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EL PELIGRO DE LAS SECTAS

“Una cuestión sumamente preocupante es que, a diferencia de años anteriores, están avanzando a organizarse política y masivamente. Convocan a manifestaciones y hacen llamamientos, incluso a la vacancia presidencial. Su financiamiento es incierto. Incitan a sus feligreses al odio, a la intolerancia y hasta a atacar físicamente a quienes consideran producto del pecado. Tienen canales de TV y programas de radio. Ya tienen parlamentarios.”

Por: Diego Neyra Ontaneda

Antes del Putsch de Munich de 1923, pocos eran los que creían en verdad que el nazismo se haría con el poder efectivo en Alemania, incluso entre los más combativos antifascistas. Sus ataques, dirigidos rabiosamente contra los judíos, utilizaban la falacia de que los males morales y económicos de la sociedad germana eran inyectados por estos, a quienes calificaban como no humanos. Por supuesto, detrás existía un programa político destinado a detener y recortar las libertades y derechos que las clases trabajadoras empezaban a conquistar o demandar gracias al avance del peligroso discurso bolchevique y judío. Sobraba la propaganda en la que semitas devoraban a hermosos niños arios. Los nazis, subestimados en un inicio, resultaron con la victoria completa poco tiempo después.

Salvando el abismo histórico que la analogía permite, presenciamos hoy en América Latina el avance de una tendencia religiosa y política que, en un inicio minúscula, está cobrando cada vez mayor fuerza: la de las sectas cristianas fanáticas. En Colombia, dirigidos por Álvaro Uribe, el ex-presidente vinculado al paramilitarismo, contribuyeron decididamente a la victoria del No en el plebiscito que buscaba terminar la guerra con las FARC, difundiendo la mentira de que en los acuerdos se proponía el matrimonio gay. En Brasil, fueron sus diputados y líderes decididos promotores del golpe de Estado contra Dilma Rousseff.

En el Perú hemos visto y oído en estos meses las expresiones más deleznables de homofobia, machismo e intolerancia. Al líder del llamado Movimiento Misionero Mundial exhortando a matar a dos mujeres si son encontradas teniendo sexo; al periodista Philliph Butters llamando a destituir a la ministra de educación con el argumento de que los adolescentes trans y bisexuales deben tener un problema gravísimo de identidad sexual (cosa desmentida por todas las academias de medicina y psicología dignas de respeto); a parlamentarios del fujimorismo utilizando las instituciones del Estado para sus prédicas homofóbicas y su ejerciendo como pastores evangélicos; a los jerarcas de la Iglesia Católica haciendo eco del mensaje de estas sectas; a los líderes de los partidos políticos hacer mutis total; a una turba de creyentes atacando a un grupo de rock luego de que una líder evangélica señalara a este género musical como obra satánica. En fin.

Una cuestión sumamente preocupante es que, a diferencia de años anteriores, están avanzando a organizarse política y masivamente. Convocan a manifestaciones y hacen llamamientos, incluso a la vacancia presidencial. Su financiamiento es incierto. Incitan a sus feligreses al odio, a la intolerancia y hasta a atacar físicamente a quienes consideran producto del pecado. Tienen canales de TV y programas de radio. Ya tienen parlamentarios.

Algunos internatuas han llamado la atención de que uno de sus carteles más llamativos muestra a una persona de camisa naranja rescatando a un niño de la figura del Presidente. Obviamente no se trataría de una coincidencia. El partido que mejor los ha representado desde siempre es el fujimorismo y sin duda aprovechará en organizar a esta tendencia a su favor.

Por ello, el análisis no puede caer en el facilismo de creer que solo se trata de intolerancia religiosa. Esta corriente ultraconservadora empieza a cobrar vida política propia. Es heterogénea y no necesariamente partidarizada, aunque con clara visión de organizarse para alcanzar el poder. He ahí la constante repetición de que el presidente saldrá de Palacio el 2021 (¿y entrarán ellos?).

El fujimorismo puede encausarlos, pero también pueden adquirir en pocos años la suficiente autonomía como para desbordar los causes de la decadente política liberal y constuirise en una fuerza que, a similitud del nazismo, cope todas las instituciones del Estado o, como en Brasil o Colombia frene los avances en materia de igualdad y derechos.

Una propuesta política contra-hegemónica no puede, entonces, considerar este peligroso avance conservador una postergable contradicción secundaria. No vaya a ser que, como con Valerie en V de Vendetta, no tarden también en venir por nosotros y, repitiendo el poema mal atribuido a Bretch, ya no quede nadie para decir nada.

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