MINISTRO DE TRANSPORTES Y COMUNICACIONES POR PERUANOS POR EL KAMBIO.

La interpelación postergada

“Es decir, cada uno anda [miembros de la bancada PPK] en una agenda personal sin que nadie se preocupe de la agenda presidencial ni menos aún en la del primer ministro, al que algunos, incluso, contradicen y enfrentan. Por eso se permiten decir, frente la interpelación, que “nadie es imprescindible” y “no sería un drama si censuran a Vizcarra”, adelantándose más que la oposición a los hechos. O sea, ya le han puesto la mortaja. Ni la oposición, salvo Vitocho. Con parlamentarios así, para qué se necesitan adversarios. El enemigo por dentro.”

Por Aníbal Quiroga León

Una de las pocas decisiones del Congreso de la República (CR) que ha logrado consenso general ha sido la postergación de la sesión interpelatoria al ministro Vizcarra, debido a la gravedad de la emergencia nacional a raíz de ese Niño escondido que está asolando varias zonas de nuestro país.

Es que Vizcarra —nada menos que ministro de Transportes y Comunicaciones (MTC)— estaba citado para el pasado jueves 16 ante el CR para responder casi 100 preguntas de un pliego interpelatorio a raíz —básicamente— del caso del nuevo aeropuerto cusqueño en Chinchero, y el trámite de su contratación, sobre todo en la última adenda suscrita por las actuales autoridades del MTC con la —hasta ahora— concesionaria.

Mucho se ha preguntado acerca de las similitudes del pedido interpelatorio a Vizcarra con el que se dio respecto al exministro de Educación, Saavedra, y que desembocara en su posterior censura y renuncia forzada por iniciativa del CR. La principal diferencia estriba en que la interpelación a Saavedra fue impulsada por la mayoría opositora que tiene el aplastante y suficiente número de votos para tumbarse, por sí sola, a cualquier ministro o a todo el gabinete, si así lo decidiese. En el caso de Vizcarra, la adenda del proyecto de Chinchero, además luce mal y fea, y viene precedida de la renuncia de la exjefa del regulador Ositran y de todo su estado mayor, en protesta contra su suscripción, la iniciativa interpelatoria —plagada de graves epítetos y denostaciones— viene impulsada por el congresista García Belaunde, quien aparece prendido del fundillo de Vizcarra.

La mayoría opositora no parece muy entusiasmada con la misma y se ha limitado a ver su curso desde la platea, canchita en mano. Otras fuerzas opositoras han señalado que no necesariamente esta interpelación –ahora postergada— debe llevarlas inevitablemente a la censura de Vizcarra. Todo parece indicar que, cuando se dé, ese será su resultado y la sangre de Vizcarra no habrá de llegar al río Huaycoloro, que tanto pesar nos ha traído a la capital.

Es que la interpelación es parte de la dinámica de las relaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo. Se inscribe en lo que la Constitución denomina el control parlamentario de los actos del Ejecutivo. No debería asustar a nadie y nadie debería temerle, ya que no necesariamente va a desembocar ni en un pedido de censura ni en una cuestión de confianza (dos caras de una misma moneda). Por lo tanto, no necesariamente el interpelado tendrá que ser obligado a renunciar por decisión del CR.

¿Por qué entonces tanto temor? No solo surge de una mala lectura de la Constitución, sino, sobre todo, de la debilidad que la minoría del Ejecutivo luce en el CR y, especialmente, de la incapacidad exhibida hasta la fecha para articularse razonable y coherentemente. En vez de tomar conciencia de su debilidad numérica y de cohesionarse como los cartaginenses, luce como la bancada más dispersa y menos eficiente, con lo cual, muy prematuramente, le ha abierto un flanco muy débil a PPK, generando una herida política de pronóstico reservado, a la luz de los áulicos opinólogos que se desgañitan hablando, gritando y cuchicheando acerca del cuco de la vacancia presidencial.

Y es que la minoritaria bancada de gobierno anda más preocupada de sus temas personales antes que el tema de la política general del Gobierno y sus necesarias relaciones con la mayoría parlamentaria que está en manos de la oposición, por si aún no se han enterado. Una anda sin perderse ninguna foto al lado de PPK, alucinando ser nombrada nueva premier o canciller. El otro anda entre sus empresas gastronómicas y sus estrambóticas explicaciones. El de más allá es un francotirador que se alucina gran político, pero que ya ha vestido diversas camisetas y que —al margen de ser peyorativo y devoto de la recusación ad hóminen— no le importa nada, y lo más probable es que abandone el barco apenas le parezca conveniente: lealtad cero. El otro anda preocupado de su imagen personal. Y el último en sus proyectos personales cuidando los intereses de sus votantes en una comunidad importante, pero minoritaria. Como dicen los gringos, ninguno alcanza a ver “the big screen”.

Es decir, cada uno anda en una agenda personal sin que nadie se preocupe de la agenda presidencial ni menos aún en la del primer ministro, al que algunos, incluso, contradicen y enfrentan. Por eso se permiten decir, frente la interpelación, que “nadie es imprescindible” y “no sería un drama si censuran a Vizcarra”, adelantándose más que la oposición a los hechos. O sea, ya le han puesto la mortaja. Ni la oposición, salvo Vitocho. Con parlamentarios así, para qué se necesitan adversarios. El enemigo por dentro.

Un viejo proverbio dice: “Si me sacas con valor, guárdame con honor”. Es decir, si haces la bravata de que vas a atacar o te vas a defender, hazlo de tal forma que al final, sea cual fuere el resultado, tus armas no sean replegadas con deshonor.

Eso es lo que tiene por delante el CR frente a la futura interpelación a Vizcarra cuando esta se dé. No viene al caso si es o no vicepresidente de la República, ya que ese no es un cargo en la estructura del Estado, sino una nominación pasiva por mandato del voto popular que solo se habrá de activar cuando la Constitución diga que el vicepresidente pasará a ser el presidente en funciones o el legítimo sucesor presidencial. Vizcarra no es más ministro ni menos por ser vicepresidente. Es un ministro más. Pero tampoco por eso puede ni debe ser vapuleado sin ton ni son por el CR, so riesgo de perder aún más su muy escasa cuota de credibilidad y de escaso prestigio.

[Nota: tomado de la revista Velaverde del 20.03.17]

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