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¡QUE MALA LECHE!

“Nos hemos dado cuenta que en esta jungla llamada libre mercado el consumidor es la última rueda del coche tanto para el proveedor como para las instituciones protectoras de sus derechos —léase INDECOPI, ASPEC y todas las abanderadas— que sólo salen en los medios cuando ya el consumidor fue “zarandeando” por el engaño. Nos hemos tenido que enterar por la autoridad panameña que lo que tomamos no era lo que realmente creíamos que tomábamos y es ahí donde estas entidades ahora salen a descubrir —recién— que hemos sido groseramente timados…”

Por: María Cristina Chiabra Valera *

Todos conocemos lo que ha pasado en el ahora famoso caso de la leche envasada. “Pura Vida” no tenía nada de vida para el consumidor y si sentíamos que tomábamos leche directamente de la vaca (salvo que no era fresca sino evaporada y tenías que agregarle sólo agua) hemos sido vilmente engañados.

Nos hemos dado cuenta que en esta jungla llamada libre mercado el consumidor es la última rueda del coche tanto para el proveedor como para las instituciones protectoras de sus derechos —léase INDECOPI, ASPEC y todas las abanderadas— que sólo salen en los medios cuando ya el consumidor fue “zarandeando” por el engaño. Nos hemos tenido que enterar por la autoridad panameña que lo que tomamos no era lo que realmente creíamos que tomábamos y es ahí donde estas entidades ahora salen a descubrir —recién— que hemos sido groseramente timados, haciendo exposiciones en cuanto medio lo permite, incluidas sendas presentaciones en el Congreso y conferencias de prensa, quitándole la venda de los ojos al consumidor de cuál es leche de vaca y cuál es mitad leche con agregados vegetales y saborizantes.

La pregunta es: ¿Por qué recién? ¿Es que nuestras autoridades no son lo suficientemente aptas para descubrirlo, y entonces debemos esperar  que una entidad extranjera lo haga? El artículo 13 Código de Protección y Defensa del Consumidor establece de manera clara la protección al consumidor frente a asimetría de información en la que se encuentra y a la publicidad falsa o engañosa que induzca a error al consumidor.

El tema es que nos dicen que seamos consumidores “diligentes” o “razonables” antes de adquirir un producto.  Pero, ¿hasta dónde llega nuestra diligencia? Nos dicen que debemos leer el rotulado —diferente a la etiqueta— pero lo que no saben es que el rótulo indica los componentes tanto como palabras desconocidas, códigos que cualquier consumidor razonable no entiende, salvo que nos convirtiéramos en expertos nutricionistas y demoremos horas en el supermercado descifrándolos.

Con lo sucedido, el consumidor va por el camino de convertirse no en un consumidor diligente, o razonable, sino en un consumidor paranoico, donde al momento de adquirir un producto pensará si es cierto lo que este exhibe y, si no en quién, deberá defenderlos ante algún engaño.

La conclusión de todo esto es que la única leche verdadera es la leche materna, aquella imposible de engañar a sus consumidores.

* Abogada (PUCP). Estudios en Maestría de Propiedad Intelectual y Libre Competencia (PUCP).

[Columna tomada de diario Exitosa]

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