Muñoz

EL DERECHAZO DE MUÑOZ

(…) “Con la elección de Muñoz, la derecha retoma la iniciativa política. Ya no necesita de Castañedas ni de Señoras K para gobernar. Hizo un primer ensayo con PPK, pero resultó un rotundo fracaso. Ahora lo ha logrado con Muñoz, al que supo presentar como el Mesías en el momento oportuno, gracias al acercamiento con el sector más aristocrático de Acción Popular. Si la campaña electoral hubiera durado un par de meses más, el todavía alcalde de Miraflores hubiera empezado a caer, al ser identificado rápidamente como el candidato de los ricos.” (…)

Por: Víctor Liza Jaramillo

Jorge Muñoz ha ganado la alcaldía de Lima como aquel equipo de fútbol que durante los noventa minutos tiene intención de anotar, aunque sin lucir; pero en los cinco de descuento hace dos goles y se lleva la victoria. Habría que añadir, empleando como comparación otro deporte, que en su último intento en la competencia de salto alto, “alguien” le puso la garrocha para que pase la valla y logre su mejor marca, superando a sus rivales. En el primer debate, le tocó correr solo, ante candidatos que no estaban a la altura y con un único contendor de riesgo como Daniel Urresti, no porque este sea un buen polemista, sino porque, nos guste o no, tiene llegada a sectores populares. Así, se llevó las palmas y creció.

Es allí donde entra la “garrocha”. En la encuesta mostrada seis días después, Muñoz figuraba en empate técnico con Urresti y con un Renzo Reggiardo caído en desgracia por su soberbia, gracias no solo a que podría haber subido, sino a que se jugó con el margen de error, posicionándolo como “el salvador” ante los impresentables que iban primeros hasta ese momento. Días después, Madeleine Osterling, Jaime de Althaus y Aldo Mariátegui, voceros de la derecha más tradicional, le endosaron su apoyo. Luego, las portadas del diario más vendido del país, consumido por gente del pueblo, comparándolo con un personaje de farándula llamado el Gringo Karl, le ayudaron a subir más; además de entrevistas amables en los programas de la televisión, con lo que el día antes de la elección ya le sacaba el doble de votos a Urresti. Así, con la “garrocha” mediática, la derecha impuso al nuevo alcalde de Lima.

Es probable que haya gente que cree que Muñoz tenía una buena propuesta para Lima. De hecho, no ha sido un mal alcalde en Miraflores; aunque su segundo período ha estado marcado por construcciones por doquier que impedían el tránsito de peatones y conductores; y un cuestionable estacionamiento debajo del parque Kennedy. Sin embargo, muchos se sumaron a la “muñozmanía”: algunos convencidos por los medios y las redes sociales; otros por afinidad de clase; cierta gente de sectores populares que llevan lo “aspiracional” en su pensamiento, producto del discurso del emprendimiento; y los demás porque “es un alcalde chévere y progre”. No vamos a decir que este segundo grupo sea un club de borregos, pero sí sabemos que los medios de comunicación colocan sentidos comunes y generan opinión pública. Así ayudó Jaime Bayly a Susana Villarán a ser alcaldesa de Lima, revelándose por única vez contra el orden establecido, que tenía como eterna candidata a Lourdes Flores. Así instalaron la inseguridad como el sambenito de todos los días, con los que produjeron a Reggiardo y Urresti. Al primero lo apapacharon bien por muchos meses; pero luego lo descartaron.

Con la elección de Muñoz, la derecha retoma la iniciativa política. Ya no necesita de Castañedas ni de Señoras K para gobernar. Hizo un primer ensayo con PPK, pero resultó un rotundo fracaso. Ahora lo ha logrado con Muñoz, al que supo presentar como el Mesías en el momento oportuno, gracias al acercamiento con el sector más aristocrático de Acción Popular. Si la campaña electoral hubiera durado un par de meses más, el todavía alcalde de Miraflores hubiera empezado a caer, al ser identificado rápidamente como el candidato de los ricos.

No es una victoria de Acción Popular como se ha dicho. Muñoz se acerca al partido hace tres años: no es un militante de base. Es cierto que el partido de la lampa se revitaliza con la participación de Alfredo Barnechea en las generales de hace dos años. Pero su militancia es la que ha estado trabajando, especialmente en otras regiones del país, donde ha logrado alcaldías; y uno de sus líderes más destacados, el excongresista Mesías Guevara, del ala “progresista” del partido, podría ser el próximo gobernador regional de Cajamarca. Si se impone, habrá una dura batalla por el control del partido; aunque igual los Barnechea y Diez Canseco tengan la ventaja de estar cerca del gobierno de Lima.

Tampoco es una victoria “sobre la corrupción”. Se dice que los partidos de la Señora K y el Señor AG, identificados con este problema, “no ganaron nada”, cuando los naranjas han logrado varias alcaldías en la región La Libertad, y disputarán algunas regiones en segunda vuelta; y en el caso del Apra, varios exmilitantes han logrado buenos resultados sin llevar la estrella en el pecho. Las marcas políticas han sufrido derrotas vergonzosas; pero algunos se camuflaron en gobiernos regionales. En el caso de los “fujimoristas”, algunos lo han sido en estos años por más conveniencia que por convicción. Y un aprista nunca deja de ser aprista, sea decente o corrupto. Y en el caso de Lima, la elección de Muñoz, un tipo que no es Castañeda evidentemente, tampoco debe ser presentada así: en varios distritos de la capital se han elegido personajes evidentemente corruptos.

Eso ocurre porque otro sentido común instalado por los medios es que “todos son corruptos”, cuando en la realidad no es así. Más allá de esta discusión, se ha llegado a esta conclusión: si todos son corruptos, nadie lo es. Entonces, los votantes buscan a quien les resuelva sus problemas, ya sean reales o porque los medios de comunicación los imponen. Nos guste o no, primero Reggiardo y después Urresti llenaron ese vacío, especialmente en los sectores populares. Ese vacío político es el que no pudieron llenar los partidos de izquierda en Lima, que tienen un problema de cultura política: se creen moralmente superiores a los demás partidos y votantes y les hablan a los convencidos, no al pueblo. “Cochero” Fernández Chacón salió algo del cuadro: al menos superó el punto y medio por ciento, y se proyecta como futuro senador de aprobarse la bicameralidad. Debe haber cambios de líderes y de mentalidad, pues de lo contrario la hegemonía de la derecha durará más tiempo de lo pensado.

Lo único bueno de todo esto es que, derrotadas (más no desaparecidas) opciones como el fujimorismo y el castañedismo, podemos volver a lo que es la política: el debate entre derecha e izquierda, entre conservadores y liberales. Algunos liberales progresistas han preferido subir al carro de Muñoz: ojalá les vaya muy bien. Otros preferimos ponernos al otro lado, ser críticos y estar atentos a la reconstrucción de un espacio cercano a las demandas popular

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