aldo mariategui

SEGUIMOS ESPERANDO EL OCTAVO ENSAYO

“Mariátegui pretende contarnos en tono periodístico lo que, a su modo de ver, constituye la historia de la izquierda en el Perú. El relato, empero, es inconsistente y se pierde en detalles minúsculos que parece han sido sacados, a su vez, de otras notas periodísticas antes que de una investigación sesuda de fuentes directas”…

Por Heber Joel Campos Bernal

El fin de semana pasado fui a la Feria del libro Ricardo Palma y compré el flamante primer libro de Aldo Mariategui intitulado El octavo ensayo, en alusión al libro de su famoso y brillante abuelo, José Carlos Mariategui: Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana.

El libro empieza bien. Tiene un lenguaje llano y promete ser un panfleto explosivo y revelador. De hecho, la introducción del libro plantea una suerte de tópicos que parece estructurarán su desarrollo. Grande fue mi decepción cuando a partir del primer capítulo y hasta el tercero lo que encontré fue una cantidad de datos inconexos (chismes y prejuicios) y con muchas erratas que hacían que por momentos uno perdiera el hilo de lo que leía. No hay ni una idea fuerza, ni un análisis exhaustivo de ninguno de los puntos que, insisto, al principio el libro prometía tratar.

Mariátegui pretende contarnos en tono periodístico lo que, a su modo de ver, constituye la historia de la izquierda en el Perú. El relato, empero, es inconsistente y se pierde en detalles minúsculos que parece han sido sacados, a su vez, de otras notas periodísticas antes que de una investigación sesuda de fuentes directas. El autor nos cuenta, por ejemplo, que su abuelo era un comunista confeso y no, como algunos piensan, un socialista moderado; o que el velasquismo le hizo mucho daño al Perú al implementar una serie de medidas económicas torpes y sin asidero práctico.

La última parte del texto (a mi juicio la más floja, de un libro ya de por sí muy flojo) consiste en caricaturizar a la izquierda como un grupo de políticos radicales comprometidos con viejas ideas y que, en el mejor de los casos, optaron por la política electoral por no tener la valentía suficiente para optar por la lucha armada.

El libro no tiene conclusiones y parece no pretender, tampoco, tenerlas. Es apenas un resumen apretado de una serie de estampas históricas cuyo hilo conductor es denostar de la izquierda y culparla de todos los males del Perú. Aunque, claro, sin citar una sola fuente bibliográfica o directa, y sin dialogar con quienes, eventualmente, podrían tener una opinión diferente.

Una pena la verdad, porque, con independencia de las posiciones ideológicas de sus autores, en el Perú necesitamos reflexionar con sentido crítico sobre nuestro pasado. Hay tantos vacíos y tantas ausencias que preguntarnos qué fue lo que paso en nuestro país y por qué paso no es solo una necesidad académica, sino un imperativo moral. Ojalá el libro de Mariátegui hubiera sido una versión adaptada al Perú de las deliciosas diatribas contra la izquierda de un Jean-François Revel en Francia o de las temibles críticas contra la derecha de un Atilio Borón en Argentina. Pero no, el libro de Mariátegui es malo, sin atenuantes.

Podría apostar que ese mismo libro, con esos mismos datos y con ese mismo nivel de análisis (¿?), podría ser escrito en un par de semanas y con una prosa mejor lograda.

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