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“CON MIS HIJOS NO TE METAS”. Acción colectiva, opinión política y espacio público

“La acción colectiva “Con mis hijos no te metas” es un proyecto político popular que irrumpe en lo público, gestionado por “iniciadores” —que llama la ciencia política— que en este caso son las congregaciones religiosas, que en constante ensayo y error (como la organización de las marchas por la vida), desbordaron sus ámbitos de influencia y construyen un nuevo espacio de opinión política y de relaciones sociales públicas. Es decir producen una nueva realidad política que tiene la característica de estar en constante movimiento, que no solo son las acciones de protesta, sino y sobre todo producción de sentido, mediante la evangelización de una agenda política.”

Por: Marco Sipán

La gente ya no cree en los políticos. El congreso, los ministerios, la propia presidencia son para la gente en los barrios, en los mercados, en las universidades, en las calles, escenarios de corruptelas y negociados en contra de la gente. Esta situación es una crisis de representación política. La ciudadanía no confía en los políticos que fueron elegidos para representarlos dentro del gobierno y el parlamento.

En las últimas décadas de implementación del modelo neoliberal en el Estado, se han reducido los espacios de debate público y participación ciudadana. Esto ha producido que se generen nuevos espacios o reaparezcan otros, con la intención de ser interlocutores de la ciudadanía ante el Estado.

En una realidad como la peruana —compleja, fragmentada y dependiente, producto de la colonialidad del poder establecida desde hace siglos—  el imaginario eurocéntrico de la sociedad moderna que define la relación entre Estado, mercado y sociedad civil, pierde sentido sin progreso, igualdad y educación para el pueblo. Por lo tanto, tenemos regímenes políticos muy frágiles, que cada cierto tiempo entran en crisis. Oportunidades que han sido aprovechadas por diversos grupos dentro del mismo campo político, para acceder las posiciones más altas del poder.

El Perú transita una crisis de régimen, donde la deslegitimación de la política, genera indirectamente que otros espacios surjan y desde ahí se pueda construir opiniones políticas diferentes a las tradicionales (partidos, gremios, medios, entre otros). Las múltiples interrelaciones cotidianas de la población  son las que reconfiguran y crean nuevas formas de participación pública y nuevos relatos de significación sobre la sociedad civil y el pueblo.

Una de las falencia del actual sistema político es no contar con una red física y organizacional de espacios donde se debata lo público desde lo local hasta lo nacional; es decir, espacios donde participe la gente en las decisiones a todo nivel. Un deber que la teoría les había encargado a los ineficientes partidos políticos del actual sistema político.

La historia reciente de la movilización social y de la protesta ciudadana nos da muestra que la producción de opiniones políticas particulares de ciertos espacios como las organizaciones religiosas pueden ser productoras también de sentidos comunes dentro de la sociedad debido a la eficiente maquinaria con la cual pueden imponer sus discursos y competir por la hegemonía cultural dentro del campo político. Un ejemplo claro de ello, es la acción colectiva “Con mis hijos no te metas”.

Entender la articulación de organizaciones religiosas en la movilización “Con mis hijos no te metas” como acción colectiva, en el marco de la ciencia política y en especial en los estudios sobre los movimientos sociales, nos permite entender con mayor precisión lo que viene ocurriendo en el plano de la producciones de nuevos sentidos que siempre acompañan a los “vacíos” de producción de sentido dentro  de las crisis sociales, que son también expresiones simbólicas y discursivas.

Entender la acción colectiva “Con mis hijos no te metas” como una asociación de demandas conservadoras simplemente o un conglomerado espontaneo de voluntades que intentan defender los valores cristianos, no nos ayuda a comprender el fenómeno social, que evidenciamos, donde existe una situación donde la gente que activa en el campo religioso realiza acciones políticas  que modifican posiciones dentro del campo político. Y cuya acción se establece como un espacio transitorio donde existe participación pública y donde surge la enunciación de diversas opiniones, dentro de un marco reivindicativo general.

La acción colectiva “Con mis hijos no te metas” es un proyecto político popular que irrumpe en lo público, gestionado por “iniciadores” —que llama la ciencia política— que en este caso son las congregaciones religiosas, que en constante ensayo y error (como la organización de las marchas por la vida), desbordaron sus ámbitos de influencia y construyen un nuevo espacio de opinión política y de relaciones sociales públicas. Es decir producen una nueva realidad política que tiene la característica de estar en constante movimiento, que no solo son las acciones de protesta, sino y sobre todo producción de sentido, mediante la evangelización de una agenda política.

La acción colectiva “Con mis hijos no te metas” es también utilizado como escenario donde se promocionan liderazgos, donde se generan identidades, se mantienen un repertorio de actividades y reconocen colectivamente las ventanas de oportunidades que aparecen en enfrentamiento con el Estado.

Este espacio público, apela a mantener la situación actual, ante las supuestas “amenazas” a los intereses de sus actores. El discurso de negación “No te metas” es un elemento constitutivo de esta acción colectiva, que tiene como agenda negar las modificaciones curriculares que intentan integrar los contenidos de género en programaciones educativas. Las opiniones políticas hegemónicas dentro de la acción colectiva son las de mantener el statu quo. Y el movimiento es tan basto y muy bien administrado eficientemente por las organizaciones religiones que cumplen  sus objetivos.

Pero reconociendo, la sistematización de la teoría, que menciona que la fricción entre los grupos al interior de las acciones colectivas es permanente, es probable que esta acción colectiva entre también en reflujo pero ya para ese entonces habrá logrado alterar la institucionalidad y permitir a ciertos liderazgos aparecer en las mismas posiciones ocupadas por las fuerzas políticas dentro del Estado, situación que genera interés en muchos de los pastores y representantes de las organizaciones religiosas, interés que traslada de lo eclesiástico a lo político, de la mediación a Dios, a la mediación con el Estado.

La situación antidemocrática del Estado y los partidos tradicionales, al no tener espacios de participación directa de la gente, es aprovechada por las organizaciones religiosas que pueden en un ciclo de acciones colectivas reconfigurar una parte del régimen político. La pregunta que surge es: ¿Qué hacer para que no triunfen dentro de la acción colectiva las tendencias represivas, conservadoras y misóginas; y por el contrario se impongan las contra-hegemónicas?

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