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HAY QUE SABER PERDER

Pasado el furor pelotero de la Copa América me animo a escribir estas líneas con el riesgo de que me coloquen en el patíbulo del chauvinismo peruano, como aquel escritor que tuvo la osadía de decir que la comida peruana es indigesta. Pues bien, Chile es el actual campeón y si bien no en químicamente pura buena lid, sí dentro de los marcos de los favoritismos que suelen darse a cualquier equipo local.

Por Eduardo Abusada Franco


Tras el examen de próstata que le hizo en plena cancha Jara a Cavani, ha relucido otra vez el moralismo al acusar de tramposos a Chile, recordando un sinfín de temas; incluso hasta de antes de la guerra del salitre, que no vienen el caso en un evento deportivo. Esto es una mezcla de patrioterismo con moralina. Por cierto, se suman los similares sentimientos de los argentinos y uruguayos que han inundado de mensajes antichilenos las redes; así las feroces intervenciones de algunos periodistas. No obstante, olvidan muchos de los que levantan el dedo acusador denunciando trampa y favoritismo, la paja en el ojo propio. Es así que acá, y sin ánimo de ser ‘tumbalafiesta’ (bueno, siendo sinceros, sí tengo cierto animus jodendi) vamos a recordar algunos pasajes harto conocidos. Corría el año 1975, y cierto general felón ya había pegado el ‘tacnazo’. Se dio la Copa América luego de 8 años de no disputarse. Los partidos se jugaban de ida y vuelta. En semifinales a Perú le tocó enfrentar a Brasil. En el partido de ida, Perú le ganó 3-1 a en su propia cancha. Hay que aclarar que los brasileños no estaban con sus mejores jugadores. En el partido de vuelta, perdimos en Matute 2-0. El desempate, de acuerdo a las reglas de entonces, se haría con sorteo. Esta historia que me la contó un futbolista de aquella época en la cancha de Cristal, y muchas otras personas, como jugadores y periodistas han dado cuenta de ella. En un ánfora se colocaron unas pelotitas, una con el nombre de Perú y otra con el de Brasil. Se escogió una mano inocente para que saque la pelotita que daría al ganador.  A la sazón, Teófilo Salinas, peruano, era el presidente de la Confederación Sudamericana de Futbol y se escogió a su hijita, una pre púber, para que meta la mano al ánfora. La anécdota dice que le dijeron a la niña “saca la bola fría”, puesto que la que decía Perú previamente fue puesta a congelar. De esta forma poca sana es como supuestamente Perú le ganó a Brasil y a la postre fue campeón en aquella copa.

Otras personas aseguran que tal anécdota no es más que una leyenda urbana y que el sorteo fue limpio. Como sea, más allá de si hubo trampa o no, muchos celebran la anécdota como una “criollada” del peruano “vivo y pendejo”. Es decir, si la hacemos nosotros es viveza, pero si la hace otro es un vil tramposo. Así también, se calificó los pasados días al chileno Jara con niveles de delicuescencia; pero de otro lado celebramos la antirreglamentaria marca de Reyna a Maradona como una forma de cómo se debe jugar al fútbol cuando el talento no es suficiente.

Y respecto a los argentinos, que también han levantado el dedo acusador contra Chile, no deben olvidar que la Copa del Mundo del 78 se la hicieron a medida los milicos de la Juntar Militar. Es vergonzante recordar la derrota de Perú contra los albicelestes por 6’0, sobre la que siempre pesó un manto de “arreglado” para que pueda clasificar Argentina.

Más allá de lanzar dardos sin mirar cómo andan las cosas por casa, debemos seguir esforzándonos en cimentar las políticas públicas deportivas; y agradecer (sin imitaciones racistas) el corajudo y buen desempeño de nuestra selección en esta copa. Así pues, para hablar de futbol, ética y comer pescado, hay que tener mucho cuidado.

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