keiko iberico

AUNQUE EL FUJIMORISMO SE VISTA DE SEDA…

La vaca no se acuerda cuando fue ternera. Tal frase bien se le podría aplicar hoy día a parlamentario Luis Iberico. Lejos quedaron los tiempos en que el otrora cazador implacable de la mafia fujimontesinista presentó el video Kouri-Montesinos que hirió de muerte al régimen de la infamia. Ahora, en esos giros del destino que a los peruanos ya no deben sorprendernos, Iberico coquetea con el fujimorismo —y el Apra— en busca de su apoyo para alcanzar la presidencia del Congreso.

Por Eduardo Abusada Franco



Aunque esta situación me hace acordar a esa película de comedia ‘Locos por los votos’ con  Will Ferrell y Zach Galifianakis, la jugada no resulta cómica, sino más bien audaz. Pero audaz por parte de Keiko, pues si bien las críticas van en su mayoría hacia el parlamentario —que ya no tiene relación con Olivera—, se debe mirar el otro sentido del carril: ¿cómo es posible que Keiko se junte con quien destapó a su padre? Sin duda, la política no conoce de lealtades al pasado. Pero si ensanchamos un poco el lente y vemos estas jugadas políticas en contexto, se tienen lecturas interesantes. La primera que se desprende es que Keiko Fujimori busca desmarcarse del ala militar y de Inteligencia que fue el gran aporte de su padre a la construcción del fujimorismo. Para ello no solo se junta ahora con Iberico, sino que se acerca con el siempre volátil Fernando Rospigliosi (aunque, parafraseando a un escritor, Rospigliosi siempre ha sido del mismo partido: el de la mayoría). El acercamiento con ambos experiodistas, y especialmente con el exministro del Interior, le supone tener buenas relaciones con el gigante mediático que es El Comercio.  Hay que tener en cuenta que ya Martha Meier fue expectorada de tal medio, con lo que el puente que tenía el fujimorismo hacia El Comercio se rompió.

Ello en cuanto a cuadros políticos, pero sabemos también que Keiko busca ahora tener un equipo de tecnócratas. Es decir, busca un aggiornamento del fujimorismo desmarcándose de todo lo que recuerde a su padre y los años 90. En tal sentido, busca construir un fujimorismo más liberal y pro mercado, oponiéndolo al fujimorismo de dictadura popular, que fue el de su padre. Se trata de emular la experiencia de García: hacer otro gobierno que corrija los estropicios de los anteriores. En cualquier caso, la historia no olvida.

Si bien la movida parece inteligente, el lado flaco de tal renovación es que perderá ese arraigo popular que su padre supo construir. En buena cuenta, salen los cholos y entra los blancos. ¿Quiénes eran las columnas del fujimorismo de los 90? Pues el campechano Máximo San Román y el misterioso Absalón Vásquez. Ambos tenían esa base popular, arrastre en las masas y daban la imagen de lo ‘cholo’. Esos rostros se vienen perdiendo ahora en tiendas naranjas por los cuadros más tecnocráticos. Pero acá surge otro problema, que al virar hacia ese lado “derecho” del espectro, se encuentra que en el escenario ya hay candidatos con tal perfil: PPK y Garcia. Por tanto, la competencia aumenta.

Otro riesgo que surge para Keiko es que la carne viene con hueso. Dentro de su renovación tecnocrática ya están metidos los lobistas mercantilistas; con lo que serán inevitables los actos de corrupción en un eventual gobierno suyo. Evitaremos dar nombres de tales lobistas, pero dentro de esta línea de acción nueva, nos informan que incluso se piensa en una lista parlamentaria que no incluya leyendas del fujimorismo anterior, es decir, Martha Chávez y Luz Salgado. Ya hemos visto, anteriormente, que Carlos Raffo fue hecho a un lado y trató de reciclarse con Salvador Heresi utilizando las viejas estrategias de campaña chabacana (con bailes, estética chicha y poco discurso), que lejos de levantar a Heresi lo hicieron perder harto terreno en la justa electoral hacia la alcaldía de Lima. Lo dicho, se quiere borrar todo lo que pueda evocar a los años 90. Eso sí, cuidado con Yoshiyama. Aún tiene poder en predios naranjas.

Publicado en Diario 16 el 19.07.2015

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