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CAMBALACHE ELECTORAL

“Hay quienes hacen de la anticorrupción y la ética una profesión de vida y, desde esa atalaya, fulminan a quienes consideran, a solo juicio, que no cumplen con los estándares que ellos mismos han trazado de modo arbitrario, pero nada dicen de las graves acusaciones contra gobiernos a los que han servido como ministros (arrodillándose ante el presidente de turno) y/o como embajadores”.

Por Aníbal Quiroga León

La contienda electoral, como era previsible, se está encarnizando y —como ya los habíamos escrito— gracias a nuestro caótico sistema electoral que permite casi 20 candidatos (y candidazos) al Sillón de Pizarro, lo que termina haciendo de la propuesta electoral una lucha de todos contra todos, como en la Carrera de los Autos Locos.

Esta semana hemos escuchado las presuntas propuestas para la efectiva lucha contra la corrupción, grave mal generalizado en el país. Unas han sido desopilantes y otras lugares comunes repetidos casi por todos. Nadie ha propuesto realmente un plan integral verdaderamente efectivo que empiece por la educación escolar y la formación familiar que elimine ese mal de nuestro ADN nacional. Han sido alegorías para la tribuna.

Hay muchas y variadas formas de corrupción con la que se convive a diario y de las que nadie habla. Desde el pago a los policías, funcionarios y demás responsables de procesos e investigaciones para tener una primicia o acceso a documentos confidenciales, hasta el pago por el aviso cuando un famoso de la TV o de la política resbala por una comisaría.

Hay quienes hacen de la anticorrupción y la ética una profesión de vida y, desde esa atalaya, fulminan a quienes consideran, a solo juicio, que no cumplen con los estándares que ellos mismos han trazado de modo arbitrario, pero nada dicen de las graves acusaciones contra gobiernos a los que han servido como ministros (arrodillándose ante el presidente de turno) y/o como embajadores.

Tampoco se habla —ni se explica— cómo es que expedientes de colaboraciones eficaces que estaban atrasados terminan resolviéndose primero que todos cuando de importantes traficantes de armas se trata. Se exige a los demás meritocracia y concurso de méritos, y títulos académicos válidos, pero nadie habla de aquellos funcionarios que fueron nombrados a dedo por expresidentes a los que luego terminaron acusando —traicionando la confianza que éste mismo les dio— lavándose de ese modo la cara ante la sociedad. ¿Es o no una forma de corrupción?

¿Es o no una grosera forma de corruptela manejar ebrio, contra la ley vigente, asumiendo que se está en “piloto automático”, jactarse de ello, hasta que un enhiesto árbol de una apacible alameda, contra el que termina empotrado el fanfarrón, demuestra su grave error?

Quizás es por eso mismo, y porque a nadie importa en serio desterrar en verdad la corrupción enquistada en el seno de toda nuestra sociedad, de que la solo se habla para ganar votos, aplausos fáciles o puestos con los que hacer artificiosamente una profesión con la que vivir cómodamente instalados y, encima, en la nata de los hombres y mujeres justos y políticamente correctos de nuestra sociedad.

Hace ya algunos años, Enrique Santos Discépolo describió magistralmente —en un tango— esta realidad: “(…) Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador… ¡Todo es igual! ¡Nada es mejor!, lo mismo un burro que un gran profesor. No hay aplazaos ni escalafón, los ignorantes nos han igualao. Si uno vive en la impostura y otro roba en su ambición, da lo mismo que sea cura, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón…”

Mucho de esto presenta hoy nuestra fauna electoral. Leyes que se quieren dar con efecto retroactivo. Castigos de los enemigos. Transfuguismo y travestismo político disfrazados de elegancia o de pragmatismo. Quienes ayer juraban contritos de rodillas ante sus entonces líderes, hoy son sus más acérrimos enemigos y principales acusadores, sobre todo traicionando los secretos que antaño sus entonces mentores les confiaron. Y todo en nombre de la democracia y, sobre todo, como bien dice Serrat, en nombre de quien no tienen el gusto de conocer…

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Nuestra solidaridad con la Sra. Julia Panta, abnegada viuda del Héroe Nacional Mayor Luis Alberto García. Lamentable papelón de la Comandancia General del Ejército que ha postergado su inhumación en la Cripta de los Héroes como corresponde y como, penosamente, se ha dispuesto por orden judicial —previo proceso— porque a las actuales autoridades de Defensa no les daba la gana cumplir. Hay militares y militares: los hay quienes nunca pasaron de balas de salva en maniobras, y así han hecho su carrera, y los hay quienes han puesto el pecho por la patria, ofrendando con sacrificio su vida dejando a su familia en la esperanza que una patria agradecida los acogería. No ha sido así. La envidia, mal mortal en muchos, aún es generada por nuestros muertos. También Grau, Bolognesi y Leoncio Prado supieron de ingratitudes. ¡Loor al Mayor García!

Nota: Tomado de la revista Velaverde 01.02.2016

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