Keiko y ppk

No hay porqué defender la Democracia Neoliberal

Tras la caída de Fujimori en el 2000, los funcionarios de las trasnacionales fieles a las lógicas del imperialismo formularon una estrategia para que la dictadura neoliberal se mantenga. Aprovecharon la actitud servil de oligarquía para continuar la dominación y explotación de nuestros recursos naturales y de los trabajadores de manera feroz.

Los ideólogos y publicistas neoliberales del Banco Mundial y el FMI fueron hábiles al plantear una nueva estrategia para que se mantenga la dominación extranjera. Imponen la palabra “transición democrática” que rápidamente se convierte “democracia” a secas. El gobierno de Alejando Toledo, aunque siendo el segundo piso de la época neoliberal, se convirtió entonces en la “Democracia” (con mayúscula) y se constituía ahí mismo una alianza entre los grupos de poder, las derechas y casi todas las izquierdas para defenderla. Se había logrado el objetivo imperialista. Así, sumándose a los gobiernos de García, Humala y PPK son el segundo ciclo de dominación neoliberal. Ciclo donde se han enriquecido más las transnacionales y los grupos nacionales de poder, al cual todos los actores de esta gran alianza conservadora llaman “régimen político democrático”. Inventaron el “fuji-montesinismo” como un enemigo abstracto, ubicado en el pasado, lo petrificaron como un periodo “horrendo de la historia”, se hizo una campaña para aislar al fujimorismo y mantener el modelo económico y lo lograron.

Steven Levitsky, con la idea de “coalición paniguanista” intenta darle justificación a la alianza conservadora. La presenta como un consenso entre pitucos liberales y la izquierda caviar donde cierra filas ante un fujimorismo “autoritario y corrupto”, para que un supuesto centro político mantenga el control del Gobierno, las instituciones del Estado y garantice el “libre mercado”.

La intención de desarrollar la idea de régimen democrático se estableció para no alterar las bases económicas neoliberales, ni sus bases constitucionales.  La idea principal es mantener gobiernos afines política e ideológicamente en favor del neoliberalismo. Este recambio entre fuerzas neoliberales garantizaría no cuestionar el Estado neoliberal. Toledo, García, Humala y PPK mantienen ese rumbo.

Tras las crisis económicas, políticas y sociales, la alianza conservadora fue puesta en cuestión. En ese vacío las fuerzas anti-establishment no pudieron disputar la hegemonía. Tras la traición de Humala y el fujimorismo renació y reconfiguró el tablero político en los últimos años. Y ha intentado articular un nuevo bloque conservador, con ellos a la vanguardia. Y aunque veamos cambios en los actores políticos en la escena pública, la trayectoria histórica nos muestra que se mantuvieron invulnerables los fundamentos económicos de la dominación neoliberal.

En este afán de articular este nuevo bloque conservador, el fujimorismo ha atraído de vuelta a su seno a varios grupos de poder económico, a actores de las derechas y las izquierdas, desarticulando al bloque conservador anterior. Y trayéndose abajo las tesis de algunas izquierdas que intentan mantener su búsqueda del centro político para alcanzar el gobierno. Queda evidente que este ir al centro no era más que mantener la alianza conservadora anterior, donde a las izquierdas le garantizaron “la paz” para sus sindicatos y sus ONGs.

Ante esta nueva reconfiguración, es inevitable el surgimiento nuevos actores. Por un lado, puede la Oligarquía Peruana (‘los doce apóstoles’) cohesionarse y, aliada del capital trasnacional, puede buscar articular una nueva coalición conservadora con la CONFIEP a la cabeza para garantizar el neoliberalismo. Recordemos que los grupos económicos de poder hoy son mucho más poderosos que cuando Fujimori alcanzó el gobierno en los 90’s. Esta estrategia —como la fujimorista— forma parte del mecanismo de dominación imperialista. Mientras que, por otro lado, viene surgiendo una izquierda radical que quiera cambiar el modelo atacando la constitución de 1993. Y quiere articular un bloque a favor de la transformación no con los actores del establishment, sino desde fuera, una izquierda que no tiene porqué defender esta democracia neoliberal.

Por: Marco Sipán

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