nelson marroquin sacerdote

RACISMO EN EL BAUTIZO

La semana pasada un noticiero arequipeño emitió imágenes que generaron fuerte conmoción al mostrar que durante un bautizo en la parroquia de Chapi Chico, un sacerdote de avanzada edad declara exasperado:

-¡Estos serranos no entienden nada!

Realizadas algunas averiguaciones el sacerdote ha sido identificado como Nelson Marroquín y el incidente se habría producido en el mes de diciembre. Las víctimas del exabrupto habrían sido algunos fotógrafos o camarógrafos. De hecho, en varios matrimonios y bautizos he visto cómo los fotógrafos, en su afán por conseguir la mejor imagen, pueden perturbar la ceremonia, sin que nada de esto pueda justificar un insulto racista.

Cuando vi el rostro indignado de Nelson Marroquín, recordé el bautizo que presencié por casualidad en Ayacucho en octubre pasado. Allí, el altivo sacerdote se dirigía a los asistentes como si fueran una sarta de pecadores permanentes. No había en su actitud arrogante nada parecido a los sacerdotes que suelo ver en las parroquias limeñas, que suelen hacer bromas, contar anécdotas y, en general, tratar cordialmente al público. El oficiante causaba una atmósfera de tensión, al punto que la candidata a madrina desertó en plena misa y las únicas personas que se atrevieron a comulgar fueron los limeños que circunstancialmente estaban en la iglesia.

Mientras normalmente entre los misioneros extranjeros hay una actitud de cercanía hacia la población, en algunos clérigos peruanos subsiste una visión sumamente despectiva, y no ocultan que perciben a los feligreses como inferiores por su grado de instrucción o sus costumbres. Un amigo que fue seminarista me comenta:

-Adentro era un espejo de la sociedad.  Se veían los mismos prejuicios racistas y claseistas de afuera.

Según él cuenta, inclusive dentro de la Facultad de Teología, había seminaristas que buscaban hacerse amigos de los sodálites, porque eran blancos y tenían más dinero.

En realidad, si determinados prejuicios no son trabajados, entonces es muy probable que subsistan entre religiosos, profesionales o líderes políticos, aunque normalmente no hay cámaras cuando se sueltan expresiones racistas, como le pasó a Marroquín.

De otro lado, muchas personas han reaccionado irritadas porque el sacerdote también tiene marcados rasgos andinos y no debería entonces calificar como “serranos” a los fotógrafos.  El propio arzobispo de Arequipa, Javier Del Río, después de condenar los hechos y decir que “hieren a la iglesia”, añadió que Marroquín no era “gringo para ser racista”.  Con esta frase parecería que se cree que el racismo es un “derecho” de los blancos o que hasta sería natural que ellos fueran racistas.

Como hemos señalado en repetidas oportunidades, en el Perú el racismo suele expresarse como autorracismo: es ejercido por las propias personas de rasgos andinos o afroperuanos hacia quienes se parecen a ellos, pero con quienes se puede establecer algún tipo de supuesta superioridad. En este caso, suponemos, que la superioridad se basaba en ser sacerdote y, acaso, que los fotógrafos eran de rasgos más andinos, probablemente puneños.

A esto se añade que la gran mayoría de habitantes de la ciudad de Arequipa son serranos, independientemente de sus facciones o su apellido, porque Arequipa es una ciudad de la sierra.  Sin embargo, muchos arequipeños prefieren negarlo, porque “serrano” es más que un tema geográfico, es una forma de menospreciar al otro por sus rasgos físicos, su falta de educación, sus malos modales.  La creencia que el serrano “no entiende nada”, tiene que ver con el estereotipo de que es terco y que muchas veces no entiende castellano.

Ahora bien, resulta interesante la difusión del video, porque esto genera una sanción social para el responsable.   Una difusión similar ha tenido hace poco otro incidente que ocurrió en la pizzería San Ceferino, en San Isidro, donde el propietario gritó “serrano” a uno de los cocineros.

En ambos casos, las redes sociales se llenan de insultos a los racistas, pero el problema es la tendencia de los peruanos a ver el racismo en “el otro” y no comprender que está dentro de nosotros.  Un estallido racista no se basa en una antipatía personal y súbita hacia quien tiene determinados rasgos, sino que refleja un problema social. Debe ser sancionado debidamente, pero no aislado de un determinado contexto.

El arzobispo de Arequipa ha declarado que Marroquín será sancionado y muchos feligreses han aprovechado el incidente para quejarse por sus malas actitudes. Sin embargo, los sucesos deberían ayudar a que la Iglesia Católica tuviera mayor consciencia sobre cómo evitar el racismo y el clasismo dentro de sus propios integrantes. Y esto no es solamente tarea de la Iglesia, sino de toda la sociedad.

Por Wilfredo Ardito Vega

Nota: el video puede verse acá:  http://peru21.pe/actualidad/arequipa-sacerdote-grabado-exclamando-expresiones-racistas-2246731

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