LA IGLESIA QUE VIENE FORMANDO EL PAPA FRANCISCO

(…) “En esa ciudad, el arzobispo Bergoglio tuvo que lidiar con problemas como la explotación a los inmigrantes, la trata de personas, la corrupción y las personas sin techo. Hacia esas problemáticas de exclusión ha orientado su discurso como Papa, disminuyendo considerablemente el énfasis condenatorio sobre temas de carácter sexual o familiar (divorcio, aborto, relaciones prematrimoniales, anticonceptivos). Él ha insistido en los problemas del medio ambiente, los refugiados, los derechos de los trabajadores, los derechos de los presos, la condena a la economía de descarte, como considera al sistema neoliberal, y la lucha por las tres T de los pobres: techo, trabajo y tierra” (…)

Por: Wilfredo Ardito Vega

Mientras en países como Argentina o Bolivia los movimientos populares se han vinculado mucho al Papa Francisco por sus críticas a la economía neoliberal, en el Perú se tiene una visión sobre él mucho más recelosa. Parece que se le percibiera como una versión vaticana del cardenal Cipriani, con sus penosas intervenciones en defensa del fujimorismo y atacando los derechos sexuales y reproductivos.

En realidad, el Papa Francisco en los últimos cinco años ha promovido cambios sumamente radicales al catolicismo tradicional, que no han sido adecuadamente difundidos en el Perú, al punto que muchos creen que viene a promover conformismo y resignación, según el rol tradicional de la Iglesia.

A mí me parece que para entender al Papa Francisco, en primer lugar se debe considerar que es el primer Papa que proviene de una megalópolis, como es Buenos Aires, una ciudad mucho más grande y compleja que Milán, Ratisbona o Cracovia, por mencionar las sedes de algunos de sus predecesores.

En esa ciudad, el arzobispo Bergoglio tuvo que lidiar con problemas como la explotación a los inmigrantes, la trata de personas, la corrupción y las personas sin techo. Hacia esas problemáticas de exclusión ha orientado su discurso como Papa, disminuyendo considerablemente el énfasis condenatorio sobre temas de carácter sexual o familiar (divorcio, aborto, relaciones prematrimoniales, anticonceptivos). Él ha insistido en los problemas del medio ambiente, los refugiados, los derechos de los trabajadores, los derechos de los presos, la condena a la economía de descarte, como considera al sistema neoliberal, y la lucha por las tres T de los pobres: techo, trabajo y tierra.

Sobre los anticonceptivos, que tanto obsesionaban a Juan Pablo II, no ha hecho mayor referencia en cinco años. En relación al aborto, lo ha mencionado muy pocas veces, normalmente en el contexto del rechazo a quienes “descartan” personas, como los que olvidan a los ancianos. Es más, ha dispuesto que el aborto es un pecado que cualquier sacerdote puede perdonar. Para los no creyentes esto puede ser incomprensible, pero a muchas mujeres católicas les ha permitido reconciliarse con su Iglesia.

Otro cambio notable que ha ayudado a muchos católicos es permitir que los divorciados, vueltos a casarse por civil, puedan comulgar si así lo autoriza la respectiva conferencia episcopal, como ha sucedido en Suiza, Alemania, Malta, Buenos Aires, Bélgica, Campania y Sicilia.

En relación a la homosexualidad, después de su famosa frase: ¿Quién soy yo para juzgar a un gay?, ha mostrado su apertura en muchos momentos: en su viaje a Estados Unidos recibió en la Nunciatura a un amigo homosexual y su pareja (puse una foto en mi blog). En el Vaticano ha recibido al Primer Ministro de Luxemburgo, quien también es homosexual y también llegó con su pareja. Ha realizado una serie de nombramientos de obispos (McElroy en San Diego) y cardenales (Tobin en Newark, Cupich en Chicago, Nichols en Londres) abiertos a la población LGTBI, al punto que se organizan grupos de católicos LGTBI en las parroquias, con una pastoral especialmente dirigida a esta población.

James Martin, el jesuita estadounidense que ha señalado en varias publicaciones la necesidad de que la Iglesia se siga abriendo a la población LGTBI, ha sido nombrado por Francisco asesor en comunicaciones para el Vaticano.

En cuanto a la población trans, es conocida la acogida que Francisco brindó a Diego Neria, transexual español, a quien invitó junto a su novia a una reunión en el Vaticano, tras enterarse qué sufría discriminación en su parroquia.

La mayor rigidez del Papa es en cambio con el sector conservador: ha retirado de sus puestos a los poderosos cardenales Raymonde Burke (que controlaba el nombramiento de obispos) y Gerhard Müller, muy cercano a Gustavo Gutiérrez, pero muy conservador en otros aspectos. Ha sido muy severo con quienes tenían posiciones desafiantes como la Orden de Malta y los Franciscanos de la Inmaculada. Ese es el contexto en el que ha dispuesto la intervención en el Sodalicio, dejándolo a cargo del obispo colombiano Noel Londoño. En Antioquia, donde labora, Londoño es conocido por sus enfrentamientos a las empresas mineras, lo que lo convierte en alguien con mucha experiencia enfrentando grupos poderosos.

Respecto a todos los cambios que el Papa ha promovido, Cipriani se ha mantenido callado, sin respaldarlo ni criticarlo, a diferencia de otros prelados conservadores. Dos de ellos, Gabino Miranda y Guillermo Abanto, ambos cercanos a Cipriani, fueron destituidos a los meses de la llegada de Francisco por sendos escándalos sexuales.

Es evidente que el cuestionado presidente Kuczynski y los grupos de poder económico perciben la visita del Papa como un mecanismo para distraer a la gente. Sin embargo, confío en que muchos que tienen poder económico, político o religioso, quedarán expuestos en sus responsabilidades sobre una sociedad que sigue siendo profundamente injusta.

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