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PERÚ. DOS HOMBRES EN LA HISTORIA

El 15 de agosto es una fecha importante para los peruanos. Ese día, en dos momentos, nacieron dos importantes figuras de la historia nacional.

En 1911 vio la luz en la ciudad de Arequipa, Jorge del Prado Chávez. Y cuatro después, en 1915, en la Cordillera Blanca, en la provincia de Yungay, el distrito de Supluy, abrió los ojos Alberto Asunción Caballero Méndez.

Ambos, merecen la gratitud y el recuerdo de muchos porque dedicaron la vida entera a luchar y a trabajar por la causa de los trabajadores y el pueblo. Y llegaron al fin de sus días en condiciones materiales adversas, pero rodeados del respeto y la admiración de muchos.

A fines de los años 20 ambos iniciaron su vínculo con la política. El joven Del Prado se acercó a José Carlos Mariátegui y trabajó con él, asimilando sus ideas básicas, sus planteamientos esenciales y, sobre todo, su ejemplo de abnegación y sacrificio.

Caballero Méndez, de apenas 15 años, quedó deslumbrado cuando, siendo alumno del Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe, vio pasar por las calles de Lima el féretro con los restos del ‘Amauta’ en hombros de una nutrida población doliente. Desde entonces, se ligó a ella, y ató su vida a la suerte del proletariado.

Ambos, en el inicio de los años 30, integraron los núcleos iniciales del Partido Comunista. Del Prado trabajó con los mineros en la sierra central y estuvo en la huelga del sector en Morococha y La Oroya.

En 1932, Del Prado fue confinado en los Campos de Concentración de la Selva y debió huir, cruzando la espesura en las condiciones más adversas. Caballero inició sus estudios universitarios en San Marcos, lo que le permitiría graduarse de médico y servir abnegadamente a la comunidad.

Jorge del Prado Chávez.

Jorge del Prado Chávez.

Pocos años después, en 1935, los dos participaron en la celebración del 1 de mayo, cuando los trabajadores peruanos enfrentados a la dictadura fascista del mariscal Oscar R. Benavides, resolvieron retomar las banderas de Mariátegui y celebrar su fecha con un día victorioso de combate.

En 1937, uno y otro fueron a dar con sus huesos en la cárcel, pagando con  el precio de su libertad la lealtad a la bandera del socialismo, que habían enarbolado. Fueron los hechos de la tenebrosa ‘Intendencia de Lima’, que funcionaba en la calle Pescadería, al costado de Palacio de Gobierno, y donde los tiranos de entonces preferían tener a los presos “escogidos” para “sentirlos cerca” y no permitir que “se escapen”.

Sometido Del Prado a un Tribunal Militar, fue condenado ilegalmente y debió cumplir sentencia en El Sexto, uno de los presidios más atroces del régimen de entonces. Pero esos años de prisión, fueron apenas el comienzo. Luego vendrían muchos otros en los que tanto Del Prado como Caballero Méndez compartirían celdas, y suerte, con miles de peruanos en El Panóptico, El Sepa, El Frontón, y otros siniestros presidios.

En 1950, Del Prado estuvo entre quienes tomaron las armas participando activamente en la insurrección popular de Arequipa, combatiendo al lado de Augusto Chávez Bedoya y el célebre pintor nacional Teodoro Núñez Ureta.

Entre los presos de esos años, la historia del Perú recuerda al Sabio Hugo Pesce que, en su momento, compartiera experiencias con ‘El Che’; a Manuel Moreno Jimeno, el exquisito poeta; a José María Arguedas, el célebre escritor de Todas las Sangres; a Isidoro Gamarra, el legendario líder de la clase obrera; a Genaro Carnero Checa, el periodista; al tipógrafo arequipeño Raúl Acosta Salas; a Gustavo Espinoza Rosales —mi padre—; y a muchos más.  La última prisión de Del Prado ocurrió en 1968, cuando la policía del primer gobierno de Fernando Belaúnde, dirigida por Javier Campos Montoya,  tomó por asalto en el local central del PCP arguyendo haber descubierto allí una “escuela de guerrilleros”.

Caballero Méndez, en cambio, estuvo preso incluso en los años del gobierno patriótico de Juan Velasco Alvarado. Una alevosa calumnia tramada por anticomunistas de oficio, generó contra él un absurdo proceso del que, ciertamente, salió totalmente exculpado.

Del Prado fue parlamentario. Elegido con una importante votación, fue miembro de la Asamblea Constituyente a fines de la década de los 70, y luego senador de la República durante tres periodos consecutivos: 1980, 1985 y 1990.  Integraba el Congreso Nacional cuando el golpe del 5 de abril de 1992 lo despojó ilegalmente de su función.

Caballero Méndez nunca fue parlamentario porque no postuló en los comicios de 1980 y otros, dedicado como estaba al ejercicio de su actividad profesional que le había permitido convertirse en médico de los pobres trabajando también en las poblaciones marginales de la ciudad. Fue, además, Doctor en Educación, y trabajó en la docencia en centros educativos de primer nivel. Fue médico de varias generaciones. Padres, hijos y nietos pasaron por su consultorio en el Jirón Cañete o en la Avenida 28 de Julio —en Miraflores— atendiéndose gratuitamente. Todos ellos pueden dar fe no sólo del marcado desprendimiento de “su” doctor, sino también de la elevada calificación profesional de quien siempre acertaba en el diagnóstico de las dolencias, la medicación recomendada y el tratamiento sanador.

Del Prado fue secretario general del Partido Comunista entre 1966 y 1991, los años más altos y fructíferos del PC. Caballero, fue miembro del Comité Central y de su Comisión Política, desempeñándose como Secretario de Relaciones Internacionales, entre 1982 y 1987. En el ámbito de la política exterior, los dos tuvieron intensa actividad. Por sus elevadas funciones en el PC, Del Prado visitó la URSS y los países socialistas, y mantuvo una cordial relación de amistad con grandes figuras del proceso mundial: Luis Carlos Prestes, Fidel Castro, Salvador Allende, Luis Corvalán, Rodney Arismendi, entre otros. Caballero Méndez fue varios años Presidente de la Asociación Cultural Peruano-Soviética y del Movimiento Peruano por a PAZ —el Mopepaz—. Federico Goliot Curie, Romes Shandra, Pablo Picasso, IIia Erhenburg, Pablo Neruda, fueron sus compañeros de lucha en tan significativa tarea. En esos años, el PC no sólo alcanzó su más alto nivel organizativo y político, sino que alentó también de manera consecuente y certera las más vigorosas luchas del pueblo peruano.

El papel descollante que jugó la CGTP en aquellos años, bien puede atribuirse al hecho de que, en ese entonces, fue dirigida por aguerridos militantes comunistas que combatieron sin concesiones, por los intereses de los trabajadores y el pueblo. Y eso, lo sabe y reconoce la ciudadanía. El surgimiento de Izquierda Unida como alternativa de gobierno y de poder, también fue un mérito del PC en aquellos años en los que la lucha social cobró brillo y esplendor.

Los últimos diez años de vida de ambos luchadores fueron complejos y difíciles. Del Prado afrontó severas dificultades materiales y vivió rodeado por familiares y por algunos camaradas que le tendieron su mano solidaria. Falleció en 1999, poco antes de advenir el nuevo siglo, que esperó con juvenil entusiasmo.

Asunción Caballero vivió más tiempo. En la primera década del nuevo siglo, trabajó en su profesión e  integró el Colectivo de Nuestra Bandera. Allí colaboró como columnista en casi todas sus ediciones, durante más de ocho años, hasta que se produjo su deceso.  Hoy se recuerda el centenario de su nacimiento y su nombre vuelve a brillar con fuerza.

Jorge del Prado y Alberto Asunción Caballero Méndez fueron consecuentes luchadores y hombres leales a la causa del socialismo. Su ejemplo perdura en la memoria de quienes los conocieron en el Perú y en el exterior, porque siendo ambos revolucionarios auténticos, fueron también calificados internacionalistas.

Por Gustavo Espinoza Montesinos

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