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MARITZA GARCÍA: EL RESUMEN DE UN CONGRESO CLOACA

Viles. Ruines. Miserables. Cretinos. Zánganos, ganapanes, vagos, oportunistas. Alma de esbirros, naturaleza de traidores. Cobardes. Sanguijuelas malolientes. Rastreros en la hediondez de sus propias miserias. Macerados en las miasmas de su conciencia, o nula conciencia. Gente pérfida, perversa, insidiosa. Fetidez, putrefacción de pensamientos e ideas (si acaso piensan). Nacidos de las cloacas más infectas del inframundo. Franeleros, sobones, cobistas, arrastrados y serviles.

Canallas, granujas, mezquinos, pillos, corruptos, bandidos, rateros, criminales. Machistas, misóginos, homofóbicos, cavernarios. Morralla, banda de sinvergüenzas, rufianes, desgraciados, cicateros. Bellacos sin gracia ni don de gentes. Codiciosos, avaros, roñosos y mezquinos. Escoria de la humanidad. Detritus de lo que alguna vez fue humano. Restos de excrementos. Hombres y mujeres sin más grandeza que su charlatanería. Matones, pegalones y abusivos. Explotadores, jijunas, mala sangre. Serpenteantes seres malignos. Falsificadores, estafadores, mentirosos y embaucadores. Insidiosos, adulones y lambiscones. Carroñeros, seres de rapiña. Caca, pichi, poto.

Tras tanto ver su mediocre y nauseabunda performance, como escribió Zweig, ya la pluma me rezuma hiel cuando escribo sus nombres: la mayoría de congresistas peruanos. La última gran y digna exponente de este aquelarre que es nuestra fauna parlamentaria se llama Martiza García. Para más señas, llegó al chiquero —perdón, al Congreso— de la mano de Keiko Fujimori. La parlamentaria de marras, como ya todos han visto, aseguró que la mujer no debe provocar al hombre para evitar ser agredida. “Las mujeres a veces sin razón, o sin querer queriendo, dan la oportunidad al varón para que se cometa ese tipo de actos”, dijo, entra otras barbaridades dignas de un cromañón. Tal vez se haga necesaria una prueba de ADN para ver si algunos parlamentarios han llegado en verdad al estadío homo sapiens sapiens. Muchos parecen estar en una suerte de evolución “homo brutus”.

Para redondear su intervención, inventó el término de “agresores sanos”. Es decir, un salvaje con licencia para sacarle la mugre a una mujer, según las circunstancias. Y fundamentó su aberrante machismo y sumisión citando a un psicólogo de nombre Iván Molina Salas, quien fue destituido del albergue “Exaltación de Huarmaca” (Piura) por tocamientos a menores.

Ya para ponerle la cereza al pastel, resulta que Martiza García es nada menos que presidenta de la Comisión de la Mujer en el Parlamento. Esto es como poner de jefe de un grupo de Boy Scouts al pedófilo Figari del Sodalicio.

Mientras, al momento que escribo estas líneas, Keiko Fujimori no dice ni pío. Ella tiene responsabilidad por haber llevado a estos mamarrachos de personajes a legislar. Tiene responsabilidad sobre quienes conducen los destinos de millones de peruanos y peruanas. Millones de mujeres que deben guardar, en concepto de Martiza García, la más absoluta sumisión ante los matones para que no les rompan la cara.

Es sintomático que este tipo de parlamentarios solo se hagan notar cuando están inmersos en escándalos. Por cierto, la señora García ya tiene sendas denuncias en la Comisión de Ética por mentir en su hoja de vida y contratar personal con parentesco familiar en el Congreso. Por su puesto, dicha Comisión, también controlada por el fujimorismo, no la sanciona. Acá no pasa nada.

Sin embargo, yo sí noté a este congresista antes. La ruleta de la vida da muchas vueltas. Y tuve la mala suerte de cruzármela en mi camino hace unos meses. Estaba alquilando un departamento de mi mamá y mi primo hizo el contrato. Nos encontramos en el depa con mi madre, mi primo y parientes de la congresista, y llegó ella a voltear todo el acuerdo. Con un carácter mandón quería atarantarnos. Supongo que en su concepción no debíamos decir nada para no provocarla. Se pavoneaba diciendo que era congresista y que venía o tenía una reunión con Julio Guzmán. Llamé a un costado a mi primo y le dije: “Primo, a mí no me importa si se reúne con el papa Francisco, no quiero contrato con esta mujer”. Me contestó: “Yo tampoco, no puede venir a cambiar las cosas que ya habíamos acordado y hacerme quedar mal”. Desde luego, no hubo contrato. Su altanería nos fue intragable, como toda persona que habla de sí misma en tercera persona, cual dioses que ven todo desde arriba, como ha hecho notar la periodista Amanda Meza.

Posdata: Disculpen a los que me leen la carga fuerte de las palabras en esta columna. Respecto a los congresistas, demándenme si se atreven, ¡recua de infelices! Ya estoy harto de ustedes. Como no recibo el dineral que cobran ustedes del erario público, seguramente tendré que retirar lo escrito. Pero pienso lo mismo y mucho peor. Francamente, me cago en la “majestad” de su “Congreso”.

Por: Eduardo Abusada Franco


3 Comments

  1. Esto es sencillo de explicar: toda esa gentuza basura compró su cupo para el sorteo de curules. Invirtieron dinero para después sacar provecho propio. Nada más. Obviamente fueron escogidos por los jefes de sus respectivas mafias, precisamente por su condición miserable y su servilismo a toda prueba. Ya es hora de cambiar las reglas para acceder a nuestras instituciones… no publicidad pagada, no sueldos privilegiados, mínimo titulo profesional COMPROBADO… En realidad ya tocamos fondo.

  2. Totalmente de acuerdo

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