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El Calvario de un gordo

“…la pinta es lo de menos! Vos sos un gordo bueno! Alegre y divertido, sos un gordito simpaticón…”, dice el alegre estribillo de una canción. ¡Falso! Y lo digo por la experiencia. Acabé la universidad con 67 kgs —hace unos 10 años-, y luego de una alimenticia estadía en California, retorné con un peso cercano a las tres cifras. Y no me siento para nada “simpaticón” como dice aquella letra. Ser gordito es un verdadero dilema.

La ropa que tanto buscaste ya no te queda, o mejor dicho, no entras en ella. Si con las justas logras introducirte en ese que era tu pantalón favorito, te queda como malla, y si por mala suerte una flatulencia se asoma, ni la dejes escapar, que volarán las costuras.

Además, el verano, que es la época de vacaciones y diversión para el común de los mortales, se hace una tortura. Sudamos como chanchos al dar dos pasos y terminamos escaldados y con la lengua colgando.

Por si fuera poco, ir a la playa es un atentado a la dignidad. Este verano tuve que bañarme con polo, con la excusa de que “por problemas en la piel no puedo estar expuesto al sol”. Así que eso de que los gorditos somos alegres es una falacia, la procesión va por dentro, entre la piel y el músculo, donde se aloja la grasa.

De otro lado, está el bullying. A mi edad no me afecta mucho, supe agarrar suficiente carácter; pero me temo que para niños en el colegio y adolescentes, puede ser un suplicio peligroso el soportar la estulticia de los más idiotas de su grupo de pares.

Asimismo, se presenta otro problema en los que somos aficionados al fulbito. La gente cree que porque tenemos más volumen, cubrimos más el arco y siempre nos mandan de arqueros. A decir verdad, hay algo de cierto en ello y me gusta tapar; pero también piso mi pelota, algo me defiendo, solo que no me dejan demostrar toda mi sapiencia y talento con el balón.

Por si fuera poco, a la persona que diseñó esos asientos de fibra en los buses deberían demandarla en un juzgado por violentar los derechos humanos. Esos sitios están diseñados solamente para gente delgada. Personalmente, solo entra una nalga mía, tengo que sentarme de costadito. Es injusto. Felizmente, pocas veces uso el transporte público.

Y hablando de diseños, cuando abrieron la tienda Zara en el Jockey, yo todo fashion fui a comprarme una camisa. Lo único que me entraba eran las chalinas. Acabé comprándome un maletín para llevar a la oficina (aunque bien bonito). Ese tipo de tiendas deberían tener una advertencia que diga que es ropa solo para escuálidos.

Por lo demás, el tiempo y la poca vergüenza me han enseñado a aceptarme tal cual. Claro que me gustaría bajar de peso, y he hecho hago todo tipo de dietas y esfuerzos, incluso leí tres veces el libro del famoso doctor francés Pierre Dukan. Su mundialmente conocida dieta te promete una vida feliz en tu peso ideal. No obstante, no bastaba con leer libro para bajar de peso; sino que había que poner en pausa mi goliarda vida y seguir las recetas del libro. ¡Publicidad engañosa!: A mí solo me dijeron que lea el libro para bajar de peso. Como sea, fue el método que más me resultó. Bajé 5 kilos de un tirón, pero de allí se me hizo terriblemente aburrido eso de andar comiendo solo proteínas, y recuperé lo perdido con creces.

No importa. La mejor dieta es reírse de la vida. Hoy si voy a la playa, con toda concha me quito el polo, y si no fuera porque me pueden meter presto, hasta me calateo (ya he ido a playas nudistas donde pensaba que me iba a romper el ojo, pero el 99% eran personas de la quinta edad, que más parecían pieles de elefante secando al sol). Aún el sobrepeso me causa serias incomodidades en cosas tan cotidianas como amarrarme los pasadores o conducir mi auto con el canguro puesto a la cintura. Pero es lo que me tocó, y la verdad es que me veo un gordito formadito, tengo mi gracia. Y hasta en defensa personal, con la cara de nerd que tengo, me ha servido mi mayor peso: cuando un flaco se pone liso me voy como un tren encima y, al menos, un par de veces los he hecho correr. De hecho, cuando estaba flaco tenía menos suerte como pugilista y me paraban noqueando.

Así que si vives mi drama, ni modo; en serio trata de bajar un poco por un tema de comodidad y salud, pero siéntete fuerte contigo mismo, no dejes que te hagan sentir mal. Tienes dos opciones ante esos chicos fitness: considera que eres mucho atún y ellos poca lata, o mételes un buen panzaso. En mi caso, nadie le pega a un gordo con lentes, va contra las normas de la pelea callejera.

Bueno, ya me dio hambre, voy por una papa rellena.

Por: Eduardo Abusada Franco

 

One Comment

  1. Todo muy bien redactado e interesante saludos desde Chile

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