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¿NOS HACES UNA FOTO?

“En ese contexto, los peruanos hemos sido socializados para que el tuteo recíproco se restrinja a nuestros familiares, compañeros de estudios y amigos. Saliendo de ese estrecho círculo, tutear a un desconocido es básicamente para mandarlo y/o dejar en claro una jerarquía, algo que a muchos sin duda les produce una gran satisfacción”.

Por Wilfredo Ardito Vega

-¿Nos haces una foto? –preguntó mi amiga a un transeúnte en el Parque de la Exposición. 

Ella es una abogada comprometida con los derechos humanos, pero que acababa de regresar al Perú, tras casi cinco años en España. Por eso decía “haces” en lugar de “tomas”, por eso no introducía el cauteloso-cortés “puedes” que usamos los peruanos (¿Nos puedes tomar?)…  y por eso estaba tuteando a una persona que jamás había visto en su vida.

Él la miró visiblemente sorprendido y, un poco fastidiado, tomó la foto.

Con tanto tiempo fuera, mi amiga, no logró entender su expresión, hasta que yo le recordé que en el Perú tutear a una persona desconocida puede ser una forma de inferiorizarla.

En España y en varios países latinoamericanos, tutear a un vendedor, otro conductor u otro pasajero es un signo de horizontalidad, cordialidad y cercanía; vale decir que uno se siente igual al interlocutor. En todos estos casos, como se trata de una relación entre iguales, se espera que la otra persona también responda tuteando de manera similar.  Sin embargo, en el Perú no es así. Somos una sociedad jerárquica, donde uno de los peores insultos es “igualado”, para calificar a una persona supuestamente tan desorientada que ignora las diferencias sociales “y pretende tratarme como si fuera igual a mí”.

En ese contexto, los peruanos hemos sido socializados para que el tuteo recíproco se restrinja a nuestros familiares, compañeros de estudios y amigos. Saliendo de ese estrecho círculo, tutear a un desconocido es básicamente para mandarlo y/o dejar en claro una jerarquía, algo que a muchos sin duda les produce una gran satisfacción. Se trata entonces de los remanentes de una sociedad estamental, que subsisten en nuestra mentalidad cotidiana. En la vida cotidiana, esta actitud esconde una gran inseguridad y refleja un problema de autoestima.  

En mi caso, yo prefiero siempre comenzar hablando de usted con las personas que no conozco. Involuntariamente, se genera un contraste con gente que tutea a los vendedores o a los mozos. Me imagino que para ellos debe ser muy diferente la percepción respecto a un cliente que les grita: “¡Flaco!”, y otro que los llama “Señor”.   Confieso que me avergüenza cuando el que tutea mandón es algún amigo mío, normalmente muy cordial, pero que súbitamente se vuelve un pequeño déspota ante quien considera inferior. 

Según Laura Gonzáles estas personas emplean el tuteo “para hacer sentir inferior al interlocutor y en algunas ocasiones usan el “diminutivo” con esa misma intención. De hecho, “mamita”, “amiguito” o “hermanito” pueden ser expresiones muy ofensivas cuando buscan tratar al otro como si fuera un niño. Añade Laura Gonzáles que se trata de personas que “confunden prepotencia con autoridad” y que actúan así por “falta de educación y valores nada más (y nada menos)”.   

A mí, para nada me molesta cuando por cordialidad o por familiaridad me trata de tú un cobrador de combi o una secretaria, porque me siento igual a ellos y creo que las circunstancias particulares de edad, condición económica o actividad laboral no deberían ser relevantes para impedir una relación horizontal. A veces, me tengo que habituar a que esta situación sea imposible, porque las jerarquías están interiorizadas:  “¡Cómo quiere que le tutee, si a mi padre lo trato de usted!”, me dijo el viernes una colega.

Sin embargo, en nuestra compleja sociedad, también me han tuteado empleados bancarios, taxistas o vigilantes para hacerme sentir inferior. Supongo que debido a las crecientes canas, me sucede cada vez menos. Al respecto, el profesor Horacio Ulloa, cuyos rasgos andinos han hecho que muchas veces viva esta experiencia nos dice que el tuteo rudo o despectivo en un banco o dependencia pública siempre le ha parecido un claro indicador de racismo y clasismo. ¿Qué se debe hacer en un caso así? Ulloa contesta: “Lo que yo hago es devolver el tuteo con un poco de rudeza, ligeramente mayor a la que hemos sufrido, sin llegar a ser violentos. A mí me ha funcionado siempre que quiero contrarrestar algún intento de maltrato en estos lugares”.

A algunas personas, esta actitud parece demasiado fuerte, algo así como el “ojo por ojo”. Para otros, en cambio, es necesario para que el otro “sepa su lugar”. En realidad, es penoso que una situación tan cotidiana como acudir a un banco implique estar siempre a la defensiva frente a posibles maltratos. En todo caso, Ulloa dice que sí le resulta: “El empleado suele cambiar súbitamente su trato por el ‘usted’, sea porque espera reciprocidad debido a que no le gusta ser tuteado por alguien que considera “socialmente inferior”, o sea porque mi respuesta brusca e inesperada lo hace reaccionar y recordar su verdadero papel frente a un cliente o contribuyente”.

Ayer volví a ver a mi amiga, la abogada que regresó de España. Ella sigue saludando con “¡Hola!” a cajeras y vigilantes y sigue pidiéndole a sus colegas que no le hablan de usted.  

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