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Érase una vez un barrio, Santa Cruz.

Entre Miraflores y San Isidro hay un barrio. No eran ni miraflorinos ni sanisidrinos. Entre dichos distritos había un enclave de descendientes de esclavos negros, luego de obreros y pescadores, y también de contrastes. Entre esas dos zonas “pitucas”, existía una zona roja. Hoy se sabe que ese lugar se llama Santa Cruz, que pertenece a Miraflores, y que está llamado a convertirse en la zona más exclusiva de Lima.

Por Eduardo Abusada Franco


[esta crónica la publiqué en agosto de 2013]

Era el primer viernes de un mes 1942. No había pistas ni veredas, y en lo que es ahora la calle Mendiburu con Torre Ugarte, se levantaba una simple capillita. El Padre José Trivió fue a guardar el Santísimo después del Rosario. Apareció entonces el negro Cirilo, flaco y alto como un guerrero zulú. Vivía por la zona de La Siberia, el lado más pobre dentro de la urbanización Santa Cruz, cerca al cuartel San Martín, por la calle Córdova. El moreno se arrodilló frente al cura y llorando le imploró que vaya a La Siberia a bautizar a su negrito enfermo. Aquel enviado de Dios lo pensó dos veces y prefirió asistir la cena que tenía en la casona del señor Barrantes, dueño de laboratorios, en la Av. Del Ejército.

En aquel tiempo no había una sola farmacia en todo Santa Cruz, y el Urbanito demoraba en pasar y no llegaba cerca de la Asistencia Pública. No había siquiera un burro para llevar al niño. Lo atendió un médico del cuartel, pero no había mucho por hacer. Los negros pobres hicieron una colecta para un cajoncito blanco que llevaron en hombros hasta el Cementerio de Miraflores, hoy en Surquillo, por la Av. La Mar, descalzos como era su costumbre. Sí, en Miraflores había un barrio de negros, descendientes de esclavos. En Miraflores, por la zona de “la Santa Cruz”, los negros no se iban al cielo.

Cuenta la historia…

Lo narrado lo recuerda, como testigo presencial, el Dr. Eduardo Portocarrero, quien llegó al barrio en 1937. Su familia había comprado el terreno en 1925 a 50 centavos de la época el metro. Negociazo. Aunque es dentista de profesión, o “sacamuelas” como él dice, ha escrito cinco libros, dos de ellos referidos a Santa Cruz; y es también fundador del Centro Cívico  Patriótico Santa Cruz – Miraflores. “Francisco Pizarro, en el siglo XVI, dona las tierras con indios y todo a las órdenes religiosas. Ésta parte le toca a los Dominicos”, explica el dentista-historiador.

En 1850, esa orden religiosa vendió lo que Pizarro había entregado “hasta los barrancos” (Ojo: también el Malecón) a Mercedes Lavalle, viuda con siete hijos. Cuando ella murió, sus hermanos vendieron las tierras a Adrián Bielich, quien terminó de forjar la hacienda Santa Cruz. Los hijos de Bielich cortaron la hacienda en 1912 para hacer el camino a Magdalena o “el Camino de la Magdalena”, el único que comunicaba la zona sur de Lima, y lo que vendría a ser luego la Av. Del Ejército, nombre que le dio Augusto B. Leguía por el primer centenario de la Independencia.

El nombre de Santa Cruz, contra lo que muchos incautos sostienen, no tiene nada que ver con Mariscal Andrés de Santa Cruz. El militar boliviano nunca pisó el barrio. Sucede que los dominicos marcaron la entrada a su propiedad, que bajaba por el río Huatica, que hoy corre bajo la Av. Santa Cruz, con una enorme cruz, enfrente de donde hoy está el colegio San Silvestre. Jorge Cárdenas, antiguo vecino de la Av. La Mar, corrobora esta versión con los cuentos de su madre: “Decía la gente antigua que cuando uno venía de lo que es hoy la Av. Aramburú en dirección al mar, veía en el horizonte una cruz. No sé si será leyenda o cuento de mi madre”.

Ahora uno tiene por dicho barrio el rectángulo que forman la Av. Del Ejército, Mendiburu, La Mar y sus bocacalles, pero no siempre fue así. “La hacienda Santa Cruz era enorme. En buena cuenta viene desde Comandante Espinar hasta el límite con Magdalena, inclusive iba hasta San Borja. Para hacer la Av. Arequipa tuvieron que cortar la hacienda. Si usted va a ver el Hospital de la Fuerza Aérea, en Aramburú, al frente va a encontrar un barrio que se llama Chacarilla de Santa Cruz”, explica Portocarrero.

Tal era la extensión de la hacienda que habían acá ocho huacas. Una de ellas es hoy un pedacito de huaca que queda frente al colegio Belén, que era el mirador de lo que fue el primer aeropuerto comercial del Perú, el de Santa Cruz, que fue erigido cuando Elmer Faucett compró un gran lote en 1928.  Y fue, a su vez, la primera fábrica de aviones de América del Sur, donde se fabricaron 32 naves. Una de la serie de esas avionetas es la que está en exhibición, como una mariposa disecada, camino al aeropuerto Jorge Chávez, fue la que abrió una ruta por los Andes rumbo a Buenos Aires marcando un récord mundial.

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Los tiempos cambian: Calle luna, calle sol

Recién a mediados del siglo pasado se acabó la hacienda, se hicieron las veredas y la centenaria cruz dominicana fue retirada. Desde luego, desaparecieron también las huacas. Los antiguos descendientes de esclavos de la hacienda, pese a ser ya libertados, aún se consideraban esclavos y se quedaron viviendo por la zona, haciendo trabajos menudos.  Ellos, en los años 40s, traían agua en latas a lomo de burro desde el chorrillo de los acantilados. Vendían a 5 centavos la lata.

A mediados del siglo XX, se hizo también barrio obrero. No obstante, pese a la fama de zona “maleada” en los años 80s y 90s, Santa Cruz era un barrio de contrastes. Familias como los Garrido Lecca, los Miró Quesada y los Pedraglio vivían por la zona. Verdaderos “palos gruesos” como el propio Pedro Venturo y el General Marín, tenían sus casonas por el vecindario. Incluso Francisco Morales Bermúdez cuando era teniente, iba al barrio a cortejar a Rosita Pedraglio, mucho antes de convertirse en felón y Presidente del Perú, y la tomó como esposa.

En los años 80s empezó a devenir en la zona “roja” de Miraflores. Surgieron barras como “Santa Cruz Grone”, y estaba la siempre temida La Siberia, llamada así porque carecía de agua y electricidad, como la ruda y cruda zona de la Rusia oriental. También era legendaria la zona conocida como el Chaparral. Allí, en un terraplén de una bajada a la Costa Verde, simplemente conocida como “La Bajada”, los pescadores Emilio Torres, el viejo Aspíllaga y los hermanos Cerro instalaron sus carpas y se formó un pueblo joven de pescadores. Con el tiempo se volvió una zona picante, de bravos entre los bravos. Tras ser reubicados en Ventanilla sus moradores, se construyó después allí el Parque María Reiche.

Sin embargo, para los vecinos antiguos, la gente maleada venía de otras zonas. “De otros lugares venían y robaban, una vez vi como a una chica la querían meter a la fuerza a un taxi”, narra la señora Delia, quien lleva 20 años viviendo en la cuadra 7 de Mendiburu y se dedica a la venta ambulante de gaseosas y panes con palta y huevo. Asegura que todo cambió con el “gordito que se murió”. “Con Andrade empezó a cambiar todo, tuvo que organizarse con la gente que vivía para el lado del malecón. Antes de Andrade no había Serenazgo, y la Policía venia una hora y se iba. Ahora ya no veo esos problemas de seguridad”, explica.

En el mismo sentido, doña Maruja Alzamora, quien lleva 48 años viviendo en el interior 12 de lo que era uno de los corralones, y que fuera regidora municipal y durante 25 años perteneció al Comité del Vaso de Leche de la zona, asegura que la cosa está tranquila. “A mi solar le decían el ‘Barco Hundido’ o ‘Las 5 puñadas’. En el patiecito era bravo. A las 6 pm teníamos que encerrarnos en nuestras viviendas. Se ponían fumones, llegaba gente cortada, sangrando, la Policía venía. Siempre había líos. Ahora ya no venden droga, está tranquilo. Esa gente se fue muriendo”, rememora. Junto a los otros 46 propietarios de su solar lograron adquirir la propiedad del mismo, de 2,500 m2, al Banco Comercial del Perú en liquidación.

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Una antigua esquina del barrio

Gentrificación y gastronomía

En buena cuenta, la gentrificación es un fenómeno del urbanismo que explica cómo un barrio se pituquea. “La gentrificación es un fenómeno urbano que se inició en los años 90s en los Estados Unidos, cuando una generación de nuevos profesionales jóvenes empezaron a buscar alternativas al estilo de vida suburbano, el de las afueras de las ciudades, donde carecen de espacios públicos, dependes totalmente de un carro y el encuentro con el vecino es muy ocasional. Gentrificación es lo que está pasando ahora en santa Cruz”, teoriza el geógrafo Bernardo Nieuwland, quien a la sazón es vecino del barrio desde su infancia y es especialista en desarrollo internacional y planificación urbana… y a quien una sola vez le han arranchado el reloj en el barrio.

El geógrafo explica que dentro de este fenómeno, esa nueva clase joven y pudiente busca a hacer su vida profesional dentro de las ciudades; sin embargo, no contaban con que esas zonas urbanas ya estaban ocupadas con gente de ‘otra clase’. “Eran concentraciones de pobreza, y en los EE.UU particularmente de minorías étnicas: negros, latinos, chinos, etc. Entonces la industria inmobiliaria vio la forma de publicitar estos centros como espacios de vida alternativa, espacios de vida exótica, donde puedes tener gastronomía exótica, donde puedes ver festividades culturales y artísticas; y comenzaron a construir departamentos elegantes, que en un principio serían más barato, para estos jóvenes en estos barrios pobres”, puntualiza.

Pero como sucede en todas las sociedades postcoloniales, como los es también el Perú y los EE.UU.,  la clase blanca dominante usualmente no se sienten cómoda compartiendo su espacio de residencia con otras minorías étnicas. La gentrificación trae esta contradicción, por un lado te ofrecen vivir en un barrio que tiene este exotismo cultural y gastronómico, pero por otro lado hay que vivir en un barrio que tiene fama de ser peligroso, donde se venden drogas, hay prostitución, etc. “Entonces, los gobiernos municipales entraron con planes de supuestamente mejorar las ciudades, pero elevan tanto los precios de las viviendas y de la vida en general, del transporte, que la gente pobre se tiene que ir de estos barrios, además de que se ven tentados porque el precio del suelo ha aumentado tanto que les hacen ofertas que no pueden rechazar, con lo que puede comprarse un departamento en mejores condiciones en otro barrio”, detalla Nieuwland.

Un ejemplo paradigmático del proceso de gentrificaciòn es el barrio del Soho en Nueva York, que era un barrio muy obrero en torno a la industria textil, y fue gentrificado y ahora es uno de los centros de moda del mundo. El ejemplo cae como anillo al dedo, pues en la cuadra 5 de la Av. La Mar se ha construido un edificio súper moderno y tecnológico que se llama Soho – Oficinas Boutique, el que con su nombre parece estar celebrando el fenómeno descrito.

Más allá de las dos caras de la moneda que trae la gentrificación, y que para los investigadores es tan buena como “siniestra”, el hecho concreto es que Santa Cruz ha sido visto como una zona privilegiada por el mercado inmobiliario en los últimos 10 años, y los cambios saltan a la vista. Mediante un simple recorrido por la Av. La Mar se puede ver hasta 19 locales gastronómicos de lujo, como los icónicos Pescados Capitales, La Red, Embarcadero 41, y La Mar, este último del infalible Gaston Acurio. Asimismo, en las calles aledañas hay muchos otros restaurantes no menos importantes y glamorosos como El Mercado —de Rafael Osterling—, Fatoría, El Rocoto, Caplina, o la ya archifamosa Grimanesa, la tía de los anticuchos más célebres de Lima, quien también se ha mudado para el barrio.

Siguiendo el ejemplo del Soho de Nueva York, hay que destacar que no solo se trata de gastronomía, sino que importantes firmas de moda y diseño se han instalado en la zona como Andrea Llosa, SABZ, Contemporánea, entre otras.

Pese a las discusiones teóricas de los urbanistas, para los vecinos antiguos la cosa ha mejorado. “Como viene más gente por los restaurantes, ahora se dan cuenta donde quedan los servicios y donde pueden mandar sus cosas a arreglar. Nos ha beneficiado un poco con eso”, cuenta la señora Delia, nuestra vendedora ambulante de gaseosas. Esto es importante si se tiene en cuenta que es en Santa Cruz donde los núcleos burgueses de Miraflores y San Isidro encuentran mano de obra barata para gasfitería, albañilería, mecánica, etc. “Con los restaurantes hay más seguridad, es otro cambio en las calles, más limpio. Ya no ves muchachos tomando y fumando en las esquinas. El Serenazgo pasa más seguido”, señala la exregidora Alzomora, quien comenta que constructoras privadas les han ofrecido construirles departamentos residenciales de 80 m2, modernos y sin riesgo de colapso como en las viviendas que actualmente viven, a cambio de su solar.

Para Nieuwland no se trata de que el boom gastronómico haya desatado este fenómeno, sino que es parte de un todo que lo impulsa la industria inmobiliaria en la cual se engarzaron los restaurantes de la Av. La Mar y calles aledañas. Está concenvido de que Santa Cruz será el Manhattan de Lima. Por su parte, el Dr. Wilfredo Ardito, quien recientemente ha publicado una novela sobre gastronomía y sus implicaciones sociológicas y es activista defensor del patrimonio arquitectónico de Lima, señala que lo que sucede en La Mar “se trata de una nueva forma de gastronomía, que plantea que se realicen inversiones económicas, que las personas disfruten comiendo afuera lo que antes comían en su casa y que las personas acepten pagar elevadas cantidades de dinero. El caso de Santa Cruz es además llamativo porque era una zona pobre en un distrito con recursos económicos y parecía que no tenía salida. La decisión de Pescados Capitales seguida por otros restaurantes le cambió la cara a la zona, le quitó el estereotipo negativo y elevó los precios. Ahora es un lugar seguro”.

Donde una vez hubo un cuartel

El Cuartel San Martín fue inaugurado por Agusto B. Leguía, a la vez que la Av. Del ejército, por el primero centenario de la Independencia, en 1921. En principio se iba a llamar Cuartel Junín, como estaba indicado en el proyecto y el presupuesto, pero en el momento de la inauguración el gobierno argentino regaló por su centenario al Perú unos hermosos caballos blancos de los “Húsares de Junín”. En retribución, a Leguía, sobre la marcha, no se le ocurrió otra idea que ponerle al cuartel el nombre del libertador platense, tan gaucho como peruano. Fue un cuartel de caballería.

Hoy el cuartel es un terreno llano sobre el que se planea construir el centro empresarial y comercial más importante de Lima, lo que supondría revalorar la zona de Santa Cruz hasta la estratósfera, convirtiendo dicho barrio en probablemente la zonas más importantes de Miraflores.

“Hay todo un proyecto que está esbozándose e implantándose para conseguir el objetivo de la regeneración urbana de Santa Cruz. Tiene dos ámbitos, el residencial y el de servicios. En los servicios que se ofrecen la ciudad hay todo un proyecto de posicionamiento de la zona, sobre todo a través del eje de la Av. La Mar, como un corredor gastronómico que se viene consolidando en los últimos años. También hay tiendas de diseño que coexisten de manera complementaria y armónica; y contribuyen a consolidar cierto nivel. Todo esto se planea articular con la llegada del cuartel San Martín como un proyecto emblemático a través del cual se van a ofrecer servicios a la comunidad que en este momento no existen, como un centro de convenciones de nivel internacional, un centro cultural, entre otros”, detalla el arquitecto Carlos Ramírez, Gerente de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente de la Municipalidad de Miraflores.

El proyecto en cuestión lo está desarrollando un consorcio integrado por Graña y Montero y el Grupo Urbi, con las reglas de juego que puso la comuna miraflorina. “Estos requerimientos establecidos por nosotros son, por ejemplo, los usos: Tiene que haber obligatoriamente centro de convenciones de nivel internacional, hotel 5 estrellas, centro cultural. Y complementariamente otros usos que rentabilizan el proyecto, como un centro de oficinas de alto nivel, centro comercial, algún porcentaje  pequeño  de viviendas de alto nivel, etc.”, indica Ramírez. Explica también que supondría un beneficio para el tránsito, pues se desarrollará un by pass que conectará con la Costa Verde, y sumado a la extensión de la Costanera el nuevo centro empresarial accederá directamente al aeropuerto, sin semáforos; logrando así una ventaja considerable frente al centro empresarial de San Isidro, de difícil acceso, y que ya no se da abasto.

De la vieja cruz de los dominicos solo quedan líneas escondidas en los libros antiguos, y para la nueva Santa Cruz se vienen años de esplendor, y a su vez impredecibles.

BONUS:

– Un estudio realizado por Cecilia Montenegro señala que hasta el año 1991 existían en Santa Cruz 41 quintas, 80 corralones y 20 callejones con más de 10 mil personas hacinadas, sin agua potable ni desagüe. (Fuente: Cita del historiador Fernando Pinzás)

– El precio del metro cuadrado se ha elevado en Santa Cruz considerablemte. Actualmente, en los propios corralones que aun queden, tiene un valor de al menos $ 1,200 el m2, lo que en los años 80s costaba de 100 a 200 soles.

– El consorcio Gremco-Urbi pagó por el cuartel San Martín al Ministerio de Defensa S/.105.61 millones.

– El predio tiene una extensión de 68,400 m2

– El Consorcio planea invertir alrededor de US$ 300 mlls. en excuartel San Martín.

– Se proyecta construir un moderno centro de convenciones, que se complementará con un hotel 5 estrellas, un centro cultural, además de un gran centro financiero y un boulevard gastronómico. También se podrá incluir hasta 300 viviendas con áreas mayores a los 200 m2 cada una.

FOTOS DEL BARRIO:

 

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