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LA VIDA DESDE UNA HARLEY DAVIDSON: ‘LIVE TO RIDE’

“La vibración del poderoso motor Twin Cam bajo mis piernas; la ingle que se emociona; el calor de los escapes acariciando mis tobillos; el viento azotándome la cara; el ronroneo acompasado de las válvulas; el sonido atronador al acelerar; la seguridad del macizo marco de una Harley; el olor a aceite y gasolina; el asfalto sometiéndose al caucho de las llantas; en suma, la libertad misma”.

Por Eduardo Abusada Franco

Desde que James Watt inventó la máquina de vapor, empezó a surgir cierta tensión entre el hombre y las máquinas y tecnologías. Tensión que ha llegado al cine en sagas tan famosas como la protagonizada por Arnold Schwarzenegger en ‘Terminator’. Los más radicales aún usan métodos de producción muy antiguos y se han recluido en comunidades que evitan toda tecnología moderna como los ‘amish’ de los Estados Unidos. Pero en ellos, esto ya es una cuestión de fe, pues interpretan la religión protestante anabaptista a su peculiar manera. A su vez, hay quienes consideran que desde que Henry Ford inició el proceso de producción en línea, las máquinas han venido a quitarle espacio a los hombres, dejándolos sin trabajos.

Sin embargo, la rueda del mundo sigue girando, con quienes rechazan la tecnología y las máquinas, o sin ellos. Es así que hay quienes han encontrado un perfecto maridaje entre el hombre y la ingeniería. Yo soy uno de ellos; y la exacta alquimia que he encontrado para unificar esta eterna rivalidad entre lo natural y lo artificial tiene un nombre específico: Se llama ‘Harley’ y se apellida ‘Davidson’.

Muchos —incluidos mi hermano y mi mamá— se oponen a mi amor a las motocicletas Harley Davidson con un argumento simple y, ciertamente, inapelable: ¡Te vas a matar! En efecto, el riesgo en ir en moto puede ser alto; pero es un riesgo que decido correr. Aunque esto sea un cliché, es también demasiado cierto que la vida es demasiado corta como para no vivirla intensamente (como diría Sussy Díaz: Vive la vida, no dejes que la vida te via). Y es sobre la cabalgadura de una Harley que he descubierto que el hombre y la máquina se conjugan en una armonía perfecta.

La vibración del poderoso motor Twin Cam bajo mis piernas; la ingle que se emociona; el calor de los escapes acariciando mis tobillos; el viento azotándome la cara; el ronroneo acompasado de las válvulas; el sonido atronador al acelerar; la seguridad del macizo marco de una Harley; el olor a aceite y gasolina; el asfalto sometiéndose al caucho de las llantas; en suma, la libertad misma. Tal es la sensación de estar sobre una Harley Davidson. De conquistar las rutas, de saber que tu máquina no es tu rival, sino tu mejor amiga, tu novia, tu esposa…tu fiel compañera.

¿Si le tengo miedo a accidentarme? Claro que sí. Hay dos tipos de moteros, dicen entre bromas: los que se han caído y los que se van a caer. Solo pídele a Dios que tu caída no sea tan fuerte. No obstante, no puedo vivir y someter mi libertad al miedo de ser yo mismo. Sobre mi moto siento que estoy vivo. Alguien dijo que el temor a la muerte nos aleja más de la vida que de la propia muerte. A fin de cuentas, como le dijo el acróbata de motos, el capitán Lance Murdock, a Bart Simpson: “Comenzaré por decir ‘bien por ti muchacho, me alegra ver que los jóvenes se interesan por el peligro’. Ahora mucha gente va a decirte que estás loco y tal vez sí, pero lo único cierto es que los huesos sueldan, a las chicas les gustan las cicatrices y el país tiene los mejores doctores del mundo para traumatismos.”

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