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ABOGADOS VS. PERIODISTAS

Hace años leí una entrevista en que una experimentada y famosa periodista quería poner contra las cuerdas a un abogado. Le preguntó algo así: “Y usted, ¿por qué siempre defiende a delincuentes, estafadores, corruptos?”. El abogado respondió: “Porque soy un abogado penalista pues, ¿acaso crees que la Madre Teresa se mete en estos problemas”.

La periodista era Mariela Balbi; y el abogado, el finado Marcelo Allemant, quien tenía un plus en su hoja de vida: fue también presidente del Deportivo Municipal. Será por ello que dejo en offside (‘orsai’, como dicen los argentinos) a su entrevistadora. Como se ve, la tensión entre abogados y periodistas es constante. Pero también es peligrosa, pues muchos periodistas tienen un desconocimiento preocupante de los más elementales Principios del Derecho. Y con tales errores generan corrientes de opinión falsas, como eso de que el Estado peruano es “laico”. ¡La Constitución no menciona la palabra ‘laico’ en ninguna parte!”.

Sin embargo, no se crea que escribo a favor de los abogados. Solo que hay unos puntos de choque entre ambos oficios que quiero comentar:

1.- El periodista suele convertir al abogado en “cómplice” de su cliente. Puede que lo sea, pero en términos legales no lo es. El derecho al ejercicio de la abogacía se debe respetar, y hay que tener en cuenta que el derecho a un debido proceso tiene rango constitucional y está recogido en varios tratados internacionales firmados por el Perú, que al ser de Derechos Humanos, hasta donde sé, adquieren rango constitucional (hay un interesante debate al respecto). Muchos ‘opinólogos’ y periodistas piden ‘pena de muerte’ como quien grita un gol del Checho cada vez que se habla de seguridad ciudadana y terrorismo. Además, está el argumento de que “por qué vamos a respetar los derechos de los delincuentes si ellos no respetan los nuestros”. Pues precisamente para eso, para que se mantenga el Estado de derecho. Hasta el más vil de los delincuentes tiene derecho a un debido proceso. De lo contrario, no solo seríamos también delincuentes, sino que el proceso sería inválido y el tiro nos saldría por la culata. En instancias internacionales perderíamos.

2.- Muchos conductores de televisión desconocen aspectos básicos de la comparecencia, sobre todo los de las mañanas. Cada vez que sueltan a alguien, por ejemplo, que atropella a una persona, se indignan y acusan a los juzgadores de corruptos (repito, puede que lo sean, pero estamos hablando de lo que dice la ley). Hay que tener en claro que existe la comparecencia simple. Dejarlo que vaya a su casa no quiere decir que salió inocente y se salvó, sino que el juez debe respetar los procedimientos establecidos. Claro, hay excepciones como el peligro de fuga, antecedentes, y otros. La persona será juzgada, pero sin estar detenida aún. El juzgador tiene reglas que respetar, sino comete falta e invalida el proceso.

3.- También suelen confundir la ‘presunción de inocencia’. Como su nombre lo indica, esta se presume, no hay que demostrarla (normalmente). Pero los periodistas exigen pruebas de inocencia al acusado. Es al contrario, quien acusa tiene lo que se llama la “carga de la prueba”. Esta es una garantía para todos, para los mismos periodistas, y que no venga alguien que solo por hacer daño acuse a uno de cualquier cosa. Basta mencionar como la prensa “sentenció” a Rosario Ponce y Paul Olórtiga, quienes eran inocentes, con su poderoso “juicio mediático”.

4.- En favor de los periodistas debemos decir que existe la ‘verdad procesal’ y la ‘verdad real’. En la primera, lo que al abogado le interesa es solo lo que está dentro del expediente. Así, uno en verdad puede haber sido el asesino, pero si no hay pruebas, no hay delito. Como dicen en el derecho anglosajón “no body, no case”. Esto salvó a Joran van der Sloot por el asesinato de Natalee Holloway. Evidentemente, la suma de indicios lo condenan, y acá sí fue la prensa la que descubrió la “verdad real”, pues un reportero lo grabó sin que él sepa casi confesando el crimen. Sin embargo, no hay cuerpo y no se le puede condenar por ello. Asimismo, existen también “prueban prohibidas”, que por su origen ilegal no se pueden presentar en juicio y que podrían ser esclarecedoras. Además, ya conocemos de sobre la prescripción de las penas. Pasado el tiempo máximo de condena, si el acusado no ha sido sentenciado, pues el delito prescribe, sabiendo todos que sí ha cometido el hecho. Esta es la ventaja del periodismo, que no está sujeto a tales marcos, a la ‘verdad procesal’. Es por eso que la crónica sigue resolviendo casos del siglo pasado, como lo hizo el buen Jorge Salazar respecto al crimen de Mamoru Shimizu en la novela “La medianoche del japonés”, en que aquel otrora famoso asesino resulta inocente, según el periodista, en una investigación hecha muchísimos años después de los hechos.

En resumen, tampoco es que los periodista deban ser jurisconsultos, pero cuando uno entrevista a alguien; por ejemplo, a un escritor, se prepara y cuando menos lee sus libros. En consecuencia, si los periodistas van a comentar temas políticos, que están íntimamente relacionados con el Derecho, deben prepararse más. Les recomiendo una lectura muy buena de primer ciclo de Facultad: “El sistema jurídico”, de Marcial Rubio. Si no saben quién es ‘Malulo’ o lo consideran muy caviar por ser rector de la PUCP, mejor cambien de rama del periodismo.

Por Eduardo Abusada Franco

Publicado en Diario 16 el 30.05.2015

Acá les dejo un ejemplo de falta de preparación en una conductora mexicana. Confunde a Stanley Kubrick con Spencer Tunick. Nótese la cara del su compañero. Ya lo decía Wittgenstein, aunque con otros fines, “de lo que no se puede hablar, es mejor callarse”. (No pongo ejemplos locales, pues no me gusta mucho eso del periodismo de periodistas, solo en algunas ocasiones en que vale la pena una pequeña “bronca”).

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