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LA PATRIA PLEBEYA

El domingo pasado se realizaron las elecciones internas de Unidad Democrática (UD) y, junto a muchos amigos en todo el Perú, nos sumamos a la campaña de Sergio Tejada por varias razones; entre ellas, la de recuperar, renovar y darle continuidad a la corriente nacional popular, y reafirmar el discurso de integración latinoamericana. A todos mis amigos, organizados y espontáneos, mi profundo agradecimiento. Mención especial a mis amigos, hermanos, compañeros y vecinos de los suburbios de Lima Sur. A Sergio, todo mi aprecio y respaldo.

Por Elvis Mori Macedo

El agradecimiento va acompañado de una pequeña reflexión. Creo que varios de los que nos involucramos en esta mini-campaña, honesta y voluntariosa, nos quedamos con la satisfacción de confirmar la persistencia de una TRADICIÓN política que abarca a quienes no participan en los espacios de izquierda, que se renueva constantemente en los MÁRGENES de la sociedad oficial, con expresivo arraigo territorial.

A esta pulsión histórica la llamo hace algún tiempo “LA PATRIA PLEBEYA” (a falta de mejor concepto), que opera como tradición en el mundo del 70% de peruanos; una patria informal, incorrecta, que se autoreproduce tanto en las ciudades populares como dentro de estas: en su forma segregada, periférica, en la carretera de los SUBURBIOS y las marginalidades. Nuevamente, su fuerte está en EL MARGEN. Esta tradición segregada socialmente de la lógica “polis” pervive en disputa permanentemente con el fujimorismo, ese gran Otro de tradición popular. Es la memoria reprimida por las élites limeñas que retorna de cuando en cuando en forma erizada y contingente, de los cerros a la ciudad.

Otra cosa interesante es que la “ansiada renovación” —actual debate de las izquierdas— no es parte de este Perú. Al menos no sustantivamente. En este oceánico espacio, que abarca desde el pueblo fonavista, la simbología velasquista, la tensión costeña, andino y amazónica, y también el izquierdismo social, la renovación no se remite necesariamente a lo generacional; más bien, la renovación es cuando LOS DE ABAJO SE REPRESENTAN A SÍ MISMOS EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA NACIÓN. No es pues condición histórica para la tradición plebeya entrar a las disputas “biológicas” dentro de la izquierda. La disputa de renovación plebeya es un corte mucho más radical.

Difícil saber el escenario político que se viene, pero si algo puedo afirmar es que nuevamente se están configurando dos corrientes que siempre pugnaron por representar a los sectores populares contrarios al orden conservador: la corriente plebeya y nacional, y la corriente de izquierdas. No sé si ambas puedan convivir sin conflicto, pero estoy seguro que dentro de poco tiempo cada corriente tendrá consistencia política propia, sus propias representaciones y sus “intelectuales orgánicos”. Por ahora, se necesitan.

Estoy seguro de que la expresión social y política de la tradición plebeya, que trasciende a las elecciones del Frente Amplio y Unidad Democrática, aunque también los involucra, si bien cada vez más está en franca tensión con la tradición progresista, debe orientarse hacia la más amplia voluntad colectiva para enfrentar juntos a los defensores del neoliberalismo este 2016. Tremenda chamba, profundos desencuentros entre los barracones y los citadinos, pero,  por el momento, no es el antagonismo fundamental para derrotar al enemigo principal.

(Foto del domingo: con Félix, amigo del barrio, dirigente sindical de tradición velasquista y del pueblo fonavista).

 

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