artífices de la victoria. En verdad, es un caso interesante de uso público de la historia que se construye en radical oposición a la evidencia de los hechos. Por ejemplo, el Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) fueron quienes, tras años de trabajo de inteligencia que empezó con Mantilla y García y sin realizar un solo asesinato, capturaron al camarada Gonzalo. ¿Qué hizo Fujimori por ellos? Casi nada, como cuentan sendos documentales y testimonios, más que querer robarse el crédito de la captura. Eso hacía la policía sin plata, sin apoyo y sin respaldo del Presidente.

¿Qué sí hizo Fujimori? Dio el visto bueno para que su Rasputín, Vladimiro Montesinos, se apropie del Servicio de Inteligencia y desde ahí conforme un grupo paramilitar llamado “Colina”. Es muy, pero muy común, el razonamiento que sigue: “A Fujimori no se le puede culpar por las matanzas porque era algo necesario para derrotar el terrorismo”. Una somera y superficial revisión de la bibliografía al respecto indica todo lo contrario. Lo que Montesinos y Fujimori llevaron a cabo fue una muy poco eficiente y muy dolorosa estrategia contra-terrorista. Literalmente, como dice el nombre, aterrorizar a los terroristas, la Ley del Talión, ojo por ojo y diente por diente. ¿Qué fue sino la matanza de la Cantuta? Una “venganza” por el atentado en Tarata donde ninguno de los autores del crimen cayó sino un grupo de estudiantes que por un mal dato de inteligencia, y seguro por tener el corazón a la izquierda, fueron asesinados.  ¿Qué fue Barrios Altos? Lo mismo, un contragolpe frente a un atentado que acabó con la vida de un importante mando senderista de la edad de 8 años.

No quiero hacer una apreciación moral sobre el indulto a Fujimori, quiero ir a la lógica histórica que lo sostiene para algunos: Fujimori aportó muy poco a la lucha contra el terrorismo y más bien la tiñó de muerte y venganza. El 22 de abril de 1997 más de 100 hombres ingresaron a la embajada de Japón a rescatar a los rehenes que tenía el MRTA cautivos; Fujimori ensució el trabajo de los comandos permitiendo la presencia de  paramilitares que asesinaron a los emerretistas rendidos y luego tuvo la mezquindad de atribuirse la autoría de la operación al decir que “soñó” la idea de los túneles. Más allá de todo, Fujimori ha sido un excelente manipulador de la historia pero un pésimo demócrata y un terrible estratega militar; si hay que sacarlo de la cárcel, que sea para ponerlo en una tumba muy lejos de la cripta de los héroes.

Más información:

http://larepublica.pe/24-05-2011/nelson-manrique-fujimori-castigo-los-verdaderos-captores-de-abimael-guzman

http://altavoz.pe/2017/04/05/23055/exagente-de-gein-captura-de-abimael-guzman-no-fue-consecuencia-de-5-de-abril-sino-de-inteligencia

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