Comida_Chatarra

ENTRE LA GANANCIA Y LA SALUD DE LOS CIUDADANOS

“Los fabricantes de comida chatarra han bloqueado la aprobación del reglamento de la Ley 30021, con sus aliados en la Sociedad Nacional de Industrias. Maquiavélicamente, las empresas emplean inclusive a nutricionistas, quienes públicamente buscan desviar la atención sobre la comida chatarra para señalar que la verdadera causa de la obesidad es el sedentarismo. La estrategia de cooptar nutricionistas está pensada a nivel global: en noviembre Coca Cola le auspició a la Sociedad Latinoamericana de Nutricionistas su congreso en Punta Cana”.

Por Wilfredo Ardito Vega

Aquellas personas en el Perú que todavía sostienen que las empresas privadas actúan con responsabilidad frente a los ciudadanos debieron estar en el valle de Nepeña (Ancash) el martes pasado, cuando desde un avión se comenzó a fumigar con glifosato, al lado de una escuela.

La fumigación se realizaba por la empresa Agroindustria San Jacinto, que pertenece al grupo Gloria. Decenas de escolares fueron víctimas de nauseas, dolores de cabeza y síntomas de asfixia. Varios cayeron desvanecidos. Los profesores, también con problemas para respirar, los condujeron como pudieron a la posta de Nepeña, pero los tres escolares más graves tuvieron que ser llevados a Chimbote.

La irresponsabilidad del grupo Gloria es un ejemplo de la falta de escrúpulos de algunas empresas privadas sobre la salud de los ciudadanos. Pareciera a veces existir una disociación moral: los empresarios pueden ser personas bondadosas en su vida cotidiana, pero no les preocupa el daño que sus productos causan a sus clientes, hasta quitándoles la vida, como ocurre con las empresas tabacaleras o los fabricantes de armas en Estados Unidos.

Otro ejemplo de amoralidad empresarial son los fabricantes de comida chatarra, cuyo consumo ha crecido desmesuradamente en el Perú, estimulado por la publicidad, originando el incremento del sobrepeso, la obesidad, la diabetes y las enfermedades al corazón. Realmente estremece analizar el maquiavélico comportamiento de restaurantes que surgieron para vender comida rápida, pero ahora tienen juegos infantiles y organizan fiestas infantiles en sus locales, originando que más niños consuman sus nocivos productos.

Los fabricantes de comida chatarra han bloqueado la aprobación del reglamento de la Ley 30021, con sus aliados en la Sociedad Nacional de Industrias. Maquiavélicamente, las empresas emplean inclusive a nutricionistas, quienes públicamente buscan desviar la atención sobre la comida chatarra para señalar que la verdadera causa de la obesidad es el sedentarismo. La estrategia de cooptar nutricionistas está pensada a nivel global: en noviembre Coca Cola le auspició a la Sociedad Latinoamericana de Nutricionistas su congreso en Punta Cana.

Este comportamiento premeditado es similar al de las tabacaleras estadounidenses, que llegaron a pagar estudios “científicos” para demostrar que el cigarrillo no era la causa del cáncer. Entretanto, su publicidad asociaba el cigarrillo a imágenes de libertad, juventud y actividad física, pese a que su uso más frecuente es en situaciones de tensión.

La ausencia de escrúpulos es mayor cuando la víctima de la actividad empresarial no es  un cliente, como ocurre en los casos de contaminación.  Pensemos en los escolares afectados por la empresa Gloria y en los recientes derrames de petróleo en la Amazonía por parte de Pluspetrol y Petroperú y la posterior explotación de menores de edad para limpiar el crudo.

En ocasiones, los daños que genera la falta de escrúpulos empresarial son poco visibles, como ocurre cuando las agencias de publicidad y los anunciantes socavan la autoestima colectiva de los peruanos con sus estereotipos racistas.  Naturalmente, ellos dirán que no es su intención causar daño, sino sólo vender productos.  En general, toda esa forma de actuar de los empresarios, tan irresponsable sobre las consecuencias de sus actos, me recuerda al niño que juega con fósforos.

En teoría los propios ciudadanos deberían abstenerse de adquirir los productos de una empresa sin escrúpulos. Sin embargo, quien fuma un cigarrillo, lleva a su hijo a comer comida chatarra, o compra una botella de tres litros de gaseosa, lo hace precisamente porque su situación emocional le impide manejar las consecuencias de su comportamiento.

Es por ello que el rol del Estado es fundamental, a través de normas y regulaciones para proteger a los ciudadanos, desde las advertencias en las cajetillas de cigarrillo y botellas de bebidas alcohólicas, a las que tantas empresas se opusieron en el Perú.

Es interesante saber que, muy cerca de acá, en Ecuador,  las advertencias se extienden a los alimentos, para informar cuáles tienen cantidades excesivas de sal, azúcar o grasas.  En México, además, se ha establecido un impuesto de un peso (aproximadamente 20 céntimos) por cada litro de gaseosa que ha tenido mucho éxito en reducir el consumo, especialmente entre los más pobres, quienes después tendrían más dificultades para enfrentar un tratamiento médico por diabetes y otras enfermedades.  Este mismo impuesto ha sido aprobado en Chile y en Inglaterra.

En el Perú, en cambio, no solamente se ha bloqueado el reglamento de la Ley de Comida Chatarra, sino que algunos congresistas, como Luis Galarreta, Juan Carlos Eguren y Lourdes Alcorta han promovido su derogación.

Entretanto, en el colegio de Nepeña, continúan las consecuencias de la irresponsable fumigación del grupo Gloria: los alimentos de Qali Warma almacenados para los niños ya no pueden ser utilizados por la contaminación.

A pocos días de las elecciones, es lamentable saber que ninguno de los candidatos plantea terminar con las prácticas empresariales nefastas. Solamente la consciencia y la organización de los ciudadanos podrá generar un cambio.

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