Skinner y su mama

36 AÑOS Y VIVO CON MI MAMÁ

“Eduardooo, ¿cómo se escribe ‘hemoglobina’?”, me pregunta a las 7.30 am. “Eduardooo, ¿’hereje’ se escribe con ‘h’ o sin ‘h’?”, pregunta 10 minutos más tarde. “Eduardo, ¿cómo se llama ese escritor que escribió ‘La divina comida o no sé qué…’?”, consulta 5 minutos más adelante. “Eduardooo, ¿cómo se pronuncia el nombre de ese congresista gordito calvo que le dicen ‘Techito’?”, dice al rato.



Al principio me pareció un acierto comprarle una Tablet a mi mamá y crearle un Facebook. El problema fue enseñarle a usar el dispositivo y la red. En un inicio iba descubriendo ella sola cosas y así ya no me interrumpía en mis labores. Pero una vez aprendidas las funciones básicas, sobre todo el cómo chismear con sus amigas, el tiro me salió por la culata. Mi madre supone que por tener un título de abogado y ser periodista, lo sé casi todo en el mundo. “¿Cómo, no sabes?”, se indigna cuando no sé contestarle algo, tal vez recordando el dinero invertido en mi educación. Le explico que en la facultad de Derecho no enseñan a pronunciar los apellidos de los congresistas, pero igual mueve la cabeza en señal de desaprobación y se va a mirar a Peluchín en la televisión.

Eso es algo de lo cual yo me agarro para contraatacar. Cuando me dice “han dicho que va haber guerra con Chile”; entonces le pregunto: “¿Cuál es tu fuente, Magaly o Peluchín?”. No obstante, aunque dude de la veracidad de sus fuentes de información, siempre tiene una respuesta en la punta de los labios. Alguna vez, hablando de historia, que es uno de los temas que me gustan, le pregunté para hacerla caer si sabía de quién se había divorciado Enrique VIII para irse con Ana Bolena. Tras pensarlo unos segundos me fulminó con su respuesta: “Yo en la vida privada de los demás, no me meto”. Definitivamente, más sabe el diablo por viejo que por diablo. Y continuó viendo Magaly.

Ya tengo 36 años y sigo viviendo con mi mamá y mis dos nanas, Elsa y Tina. Algunos me critican, sobre todo mis psicólogos; pero la situación tiene sus pros y sus contras. Lo malo es que en los televisores siempre se escuchan programas de farándula; el esperpento ese de ‘Esto es guerra’; y todas las telenovelas que existan, sean turcas o nacionales. Ciertamente en mi casa hay un matriarcado. Lo bueno es que nunca me falta el café caliente y la cama tendida. Hemos llegado a cierto acuerdo: yo procuro el sustento económico y ellas, cuando entro a la cocina a comer (que no son pocas veces), me cambian de programa de televisión. Así, vamos más o menos bien. Hasta creo que ya incluso me caen bien. Para consolarme pienso que grandes personalidades como Marcel Proust tuvieron una relación determinante con sus madres. Pero, siendo sinceros, mi situación más asemeja a la del director Skinner de Los Simpsons, aunque a veces también vaya en busca del tiempo perdido.

Por su puesto que tampoco faltan las tensiones, sobre todo cuando critican que me ponga medias blancas con zapatos. No entienden que los calcetines son muy delgados. Por ello, varias veces me he planteado la posibilidad de vivir solo, pero ellas aún no se quieren ir de la casa. En fin, así es la vida. Lo que te toca, te toca. Sin embargo, a los que aún nos quedan uno a dos padres vivos, con nuestras diferencias y todo, debemos disfrutarlos, pues, como sabía Héctor Lavoe, nada dura para siempre. Por cierto, mamá, te lo dejo acá por escrito para que no me lo preguntes cada cinco minutos: ‘Bruce’ se pronuncia ‘brus’, no ‘bruch’.

Por Eduardo Abusada Franco
Publicado en Diario 16 el 27.07.2015

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2 Comments

  1. Eduardo. Muy ameno artículo.
    Contiene un mensaje interesante de cambio.
    Felicitaciones

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