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“SE ROMPIÓ TODO”

Este escueto mensaje me lo hizo llegar el viernes por la noche un joven activista de izquierda, al que aprecio muchísimo y en el cuál confío. Él, militante de uno de los “partidos de la izquierda” peruana, había confiado hasta ese momento en la probabilidad de un acuerdo que “salvara la unidad”. Pareciera que hoy, en eso, no cree más. Algo así ocurrirá con los jóvenes, los que más esperanza encendieron en esta frágil contienda.

Por Gustavo Espinoza Montesinos

No es difícil entender lo que ha ocurrido. Si alguien quiere ir al cine a ver una película, compra su entrada, y está listo. Y si desea espectar un partido de fútbol, hace lo propio y tiene derecho a entrar al estadio y aplaudir o silbar a los que juegan. Pero si no compra su entrada para uno u otro espectáculo, no tiene derecho a nada.

Si Ud., amigo lector, desea participar en un proceso electoral, tener candidatos propios y gozar aún más de la posibilidad de ser ungido en un cargo de elección popular, tiene que cumplir un requisito mínimo: inscribirse en el registro electoral. Si no lo hace, no tendrá derecho a nada.

¿Es una tarea inabordable esa? Los partidos que integraron en los años 80 Izquierda Unida tenían todos registro electoral vigente. Sus direcciones se dieron el trabajo de programar esa tarea desde 1977, recoger el número de firmas necesarias, y registrar su colectivo partidista. Tenían derecho, entonces, a participar en elecciones, promover candidaturas, y hasta ungir a sus dirigentes como parlamentarios.

Incluso el PCP, en ese entonces, tuvo la necesidad y el coraje de defender su derecho a la legalidad en un evento previsto por el Jurado Nacional de Elecciones, toda vez que los macartistas de siempre se empeñaron en impedir el registro legal del PC por ser “una organización internacional incompatible con la vida democrática”. Luego de un debate político de primer nivel, el PC arrancó, por la fuerza de sus argumentos y su histórica tradición de lucha, el reconocimiento electoral pertinente.

Hoy, para los comicios del 2016, ninguno de los “partidos de la Izquierda” tenía inscripción electoral. ¿Se las denegaron? No. Nunca la pidieron. Era mucho trabajo conseguir las firmas, un “esfuerzo innecesario” ¿Para qué? Después de todo, sin trabajar podemos acercarnos a alguien que tenga registro, le ofrecemos nuestro apoyo y logramos que “nos lleve”. Es más fácil. Para viabilizar su atención, conformaron un colectivo: “Únete”.

Y entonces, como en todos los procesos electorales peruanos de siglo XXI, se pusieron al acecho para ver quién podría “llevarlos”. Si antes se “arrimaron” a la UPP o al Partido Nacionalista, esta vez optaron por Yehude Simon y su Partido Humanista, al que consideraron “de izquierda” para justificar su alianza.

Cuando comenzaron a cobrar por su adhesión, y le pidieron más de lo que éste estaba dispuesto a dar, el dueño de la pelota los puso en la calle y los invitó a irse. En otras palabras, les quitó la escalera cuando ellos estaban apenas prendidos de la brocha.

Golpeados entonces, se acercaron a los Fonavistas, unidos desde hace varios años en la lucha por la recuperación de los fondos que depositaran en las cuentas del Fondo de la Vivienda —el FONAVI— que nunca los benefició. .

También los fonavistas habían previsto el tema y, cautelosamente, optaron por trabajar su participación. Recolectaron firmas e inscribieron su partido con el nombre de “Democracia Directa”.

Los migrantes de izquierda se acercaron a ellos y les pidieron cobijo. Los fonavistas, generosos, aceptaron incluso variar el nombre de su colectivo, y lo denominaron “Unidad Democrática” para dar la impresión de una “amplitud” que, aunque forzada, estaba en ciernes.

Ocurrió que Unidad Democrática resolvió convocar a sus pre-candidatos y hacer elecciones previas. Los partidos estuvieron de acuerdo y alzaron una sola candidatura: la de un técnico respetable de valiosa trayectoria. Pero él no obtuvo la votación más alta en los comicios. La elección fue ganada por los fonavistas y su líder, Andrés Alcántara.

Eso era previsible, no obstante incluso que cierta prensa adulona pretendió circunscribir la disputa a solo dos candidatos: García y Tejada. Como ganó un tercero, entonces dijeron “¡fraude!”.

El grito precipitó la crisis y entonces, ahora, todo se rompió. Se rompió Unidad Democrática, se rompió ÚNETE. Y se hizo añicos la posibilidad de juntar a todos en una sola propuesta. Si no ocurre un milagro, competirán por lo menos 5 candidatos “de izquierda” en los comicios de abril: Guerra García, estará por el colectivo Humanista; Verónika Mendoza, por Tierra y Libertad; Andrés Alcántara, por Unidad Democrática o Democracia Directa; Vladimir Cerrón, por Perú Libre; Javier Velasco —que también “se abrió” por su cuenta y anunció su propia candidatura—; y hasta, quizá, Gonzalo García  -un sexto- aunque por su trayectoria unitaria quizá no acepte sumar su nombre a esa inusitada diáspora.

La posibilidad electoral de la izquierda, así, se hará humo.

Muchos dijeron que para hacer la unidad era indispensable un programa. No era difícil hacerlo. No hay muchas diferencias “ideológicas y políticas” entre uno y otro de los conglomerados en pugna. El tema no es ni ideológico, ni político. Es electoral. ¿Resulta tan difícil entenderlo?

Los que no tuvimos vela en este entierro porque —felizmente— no estamos involucrados en la pugna; planteamos desde un inicio la Unidad de Todos en un solo candidato. Solo eso podría constituir una garantía —aunque lejana— de victoria. Pero los afanes personales de corte electoral pudieron, otra vez, más que los valores y los principios. Las masas de la izquierda fueron nuevamente defraudadas. En su momento, ellas serán jueces de lo ocurrido.

Los pueblos tienen experiencia política. Han vivido muchos procesos y han sufrido muchas decepciones, aunque han alcanzado también ciertos avances. Eso les ha permitido macerar un determinado nivel de conciencia. Él, sin embargo, no siempre resulta suficiente.

Bajo esa conciencia, muchas veces aletargada o adormilada, subyace, sin embargo, un instinto de clase. Por lo general, este aflora en los momentos más difíciles, cuando pareciera que ya no hay ninguna salida.

En política no hay “situaciones sin salida”. El instinto de los pueblos encuentra una, siempre. Y esta vez, no será diferente.

Aún es remotamente posible que los que jugaron con mayor responsabilidad ante el proceso electoral y se inscribieron para tener derecho a proponer candidatos y tentar puestos de elección popular finalmente adquieran una súbita noción de racionalidad y se unan. Sobre la tierra, los milagros también existen.

Pero incluso en el extremo de que eso no ocurra, las masas se irán dando cuenta de quién de los candidatos que no integran el “quinteto de la muerte”, alza en la estima ciudadana y se proyecta con alguna elemental posibilidad de pasar a la segunda ronda y aun vencer a Keiko, que hasta hoy aparece como la Yegua de Troya, imbatible.

Por lo pronto, si algo hay que hacer es tomar conciencia de lo que recientemente dijo responsablemente el núcleo ‘Democracia, Independencia y Soberanía’:

“Hasta el 12 de diciembre es posible “construir alianzas políticas” y hay un poco más de tiempo para definir candidaturas presidenciales. No hay que tirar la esponja, entonces ni caer en el pesimismo. Hay que confiar, finalmente, en el instituto de clase de nuestro pueblo, que no dará su apoyo a las mafias que hoy pululan en su entorno como aves de rapiña en busca de cuerpos indefensos. Si la Unidad del Pueblo siempre es esencial, hoy puede decirse que constituye el primer imperativo de nuestra historia”.

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