No somos corruptos, ni ‘mermeleros’; pero tampoco somos moralistas ni nos creemos los dueños de la verdad, ni pretendemos ser la reserva moral del periodismo en un país donde el periodismo aún no define lo que es moral.

Conocenos!

No somos vendidos, ni asalariados de nadie, ni escribimos por favor ni a pedido. Ni somos de grandes recursos siquiera. Como el legendario diario de Pelotillehue, somos una web pobre pero honrada. No agachamos la cabeza, ni doblamos las rodillas como no sea para levantar al débil y al caído.

Pero intentaremos hacer caer a los que se lo merecen. No somos temerosos de los poderosos, pero tampoco somos suicidas. Parafraseando a Javier Heraud, simplemente sucede que no tenemos miedo de morir entre tinta y papel (aunque esta sea una página web). Quiera el destino que la muerte nos sorprenda de pie.

No somos cínicos, por ello no creemos en eso de que la conciencia se alquila pero no se vende.

Claro que cometemos errores. Ya hemos cometido muchos y acá al menos hasta que nos dure la cuerda intentaremos corregir algunos. Bien lo decía un viejo periodista de la Edad del Plomo, “es admisible el error, pero inaceptable la venta de conciencia”.

Somos, finalmente, aquello de lo que estamos hechos: historias, soledades, muertes, traiciones, suicidios, putas nobles, corrupción, amores, desamores y más traiciones.




Eso es lo que somos y no somos y acá venimos a tomar la plaza.