ACLARACIÓN: ¡BASTA DE GUERRA SUCIA!

Desde hace una semana, o más, he sido objeto, junto a varias personas a quienes respeto y estimo mucho, de una sistemática campaña de difamación, desinformación y guerra sucia, propia del estilo fujimontesinista y sus aliados. Quiero decirle al señor Aldo Mariategui y a una gavilla de sicarios digitales en las redes que me están atacando, que la acusación según la cual “miembros del colectivo civil ‘No a Keiko’” y “humalientos” están detrás de las movilizaciones opositoras a Keiko y que serían ellos los responsables de la indignación nacional de miles de marchas cívicas contra el retorno del fujimorismo, es absolutamente falsa y no hace sino sumar un infamia más de las varias que ya conocemos y que le han quitado credibilidad al suspuesto periodista, si alguna vez la tuvo.

Por Elvis Mori

En tal sentido, estos sujetos no solo lesionan mi derecho al honor, sino que dan por cierta información no acreditada y ni siquiera investigada, no teniendo el mínimo de ética ni diligencia debida que debe tener cualquier profesional de la información.

No le di importancia a la “noticia” difundida por el señor Aldo en su columna del día 16 de marzo, a quien solo recuerdo por su apellido, porque su estilo periodístico se desacredita por sí solo. Pero cuando la desinformación huele a campaña sucia y sistemática, mejor es confrontarla con la verdad y la ética, valores que los especialistas en fabricar historias sucias no tienen. Está claro que investigar, cruzar información, buscar a los aludidos y aclarar, no es parte de su quehacer “profesional”.

El mismo tipo de campaña empezó el 2011, con calumnias desde las redes, donde los sicarios digitales fujimontesinistas, con perfiles racistas, machistas, homofóbicos y xenófobos nos llenaban de amenazas hacia nuestra integridad física y psicológica. Desde aquella campaña, no habido un día que no recibamos amenazas, hackeos de nuestros correos y de nuestras redes; algunas veces lo lograron, otras no… en fin. Toda la forma vil que tiene el fujimontesinismo de hacer política, como en los noventas —cuando te oponías te desaparecían y te asesinaban—, está de vuelta no solo en la maquinaria llena de difamaciones que ahora están desplegando contra mí persona y amigos cercanos apoyados por supuestos líderes de opinión, sino que también la vemos en las matonerías de campaña del que todos somos testigos.

Es importante decirles a quienes orquestan esta campaña de guerra sucia, y a todos los que han podido seguir esta retahíla de desinformación, que el rechazo al fujimorismo no se reduce al impulso del colectivo ‘No a Keiko’, que incluso sus miembros ya no son los mismos, del que no fui ni soy parte, pero que apoyé en la misma medida que lo hicieron miles de jóvenes movilizados; sino que se trata del empuje de millones de peruanos y peruanas con suficiente memoria nacional para repudiar el retorno del fujimorismo y sus aliados, el rechazo pacífico al periodo más nefasto de nuestra historia republicana. Además, hay que resaltar que son miles las organizaciones convocantes y que tienen diferentes liderazgos autónomos, como organizaciones de derechos humanos, colectivos civiles, grupos feministas, pueblos indígenas, universitarios, familiares de víctimas desaparecidas, organizaciones de barrio, etc.

De igual manera, como bien saben muchos de mis amigos, mi participación en las elecciones del 2011 fue la de un peruano comprometido desde las luchas por agua y desagüe para mi barrio en Lomo de Corvina, y desde las diferentes causas por los derechos humanos, que me hizo activista de Gana Perú en la campaña del 2011, como parte de una gran confluencia de organizaciones y ciudadanos de a pie que decidieron construir un proyecto político para ganar las elecciones e implementar un programa de cambio y transformación para el país.

Como es obvio, ese proyecto ya no existe, lo cual hizo que me alejara del Gobierno hace algunos años y marcara mi distancia y rechazara el nuevo rumbo —ajeno al inicial— que había tomado aquel proyecto por el que muchos dimos, literalmente, la vida.

Así que las imágenes públicas que circulan por ahí, usadas para tejer ponzoñosas historias, representan otra etapa—porque mis compromisos fueron y son públicos, de pura convicción, dando la cara: no son eventos en la Salita del SIN— y ahora son utilizadas de manera descontextualizas, montadas, y no resisten ni el más mínimo criterio de la investigación periodística y ni la rigurosidad política. Pero parece que no les basta con rebuscar imágenes y llenarlas de lodo. Ahora quieren ir más allá, haciendo historias donde mezclan vida social, política, familiar y laboral, trucando todo, asociando nada con nada, pero con suficiente rimbombancia estercolera para la operación sicosocial. Y lo más indignante, es que no solo tiene un uso político “criminalizador”, sino que afectan directamente a mi familia.

Y como estos orquestadores del barro con ventilador creen que todos son de su condición, es decir, que uno se compromete porque le pagan para hacer algo, les voy a decir que mi posición contraria al fujimontesinismo y mi compromiso con quienes venimos de las periferias, se forjó desde mis primeros años de vida; porque cuando cursaba mis estudios de primaria fui alimentado en diferentes comedores populares y Vasos de Leche, y todavía tengo fresca la memoria como para recordar que mi madre, junto a las dirigentes y beneficiarias de los Comités de Vaso de Leche y diversos comedores populares, eran obligadas a movilizarse a los mítines de Fujimori… porque sino lo hacían, no les llegaba los víveres y la leche a sus comités. Asimismo, las obligaban a colocar la foto del ‘Chino’ en sus locales, pues de lo contrario la ayuda sería mucho menos. Esto era el fujimontesinismo para la gente de abajo: chantaje al hambre y barrer con la dignidad del pobre.

Todo ello nunca se ha borrado de mi memoria ni de mi historia. Así como no se me borrará el recuerdo del brutal del ajuste económico fujimontesinista que hizo que miles de familias, como la mía, tuvieran que trabajar lavando ropa hasta desangrarse las manos, con la ilusión de tener unas monedas para comprar cualquier cosa con la que podamos llenar nuestro estómago. Esos periodistas de pacotilla, ahora sentados en sus sillones de terciopelo, no conocen del hambre que pasamos los que tuvimos que respirar el aliento de la mafia de Fujimori y Montesinos.

Quiero cerrar esto, denunciando que todo indica que esta sistemática guerra sucia, ahora auspiciada por muchos más intereses, como en los noventas con sus diarios chichas, tiene como objetivo desprestigiar las movilizaciones contra el fujimorismo, asociarlas de manera vil y sucia hacia intereses subalternos, y de esta manera desacreditar el esfuerzo de millones de peruanos indignados; y quien sabe, sembrar hechos de peor calibre.

¡Basta ya de este tipo de operaciones políticas encargadas de embarrar a la gente para desacreditar las luchas que defiende! ¡Basta ya de sembrar basura para generar sospechas! Como en los noventas, nunca bajaremos la guardia. Nunca más el fujimontesinisno se impondrá contra el Perú, nunca más la mafia, nunca más la violencia ni el terror. La democracia puede más y siempre vencerá

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