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FUGA HACIA ADELANTE

“El Contralor General de la República (CGR) fue elegido en condiciones de precaria legitimidad. Al poco tiempo traicionó a sus mentores y se entregó a la mayoría parlamentaria. Por eso minimizó la fiscalización del affaire de las computadoras que involucra a la actual administración congresal. Entonces se dedicó a cuestionar deslealmente a su antecesor, a desconocer a sus mentores y, sobre todo, a fiscalizar por delante la gestión del actual gobierno -con evidente minoría parlamentaria- hasta casi asfixiar a la gestión pública.”

Por: Aníbal Quiroga León

Una de las formas de lograr inmunidad política, de hacerse intocable o invisible es acusar al acusador a fin de deslegitimar su posterior denuncia. Un recurso muy antiguo y manido.

El Contralor General de la República (CGR) fue elegido en condiciones de precaria legitimidad.  Al poco tiempo traicionó a sus mentores y se entregó a la mayoría parlamentaria. Por eso minimizó la fiscalización del affaire de las computadoras que involucra a la actual administración congresal.

Entonces se dedicó a cuestionar deslealmente a su antecesor, a desconocer a sus mentores y, sobre todo, a fiscalizar por delante la gestión del actual gobierno —con evidente minoría parlamentaria— hasta casi asfixiar a la gestión pública.

El detonante fue el famoso informe sobre el necesarísimo aeropuerto de Chinchero y, sobre todo, el denunciar penalmente a varios funcionarios sin que se indique porqué, ni individualice sus conductas, ni mucho menos las haya tipificado.  ¡Hala! a la hoguera de la fiscalía y al infierno del juez penal.

Pero he aquí que el CGR tenía techo de vidrio y muchos “fierros” en el clóset.  Ya se le había denunciado en agosto pasado al Congreso y en los medios de prensa.  Era cuestión de tiempo detonar esas bombas de tiempo fabricadas con su propio quehacer en tantos años en la CGR. Toda mecha llega —algún día— a su fin.  Y, como quiera que esas denuncias se sabrían tarde o temprano, la mejor manera de procurar salir adelante era levantando estentóreamente algunas denuncias, de manera que al estallar los imparables —y fundados— cuestionamientos en su contra, optase por la victimización, por acusar una vendetta. Es un intento de una burda fuga hacia adelante, normalmente un acto suicida, el morir matando o también el “muera Sansón y los filisteos”…

Todo parece indicar que la suerte del CGR está echada. Conforme pasan los días y se saben detalles de las acusaciones, del negociado de vehículos usados que involucra a parte de su familia y del movimiento de un importante capital pese a ser funcionario público contralor, cuando se conocen sus devaneos amorosos extramatrimoniales con una jugosa liquidación, a medida en que los medios de prensa se solazan con su caso, más débil será su posición en el Congreso donde su destitución parece cantada. Sólo falta que la mitad de la mayoritaria bancada termine por bajarle el dedo al convencerse que resulta indefendible mantenerlo de CGR y que pueden conseguir mejor candidato para el puesto. Tienen suficientes votos para ello.

Nota: Columna tomada de diario Exitosa

 

 

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