PPK-vs-Keiko

PPK O NO PPK. ESE NO ES EL DILEMA

“Los antecedentes son terribles: entre los años 1995 y el 2000, Fujimori y el Congreso eliminaron todo equilibrio de poderes. Apenas cuatro meses después de asumir sus escaños, ya los congresistas fujimoristas habían intervenido el Poder Judicial mediante la Ley 26546 que dispuso el nombramiento de una Comisión Ejecutiva. Al año siguiente, intervinieron en el Ministerio Público mediante la Ley 26623 y tiempo después destituyeron a tres magistrados del Tribunal Constitucional y cambiaron la Constitución para permitir una nueva postulación de Fujimori”.

Por Wilfredo Ardito Vega

A mí y a muchas personas, la sola idea de votar por Pedro Pablo Kuczynski el 5 de junio nos produce una gran inquietud.

Es difícil considerarlo un defensor incondicional de la democracia si hace cinco años, en la segunda vuelta del 2011, exhortó a la población a votar por Keiko Fujimori. Es difícil también considerarlo comprometido con los más pobres, si hace muy poco menospreciaba su forma de pensar, al decir públicamente que a quienes viven en zonas altas, la falta de oxígeno le había afectado el cerebro.

Me es aún más difícil considerar alguna empatía con aquellos partidarios de Kuczynski que hasta hace diez días se referían a quienes votaban por Verónika Mendoza como terrucos o comunistas. De hecho, hace cinco años cuando Kuczinsky no pasó a la  segunda vuelta, varios participantes suyos reaccionaron con todo tipo de insultos contra la población andina.

Sin embargo, pese a todo lo señalado en los anteriores párrafos, el mismo día que se anunció la segunda vuelta, llegué a la conclusión que era necesario votar por Kuczynski, y lo confirmé cuando la cifra de congresistas fujimoristas electos se iba incrementando día a día hasta superar con creces el 50%.

Estoy convencido de que la amenaza que representa el fujimorismo para la sociedad peruana es mucho mayor que la que puede generar Kuczynski. Mi fuerte preocupación se basa en que el fujimorismo es una posición autoritaria que busca sabotear la misma institucionalidad democrática que le permite llegar al poder. Los antecedentes son terribles: entre los años 1995 y el 2000, Fujimori y el Congreso eliminaron todo equilibrio de poderes. Apenas cuatro meses después de asumir sus escaños, ya los congresistas fujimoristas habían intervenido el Poder Judicial mediante la Ley 26546 que dispuso el nombramiento de una Comisión Ejecutiva. Al año siguiente, intervinieron en el Ministerio Público mediante la Ley 26623 y tiempo después destituyeron a tres magistrados del Tribunal Constitucional y cambiaron la Constitución para permitir una nueva postulación de Fujimori.

El resto del panorama de esos años es historia conocida: las esterilizaciones forzadas; los centenares de inocentes condenados por terrorismo, empezando por los campesinos condenados por defender el Bosque de San Ignacio contra una empresa maderera; la intervención en los medios de comunicación; las cortinas de humo; la permanente hostilización a la oposición a través de la “prensa chicha” y las redes de clientelaje que mantenían a muchas personas dependientes de la ayuda que recibían.

Si Keiko Fujimori asume el poder, la situación será muy peligrosa para los defensores del medio ambiente, las organizaciones sociales o los medios de comunicación independientes. En realidad, no solamente quien tiene una posición política pública estará en peligro: el poder absoluto es sumamente peligroso y aún cualquier individuo que tenga un problema legal con un dirigente fujimorista, desde un inquilino o un acreedor, puede sufrir debido al control que el régimen tendrá sobre las instituciones.

Ante este panorama tan inquietante, un serio problema es lo poco entusiasmante que luce la actuación de Kuczynski. Quizás aún no se ha dado cuenta que millones de peruanos en el sur y no solamente allí sienten un fuerte rechazo hacia él, porque lo ven como representante de aquellas élites que nunca se han preocupado por los más necesitados.

Seguramente tampoco se ha dado cuenta que su candidata a Vicepresidenta, Mercedes Araoz, fue una elección tan desatinada como la alianza entre Lourdes Flores y Alan García.  Muchos, indígenas y no indígenas, difícilmente van a olvidar que Araoz fue Ministra de García y llegó a decir que las normas que permitían la disolución de las comunidades campesinas y nativas eran imprescindibles para la vigencia del TLC con Estados Unidos. Al final, las normas fueron derogadas, después de más de treinta muertos y al TLC no le ocurrió nada. Es más, mientras la Ministra de la Mujer, Carmen Vildoso, renunció, Araoz siguió de lo más campante, mostrando que la vida de los awajún le importaba muy poco. Este año, por cruel paradoja del destino, la segunda vuelta es el aniversario de los sucesos de Bagua.

Kuczynski podría hacer muchas cosas para acercarse a quienes consideran que Keiko Fujimori es una grave amenaza: solidarizarse con Rafo León, visitar el Lugar de la Memoria, reunirse con las víctimas de la violencia, promover la elección del Defensor del Pueblo. Le queda realmente poco tiempo.  No estoy seguro si se da cuenta de que apenas si ganó en algunos distritos limeños.

A quienes aún no están tan convencidos de votar por Kuczynski, debo decirles que hace años, países con sistemas políticos muy distintos como Inglaterra y Rusia tuvieron que aliarse frente a Hitler, el enemigo común. No es el mejor panorama, en verdad, pero es el panorama que tenemos.

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