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EL ÚLTIMO GOLPE

La noche del 5 de abril de 1992, el Perú vivió uno de los peores momentos de su historia republicana: el cierre intempestivo de toda forma e institución democrática. El jurista Aníbal Quiroga León nos hace recordar en esta columna, que en ese momento de decisiones complejas, donde se demuestra de qué madera están hechos los hombres, existieron personas que se condujeron con honor.

Por Aníbal Quiroga León

Cumplidos 25 años del último golpe de Estado esperamos sinceramente que sea el último de nuestra azarosa vida republicana, tan salpicada de interrupciones y generosa en dictadores y caudillos.

La noche del 5 de abril Gonzalo veía la TV como millones de peruanos y, de pronto, la programación de los programas políticos dominicales se vió interrumpida con la aparición en cadena nacional de la imborrable figura de Alberto Fujimori (AFF), hasta ese instante presidente constitucional.  En la irrupción anunció un autogolpe de Estado, gestado desde la misma presidencia, irrogándose el derecho de “disolver” el Congreso, cerrar el Poder Judicial, el Tribunal de Garantías Constitucionales e intervenir la prensa.  Como todo golpe que se precie de tal, estaba secundado por las FFAA y FFPP —previamente cooptadas— dando lugar a que las calles se llenen de soldados, policías y tanques.

Empezaron las frenéticas llamadas entre los amigos para saber si lo que se había visto y escuchado era lo que se había visto y escuchado, tratando de avizorar las consecuencias inmediatas.  Gonzalo trabajaba en el mismo Despacho al que había pertenecido el hasta esa noche premier De Los Heros, así que al amanecer del lunes 6 lo llamó y Alfonso le invitó a su casa a donde se dirigió de inmediato.  Recibió un testimonio de primera mano: el ahora ex premier no tuvo idea de lo que había sucedido, que había estado en un programa político hablando sobre el gobierno y sus planes inmediatos y que se había ido a su casa luego de la entrevista.  Tanto no sabía que había despachado el carro oficial y su seguridad, así que al ser llamado de urgencia al Pentagonito, coordinó con otros ministros la asistencia sin intuir la gravedad de lo acontecería, siendo Joy Wa quien pasó a recogerlo con su vehículo oficial.

En el Pentagonito fue recibido por AFF y el ministro Briones, con cara de estar en la jugada y de haber dormido poco, y le fue comunicado que habría un importante anuncio.  Puestos en una sala con pantalla gigante se soplaron la perorata de AFF, luego de la cual se produjo un imponente silencio. Solo hubo tres disenciones; de Alfonso, del ministro de agricultura y del ministro de justicia Vega.

AFF trató de explicar lo que había dicho, ante lo cual Alfonso le dijo que, con todo respeto, no podía seguir colaborando con el nuevo régimen y que lo dispensara.  El de agricultura presentó su renuncia escrita y Vega cambió de opinión continuando con el régimen  dictatorial instaurado esa noche.  Al día siguiente juramentó un nuevo gabinete con nuevos y antiguos ministros, pero sobre todo con nuevo premier. Alfonso se había apeado con la mayor dignidad de un desbarro político nacional e internacional.   Lo demás es historia conocida.

 

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