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PALESTINA: CRÓNICA DE UN ASEDIO

“No me costó demasiado tiempo entender que en Palestina todo lo que hacen a diario los palestinos es, finalmente, un acto de resistencia. Enviar a sus hijos al colegio; abrir sus tiendas; visitar a sus parientes; plantar un olivo o un naranjo; tener un hijo, en definitiva, seguir viviendo”

Por Pablo Rivas Pardo [Reseña del libro ‘Palestina: Crónica de un asedio’]

La piedra angular del libro –y la razón de por qué fue escrito– es el viaje que hizo su autor, Daniel Jadue, por Palestina el año 2009, tras recibir una invitación de la Oficina de Negociaciones de la Organización para la Liberación de Palestina, con la intención de incorporarlo al grupo que organizaría la red mundial de la diáspora palestina.

Si bien el viaje era por un trabajo específico, el libro no trata sobre eso, en cambio, sus páginas relatan las impresiones de la estadía de Jadue en Palestina, principalmente entre Beit Lehem (Belén) y Ramala. En el libro cuenta su difícil entrada a Palestina, el complejo traslado entre las ciudades, el reencuentro con amigos, conocer a parte de su familia y contar los incidentes que vivió. En pocas palabras: experimentar ser palestino en Palestina.

Esta crónica de viaje la escribe desde estatus como palestino de segunda generación en Chile, activista pro palestina y militante del Partido Comunista. También en las páginas del libro se nota cómo su profesión de arquitecto y soció- logo inciden en el lenguaje de lo escrito, en la observación de cómo los palestinos viven y perviven en ciudades que no son libres y carecen de autodeterminación.

Quien lea el libro encontrará sentimientos muy íntimos que tiene que ver con relaciones humanas, y reflexiones sobre hechos que atentan contra principios de un sistema internacional, como es la imposibilidad de ejercer el derecho al desarrollo y vivir libre de temor.

Ejemplo de lo primero, son los alegres encuentros con amigos de tiempos muy pretéritos, algunos desde hace más de 20 años. Similar sensación es la que detalla Jadue al reunirse su familia, los Hadwah, en un almuerzo con casi cincuenta de ellos, en Beit Jala, ciudad donde –él cuenta– hay una escuela llamada República de Chile. Pero la alegría que florecía chocó con la realidad.

Al transitar por Palestina, el relato toma conciencia de la ausencia de independencia en el desarrollo normal de la vida de las personas, en cita del autor: “en la medida en que la ocupación se hacía cotidiana y comenzaba a estar en todas partes. Comencé a sopesar de verdad lo que ha significado la dominación para mi pueblo en estos sesenta y cinco años interminables” (pp. 72) transmitiendo la mala sensación del diario vivir de los palestinos, entre colonos israelíes que los desplazaban y los amenazaban constantemente.

Una demostración de la ocupación es el capítulo “El muro de la vergüenza” (pp. 81), muro que corta Beit Lehem a lo largo, por medio de casetas de vigilancia, creando verdaderos guetos que segmentan la vida de la ciudad.

Es así que el ser palestino en Palestina se resume con la siguiente refl exión del autor: “no me costó demasiado tiempo entender que en Palestina todo lo que hacen a diario los palestinos es, finalmente, un acto de resistencia. Enviar a sus hijos al colegio; abrir sus tiendas; visitar a sus parientes; plantar un olivo o un naranjo; tener un hijo, en definitiva, seguir viviendo” (pp. 87) y junto con eso: “lo más común es que aquello que uno planifica nunca salga como se espera, siempre gracias a la ocupación” (pp. 115) describiendo con claridad que todo se hace bajo una situación de constante asedio.

Tras los días de trabajo en Ramala, Jadue decide regresar por uno de los posibles caminos de vuelta a Beit Lehem, Kalandia, que en el apartado del libro lo titula: “El lugar de la Tierra más cercano al Infierno” (pp. 115) en el que relata uno de los episodios más estresantes que vivió. Lo anterior, por el caos y los tiros al aire por parte de las fuerzas de seguridad israelíes, desproporcionado –según señala– en razón de que el alegato hecho era por estar esperando, sin razón aparente, para pasar un punto de control.

Otro episodio amargo es el diálogo que sostuvo con un hombre mayor al cual lo estaban desalojando de su casa. Sucede que Jadue le contó que era palestino y que vivía en Chile, a lo que él le respondió: “no eres palestino, si fue- ras palestino estarías acá, resistiendo y no en Chile” (pp. 137) lo cual fue duro y complicado, ya que por primera vez vio un rechazo contra él durante su viaje por parte de los suyos, siendo contrario a los palestinos que se alegraban cuando uno de los suyos regresaba a su territorio.

Más adelante señala el encuentro casual y luego reunión casi secreta con el doctor Barghoutti, creador de la Iniciativa Nacional Palestina. La sensación descrita era de encontrarse con un gigante de la causa común, que la vida lo llevó a conocerlo en una manifestación –contra la construcción de una caseta de vigilancia– que terminó muy mal, similar al relato de Kalandia, con disparos y personas corriendo.

Cerrando este comentario, rescato dos afirmaciones sobre la cuestión palestina. Una, cuando Jadue dice “llegué a la conclusión de que lo más grave de todo era, en definitiva, que en una sociedad enferma, lo enfermo comienza a
parecer sano, y lo sano, como anormal” (pp. 183). La otra es que si bien lo ideal para él sería un Estado multicultural, es sincero y pragmático al afirmar que: “dos pueblos dos estados comienza a convertirse en una posibilidad real de solución al conflicto” (pp. 197) sería lo más viable.

Vale precisar –y a modo de reflexión– que Daniel Jadue tomó un avión a Jordania, ya que no es posible un vuelo directo a Palestina y esperó alrededor de seis horas para pasar por el punto de control israelí entre Jordania y Beit Lehem. Entonces y de manera muy optimista, la sociedad internacional será mejor cuando el vuelo sea directo, ya que habrá resuelto un problema que ella mismo creó.

Por último, coloco una cita de las primeras páginas del libro: “los derechos inalienables del pueblo palestino, que incluyen el retorno, la autodeterminación y el establecimiento de un Estado independiente en Palestina” (pp. 9) no son respetados, en consecuencia, Palestina es una cuestión de principios de toda la sociedad internacional, y no de ser partidario de una u otra parte, siendo un asunto de carácter universal no local.

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* Palestina: Crónica de un asedio. Daniel Jadue. Editorial: Inmaterial Inmedia, 2014, Chile. 224 páginas. País:. ISBN: 978-956-9427-03-9.Cientista Político y licenciado en Ciencia Política de la Universidad Diego Portales. Actualmente se desempeña como asesor en el Consejo Académico Consultivo de Estudios e Investigaciones Militares del Ejército de Chile. 

Nota: Tomado de Revista Política y Estrategia Nº 123 – 2014

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