Rosa Cabanillas racista en Tottus

RACISMO EN EL SUPERMERCADO

“¿Cuál es la responsabilidad de los supermercados frente a un cliente que comete una agresión racista? La discriminación es un delito, según dispone el artículo 323 del Código Penal y el empleo de violencia constituye un agravante. Por eso, los supermercados deberían actuar como harían frente a cualquier otro delito que se cometiera en sus instalaciones. El personal de seguridad debe inmediato llamar al fiscal y a la Policía para que el agresor no se pueda retirar y tanto los testigos como los agraviados puedan dar sus declaraciones. Deben también consignar a las autoridades las filmaciones de las cámaras de seguridad que permitan esclarecer los hechos”. 

Por Wilfredo Ardito Vega

-No digas nada. Tranquilo –me dijo un amigo al verme desencajado.

Me encontraba en el supermercado Plaza Vea que se encontraba en la zona de Javier Prado en Magdalena (ahora es Vivanda). Al momento de pagar en la caja, dos individuos, blancos, calvos y gorditos habían querido colarse y cuando seguí en mi lugar soltaron una o dos frases racistas. No recuerdo lo que dijeron, porque esto ocurrió hace más de quince años, pero sí recuerdo la gran indignación que sentí cuando una compra intrascendente se transformó en una ocasión de maltrato.

Quince años después, me pregunto por qué no reaccioné de otra manera, por qué no les encaré diciéndoles lo que eran, un par de racistas que se creían con derecho a avasallar a los demás. Quizás los vi tan violentos y seguros de sí mismos que me intimidaron y no sabía cuál iba a ser su comportamiento. Quizás estaba paralizado por la afrenta. Quizás no quería malograrme el día o quizás pensaba que nadie me apoyaría en una discusión. Acaso ellos asumían que “si pasaba algo”, contarían con el apoyo de las cajeras y los vigilantes porque ellos eran “gente decente” y yo seguramente era un cholo que venía de otro barrio. O acaso hubieran negado todo, diciendo que hablaban de otras personas.

Con el tiempo, comprobé que el temor a que se produjera una situación violenta inmanejable no era infundado, debido a los sucesivos incidentes que se han producido en supermercados limeños.

El domingo pasado la profesora Rosa Cabanillas agredió a un bebé en el Tottus del Jockey Plaza, generando la reacción de sus familiares, a lo que a su vez ella replicó con insultos racistas. Otros clientes intervinieron para separar a los involucrados y a Cabanillas le lanzaron una expresión que hace unos años hubiera sido inusual:

-¡Racista! ¡Usted es una racista!

En julio del año pasado, una mujer comenzó a lanzar insultos racistas contra el personal del supermercado Metro de la calle Shell, porque no encontraba una caja disponible. Ella inclusive agredió a un efectivo policial y se marchó de lo más campante.

En diciembre, Suzette Trucios lanzó insultos similares contra un vigilante de Wong y el 31 de marzo de este año, otras dos mujeres, madre e hija, agredieron a una trabajadora de Tottus de La Fontana (ver nota aparte los detalles).

En ninguno de estos casos, los supermercados tomaron alguna acción para defender a su propio personal. No denunciaron a las agresoras y siquiera les tomaron fotos para señalar que no se les permitiría el ingreso nuevamente. Es más, en el caso de La Fontana, las dos mujeres lograron que el supermercado despidiera a la trabajadora que “les había faltado el respeto”.

Son casos similares de violencia en espacios públicos similares al de la mujer que abofeteó a una vendedora de Claro en Plaza San Miguel o el de Silvana Buscaglia en el aeropuerto. Este último ha sido el único caso donde la persona racista ha sido sancionada porque el agredido era un policía.

En mi opinión, los supermercados son frecuentes escenarios de incidentes racistas, porque en los últimos años confluyen en ellos peruanos muy diferentes. Se han extendido a muchos lugares de Lima y como resultado, las personas de rasgos andinos han dejado de sentirse inhibidas frente a estos establecimientos. Ahora, para las personas más prepotentes y racistas puede ser una experiencia muy difícil alternar con quienes desprecian.

En el supermercado, además, hay reglas “iguales para todos” como respetar el orden de llegada o mostrar el ticket al vigilante. No funciona allí la forma prepotente de comprar “a la peruana”, tan frecuente en las bodegas, donde el que grita más puede comprar primero e irse como si no hubiera nadie más. Para las personas racistas, este trato igualitario y sin privilegios es casi una afrenta.

¿Cuál es la responsabilidad de los supermercados frente a un cliente que comete una agresión racista? La discriminación es un delito, según dispone el artículo 323 del Código Penal y el empleo de violencia constituye un agravante. Por eso, los supermercados deberían actuar como harían frente a cualquier otro delito que se cometiera en sus instalaciones. El personal de seguridad debe inmediato llamar al fiscal y a la Policía para que el agresor no se pueda retirar y tanto los testigos como los agraviados puedan dar sus declaraciones. Deben también consignar a las autoridades las filmaciones de las cámaras de seguridad que permitan esclarecer los hechos.

Todas estas obligaciones deberían estar precisadas en las Ordenanzas contra la discriminación que han sido pensadas más frente a las prácticas discriminatorias de los establecimientos, pero no de los clientes.

Los propios supermercados deberían tener letreros advirtiendo que no se tolerarán actos discriminatorios hacia los empleados o hacia otros clientes. Lamentablemente, esto es necesario, porque son espacios donde coinciden muchas personas y en el Perú eso es señal de que habrá mucho racismo, muchas veces latente, pero a veces explícito y violento.

Nota: Foto de la agresora racista Rosa Cabanillas (a la izquierda), y de ambos agredidos, madre y bebé (a la derecha).

racista y víctima

Racismo en Tottus 1.   Testimonio de Edgar Villegas sobre la agresión a la trabajadora

“El jueves 31 de marzo del 2016 mi esposa y yo fuimos testigos de un acto de racismo y clasismo terribles a la entrada del Tottus de la Molina (el que se encuentra por la USIL y por el Colegio Raimondi).

Una mujer de sesenta años, que imagino se consideraba muy de élite y pituca, se puso de discutir de forma muy agresiva con una de las trabajadoras de ahí (el trabajo de la chica era pedir los tickets a los clientes que salían, imagino para prevenir robos de mercadería). Ella sólo estaba haciendo su trabajo como cualquier trabajador, pero cuando le requirió a la mujer su boleta de compra, ésta se puso de gritarle, aduciendo que la chica le había faltado el respeto. Eso es mentira, yo vi a la mujer antes de llegar a la salida, y ya estaba por lo que parece furiosa y enojada antes, y sólo se descargó con la señorita. Simplemente fui testigo de como le armó un escándalo para descargarse.

A la hora que había empezado a gritarle y faltarle el respeto a la chica, vino la hija de ésta también alterada y empezó también a colaborar con su madre, armando el escándalo y la hija sacó un celular para filmar a la joven. La vendedora levantó la mano pero no en forma agresiva sólo para hacer el gesto que no la filmaran, pero las dos mujeres empezaron a gritar que les había querido pegar. La muchacha a esto se desdecía diciéndoles que sólo estaba haciendo su trabajo, y que ello no era así. La mujer dejó a la hija increpándole a la muchacha, después de decirle “ahora te fregaste, porque voy a hablar con el gerente, ya vas a ver”. El día siguiente fui, y me enteré que a la señorita la habían despedido.

Yo estuve ahí, yo ví a las dos mujeres “cargando” despectivamente contra la chica, y abusando del concepto de “buen trato al cliente” para tratar de hacer una pataleta, y forzar a la tienda a despedir a la señorita, que sólo hacía su labor encomendada por la tienda. Yo les dije que no filmaran, y que la tienda también tiene las imágenes que prueban su conducta, y la hija de la mujer me dijo: ”No te metas”.

Me causa mucha rabia ver a dos mujeres tan prepotentes, que parecieran acostumbradas a mandar y cholear a medio mundo y que se salgan así de fácil con la suya, porque extorsionan al administrador con hacerle una pataleta y quejarse en las redes sociales para que las vea rajando de Tottus todo su “té de tías”. Y pues claro ¿no? con toda esa actuación, griterío y “escandalete”, pues al administrador seguro “arrugó”, y la pita se rompe por el lado más débil, en otras palabras: la chica paga.

Lo que vi ayer me hizo recordar a la mujer que empujó a los vigilantes en Metro, la que hizo un escándalo en Wong, la que le dio un cachetada a la chica de Claro ¿Quién protege a los vendedores de estas personas abusivas, prepotentes que creen que el Perú es suyo?

¡Qué frustración ver la actitud de Tottus, que en lugar buscar una salida salomónica y ver lo que hay detrás de este incidente, favorece a una histérica y no investiga la verdad de los hechos!”

Edgar Villegas Vásquez DNI 07500475

 

Racismo en Tottus 2.   Testimonio de Omar Ortiz sobre la agresión al bebé

“Estimadas y estimados, quiero manifestarme en torno a los eventos ocurridos el domingo pasado en Tottus del Jockey Plaza, para ello debo narrar los hechos tal y como yo los presencié.

Caminaba cerca al patio de comida en Tottus cuando oí una discusión acalorada proveniente de una de las mesas. Conforme me acerqué, noté que una señora con un bebé en brazos estaba en la mesa donde otra señora estaba ya sentada sosteniendo sus bolsas de compras. Ellas dos parecían intercambiar palabras que sinceramente no alcancé a escuchar, pero lo que pasó después sí lo pude ver claramente. La señora que tenía las bolsas, en un arranque de cólera, arrojó con fuerza una bolsa (con cosas dentro) de un extremo a otro de la mesa impactando en el bebé y en la señora que lo sostenía en brazos.  En ese momento estalló el caos.  Familiares del bebé se acercaron enfurecidos (como creo que cualquier padre o madre estaría al presenciar una agresión a su bebé) a la agresora y a su madre.  Ellas lanzaron comentarios racistas al por mayor y se inició lo que fue un amago de pelea, digo un amago porque pudo ser mucho peor. Los testigos (incluyéndome) nos metimos en el medio y las separamos mientras el personal de Tottus Perú brillaba por su ausencia.

Después que hiciéramos el trabajo de personal de seguridad de Tottus, finalmente aparecieron trabajadores de la empresa uniformados, pero solo uno se acercó (el que se ve en el video vestido de verde), el resto miraba a lo lejos entre la multitud como si de un circo se tratara.

Aproximadamente en ese momento es que inicia el video que ha circulado por los medios donde pueden ver que le reclamamos a la mujer por su agresión física al bebé y por su agresión verbal racista a toda la familia del mismo.

La mujer que agredió al bebé fue identificada como Rosa Cabanillas. Hoy he leído que ha salido a hacer su descargo y, junto a su madre, ha contado su versión de los hechos. En su versión miente descaradamente al decir que la señora con el bebé en brazos hizo chocar al bebé con la bolsa para fingir que lo había golpeado. Esto es falso. Lo sé porque lo vi. En su versión afirma que fue agredida por familiares del bebé. Esto es verdadero. Como expliqué en este texto, los familiares del bebé se abalanzaron enfurecidos sobre ella y su madre.

Para cuando las separamos Rosa Cabanillas tenía una herida en el pómulo que parecía producto un arañazo.  Del hematoma que muestra en la mano no puedo dar fe, pero me imagino que ocurrió durante el forcejeo.  A pesar que ella también sufrió una agresión, fue su agresión al bebé la que desencadenó todo.  No pienso que una cosa justifique la otra, pero sí pienso que hay un contexto en el cual podemos esperar que alguien tenga el juicio nublado es cuando agreden a sus hijos o hijas, más aún cuando se trata de un bebé.

Lejos de aceptar su responsabilidad y salir a pedir disculpas, Rosa Cabanillas se pone a la defensiva y afirma no tener culpa alguna. Esto ocurre porque el problema de fondo es más grande que esta noticia. El problema de fondo es que hay gente que se cree superior a otra, sea por raza, por género, por nacionalidad o por lo que sea. El problema de fondo es la discriminación. Esa discriminación camina entre nosotros cotidianamente y no se oculta, por el contrario, es descarada como Rosa Cabanillas y alza la voz con insultos racistas, sexistas, clasistas, etc.

Nunca más nos quedemos callados al ser testigos de algo así, alcemos la voz de protesta porque si no lo hacemos nosotros nadie más lo hará.   Ahora creo que lo que toca, más que discutir las distintas versiones, es remitirse a la evidencia. Empresas como Tottus tienen cámaras de seguridad por toda la tienda, lo sucedido tiene que haber sido registrado por alguna de ellas. Que muestren los videos para que de una vez se vea lo que ocurrió ese día. ¿O acaso es que no quieren mostrar el pésimo manejo de la situación que tuvieron? Nunca se acercaron a ver si el bebé estaba bien, a pesar que dijimos que este fue agredido. Una agresión a un menor ocurrió en su tienda y ellos lo ocultaron ¿Habrían hecho lo mismo si de otro cliente se tratara? ¿Un cliente más parecido a los estereotipos que vemos en la mayoría de publicidad de esa y otras tantas empresas? Lo dudo.”

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