Contaminacion Chillon

EL VALLE DEL RÍO CHILLÓN

(…) “Dicho estudio también incluyó análisis en los niveles de plomo en el aire y en la sangre de muchos habitantes en las cercanías a las riberas del Chillón. Luis Gomero, ingeniero agrónomo con amplia experiencia en materia ambiental, recuerda que algunos habitantes de Márquez estuvieron dentro del estudio, y que, en efecto, estaban contaminados con diversos elementos tóxicos. El plomo era uno de ellos.” (…)

Texto y fotos por: Nicolás Monteverde

Naciente de heladísimas aguas que emanan de glaciares tropicales, y que se conglomeran en la laguna de Chonta, sobre las alturas andinas de Canta, el río Chillón desemboca sus aguas muchos kilómetros más abajo en el Océano Pacífico, y funciona como división entre los distritos de Ventanilla, y el Cercado del Callao, ambos en la provincia constitucional del Callao.

Ahí, en el lado sur de la desembocadura al mar, se instaló el 26 de Enero de 1978 el asentamiento humano de Márquez, sobre el terreno antes fértil de lo que alguna vez fue el fundo Márquez. Cuenta la leyenda, según muchos vecinos antiguos del asentamiento que llegaron a vivir los últimos años de aquel fundo costeño, que fue un sacerdote con el apellido Márquez quien inició las labores agrícolas en la parte final del valle del Chillón. El paisaje antes agrario es ciertamente diferente al del paisaje industrial y precario que caracteriza la parte norte del Callao al 2017.

PLAYA MÁRQUEZ, 2014.

ASENTAMIENTO HUMANO DE MÁRQUEZ VISTO DESDE LA PLAYA, 2017.

Con la liberalización del mercado en la década de 1990, el progreso económico le abriría las puertas al inicio del apogeo de la industria informal en el país. Y con ella, las fábricas de textiles, curtiembres, y constructoras intensificarían sus labores. La industria informal del reciclaje de plomo, una de las más contaminantes en la zona, fue también una de las lacras medio ambientales que se asentarían en las cercanías del río.

Pronto el polvo de metales pesados se esparciría por el aire de buena parte del Callao marginal, y contaminaría también el agua del río. Un estudio elaborado en 1997 por el ingeniero Luis Gomero reveló que buena parte de la población en estas zonas de la ciudad contenían altísimos niveles de plomo en la sangre. Precisamente, por la contaminación acuática y aérea de estos.

Cerca de lo que antes se conocía como el botadero de La Cucaracha, se instalaron diversas asentamientos de recicladores informales de baterías automovilísticas, las cuales funcionan con plomo. A estos recicladores se les hacía más fácil realizar sus labores si se encontraban cerca de fuentes de desechos que contuvieran este tipo de baterías. El botadero de La Cucaracha tenía baterías de sobra.

A inicios del 2003, La Cucaracha fue concesionada a la empresa Petramás, la cual limpió la zona y la convirtió en un relleno sanitario. Sin embargo, en las cercanías de aquel lugar quedaron las instalaciones informales de los recicladores, quienes después decidieron dirigirse a nuevos botaderos para recolectar baterías y otros materiales reciclables.

El problema con ellos, explica Luis Gomero, y con sus actividades, es que la manipulación de artefactos que contienen minerales tóxicos, así como su transporte, generan un polvo que se mantiene en el medio ambiente. El polvo de plomo está presente en casi todo el Callao, y eso incluye a Márquez. Al asentamiento humano creado en la desembocadura del río a inicios de 1978, el plomo llega principalmente por dos vías: aérea, y a través del río Chillón. Incluso hoy, todavía hay gente en Márquez que utiliza el agua del río para realizar diferentes actividades, especialmente cuando el agua potable escasea o simplemente es cortada por Sedapal, la empresa estatal encargada de proveer agua potable y saneamiento a las casas de todo el país. Los cortes del servicio en algunas zonas como Márquez, ocurren con cierta frecuencia, según cuentan algunos vecinos.

En 1997 los gobiernos de Suecia y de Japón financiaron un estudio sobre los COPs (compuestos orgánicos persistentes), en el Valle del Chillón, sobre todo, en la parte más cercana al mar. El estudio lo realizó la RAAA (Red de Acción en Agricultura Alternativa).

Los COPs son componentes tóxicos que pueden mantenerse durante mucho tiempo en el medio ambiente, y que pueden ser acumulados fácilmente en cuerpos orgánicos. El gobierno de Suecia buscaba antecedentes alrededor del mundo sobre el daño y la persistencia de estos tóxicos. Así, podría liderar la redacción de un convenio que los regule y desaparezca en el largo plazo. Fue así como el gobierno sueco decidió financiar el estudio de la RAAA, organización que Luis Gomero dirige hasta hoy.

Dicho estudio también incluyó análisis en los niveles de plomo en el aire y en la sangre de muchos habitantes en las cercanías a las riberas del Chillón. Luis Gomero, ingeniero agrónomo con amplia experiencia en materia ambiental, recuerda que algunos habitantes de Márquez estuvieron dentro del estudio, y que, en efecto, estaban contaminados con diversos elementos tóxicos. El plomo era uno de ellos.

Al mismo tiempo, buena parte de las tierras agrícolas que se alimentaban del río Chillón, usaban una amplia gama de pesticidas, especialmente entre los 500 y los 1 000 metros sobre el nivel del mar. El agua que alimentaba las chacras retornaba luego al río, contaminada por los pesticidas, y finalmente llegaba también a la sangre de la gente que vivía alrededor.

De igual forma, ante la ausencia de una política pública de gestión de residuos en el Callao, los envases con remanentes químicos de plaguicidas fueron desechados en las riberas durante décadas. Todo ello provocó la desaparición de buena parte de la fauna acuática del río. Además, las riberas del río comenzaron a ser usadas por los habitantes de las zonas bajas, incluido Márquez, como depósitos de basura doméstica y desmonte. Al día de hoy, es común encontrar basura, basura quemada, y desmonte en los alrededores de las riberas.

Según Luis Gomero, el estudio nunca tuvo mucho eco en el país más allá de una pequeña manifestación que no derivó en ninguna ley o regulación estatal. Pero sí sirvió como uno más de los antecedentes que fueron la base del convenio de Estocolmo, que entró en vigor el 2004. Dicho convenio, ratificado por 181 países (incluyendo al Perú), establece una normativa internacional para tratar los COPs.

 

BASURA EN EL RÍO CHILLÓN, MÁRQUEZ, CALLAO, 2017.

LA CONTAMINACIÓN DESDE EL MAR

La playa de Márquez es considerada la playa más contaminada del país (según cantidad de basura y desmonte) de acuerdo a la ONG Vida desde 2016, año en que se registró una mayor cantidad de basura removida (en limpiezas de playas) que Carpayo, una playa chalaca, en el otro lado de la península. Según los voluntarios de esta organización, se removieron el equivalente a un kilo de basura por metro cuadrado, el doble que en Carpayo en esa misma jornada de limpieza. En Carpayo, la cantidad de basura encontrada ha disminuido significativamente debido a que la Municipalidad del Callao manda a trabajadores que la limpian cada día, pues cada día la corriente arrastra desechos marinos, sobre todo desechos derivados del desmonte de construcción civil.

En contraste, la basura almacenada sobre Márquez tiene una tendencia a aumentar, sobre todo luego del fenómeno climatológico del Niño Costero que se registró en el verano del 2017. Una de las causas es la basura que es arrastrada por el río Chillón. La otra es que la misma play de Márquez es usada como depósito de desmonte y basura. Y por último, los desechos que llegan desde el mar.

Si bien, según Vida, Carpayo fue la playa más contaminada por 17 años consecutivos, las enormes cantidades de desechos que varaban en sus orillas de piedras llegaban, sobre todo, desde las costas de los distritos de Magdalena y San Miguel. Las municipalidades de estos distritos contiguos permitieron por años el arrojo de desmonte de construcción civil, según Úrsula Carrascal, activista ecologista quien fue por años una de las principales voceras de Vida. Para Úrsula, una de las evidencias más palpables de que la industria inmobiliaria es la principal causante de la contaminación es el tipo de desechos que más se encuentra en las playas más contaminadas: tablas de maderas con clavos, palas rotas, martillos oxidados, planchas de tecnopor (poliestireno), redes de plástico naranja, cintas de plástico amarillo con mensajes como “PELIGRO OBRAS”, entre otros.

A mediados del 2014, el entonces viceministro de Gestión Ambiental del MINAM, Mariano Castro Sánchez-Moreno, responsabilizó de la contaminación marina a los distritos de Magdalena y San Miguel, y presentó como evidencias el tipo de desechos que la corriente arrojaba en las playas del Callao. Acusaba de que, bajo el pretexto de ganarle terreno al mar, “usaban” el desmonte de las construcciones, pero sin haberlas procesado primero. Semanas después, el Congreso de la República citó a los alcaldes Francis Allison y Salvador Heresi, alcaldes de Magdalena y San Miguel respectivamente, por las mismas acusaciones.

LIMPIEZA DE LA ONG VIDA EN LA PLAYA CARPAYO, 2014.

En Márquez los restos de construcción civil son también el tipo de desechos ¡más abundante. Algunos llegan por la corriente marina. Otros son arrojados en la playa como desmonte por albañiles y recicladores. Recicladores como Orlando Molina, habitante de Márquez.

Orlando Molina Cartagena nació en el Callao hace cuarentaicinco años, y dice dedicarse al reciclaje desde hace treintaisiete, cuando tenía ocho, “junto a papá”. Vivía en el barrio de Castilla. Orlando tiene un brazo inmovilizado. Cuando nació casi se cae de las manos del médico, quien tuvo que tomarlo por el brazo, lo cual lesionó sus cartílagos. Descuidos durante el tratamiento en su niñez provocaron que la articulación se endureciera como hueso. Un problema que podría mejorarse con una operación, “pero eso cuesta mucha plata”, agrega. Por ello debe empujar su carretilla repleta de desmonte con el único brazo que funciona adecuadamente: el derecho. Un vecino de Márquez ha remodelado su casa, y le encaergó a Orlando que se deshaga del desmonte. Él lleva los bloques rotos de cemento en su carretilla hasta la playa, donde los arroja. Asegura que esta es una actividad esporádica, pues la principal es el recojo de desechos para reciclaje. Vivir en Márquez es, de cierta forma, beneficioso para esa labor.

Orlando estima que dedicándose al reciclaje solo gana un aproximado de 50 soles semanales, dinero que a penas le alcanza para mantener el hogar que tiene con su pareja y sus tres hijos. En ocasiones, debe quedarse hasta altas horas de la noche buscando entre –literal– montones de basura. Toce cada minuto que conversa sobre su vida y su trabajo. Está agripado porque estuvo hasta las 11 de la noche recogiengo desechos en las riberas del río. “A esa hora hace mucho frío pero vale la pena porque hay buenas cosas ahí.”

Para Orlando, buenas cosas son los cuadernos que suele encontrar tirados por la noche en las riberas. Cuadernos que tienen papel suficiente para ganar veinte céntimos por cada uno. También hay días con suerte. Una vez encontró una tina. Plástico duro suficiente para obtener dos soles.

RECICLADOR INFORMAL EN PLAYA DE MÁRQUEZ, 2017.

CONSECUENCIAS DE LA CONTAMINACIÓN

Yuri Hooker, reconocido biólogo y fotógrafo submarinista, cree que la contaminación de construcción civil y otros tipos afectan principalmente a los seres más vulnerables del mar: las larvas y huevos del plancton. Según Yuri, un fenómeno que pasa desapercibido es cómo el plancton es afectado por la alteración química y biológica del agua donde están. Los cambios en la química y la entrada de distintas bacterias y virus serían los principales problemas de estos seres microscópicos. Yuri también está preocupado por las poblaciones de peces, pues cuando estos se encuentran en sus fases más tempranas, se alimentan de microplásticos, a los cuales no pueden diferenciar del plancton, así como de plancton contaminado con microplásticos.

El problema es muy grave si tomamos en cuenta que el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) reveló en Noviembre de 2016 que cada año 20 millones de toneladas de plástico llegan al mar. Y los denominados plásticos “biodegradables” suelen no degradarse, sino fragmentarse en muchos pedazos de microplástico, advierte Yuri, como las bolsas para las compras que suelen expenderse en supermercados como Wong y Metro. “Todo el plástico vertido al ambiente desde su invención sigue ahí”, afirma. Según otro preocupante estudio de las Naciones Unidas, para el 2050 habrá, en toneladas, tanto plástico en el mar como vida marina.

GAVIOTAS EN LAS ORILLAS DE PLAYA LOS PESCADORES, CHORRILLOS.

Pero además del problema con las alteraciones químicas y biológicas en el mar, también está el fenómeno de la turbidez del agua. Las rocas y sedimentos que son arrojados por toneladas al mar generan mayor turbidez en esta, por lo que los rayos solares no pueden entrar muy profundo en el agua. “A un metro de profundidad ya no hay nada de luz. Es oscuridad permanente. Esto genera que todas las algas mueran, y no hay productividad primaria, por lo tanto, en el fondo no hay vida”.

Según Laurence Maurice, del Instituto de Investigación para el Desarrollo (IRD) de Francia, citada por el diario “El País” de Colombia, un millón y medio de animales muere anualmente por la presencia de plásticos en el océano.

Úrsula Carrascal también advierte del terrible daño que algunos tipos de basura generan en el mar. Las bolsas plásticas, por ejemplo, suelen ser ingeridas por tortugas marinas, las cuales normalmente se alimentan de medusas (conocidas más popularmente como malaguas). Una vez ingeridas estas pueden provocar la muerte del reptil acuático por inhanición o por asfixia. Las cañitas de plástico, también perjudican seriamente a esta especie, puesto que suelen introducirse en las fosas nasales de este animal.

El poliestireno, más conocido en Lima como tecnopor, tiene también terribles consecuencias en la fauna marina y costera. Tanto gaviotas como peces suelen ingerir las pequeñas partículas, usualmente esféricas, que se desprenden de este material, pues no están adaptadas para diferenciarlas de su alimento, como los huevos de peces.

LA SOLUCIÓN

Desde el ecologismo se habla de practicar las “3R”: Reducir, Reusar, Reciclar –en ese orden–. De esos tres, la acción de reducir el consumo de basura no degradable, sobre todo de plásticos, es el más importante, porque implica frenar la industria, y cortar la circulación de plásticos. En Perú, organizaciones como Vida, o campañas como “HAZla por tu playa” intentan generar conciencia de distintas formas sobre los peligros que implica no cambiar el ritmo de consumo que la sociedad tiene para con los plásticos. HAZla, campaña nacional de limpiezas de playas que comenzó en 2013, y al momento es la que más voluntarios moviliza en el país, utiliza precisamente a las limpiezas que organiza como herramienta para concientizar sobre la contaminación, asegura Marysol Naveda, coordinadora nacional de “HAZla por tu playa”. “Más que remover toneladas de desechos del mar, nosotros queremos concientizar a más gente. Para nosotros saber que cierto año recogimos más basura que el anterior es una mala noticia, porque significa que hubo más basura en las playas”.

MARYSOL NAVEDA, COORDINADORA NACIONAL DE HAZLA POR TU PLAYA, DURANTE LA CAMPAÑA DEL 2017

En Lima, han aparecido ya algunas empresas que se dedican a producir cañitas con materiales orgánicos de origen vegetal que reemplazan a las de plástico, como “Ayru”. No obstante, las empresas que utilizan este tipo de materiales son la excepción y no la regla. “Qapac Runa”, es otra empresa dedicada a fabricar reemplazos de productos contaminantes. En su caso, son envases descartables fabricados a base caña de azúcar, livianos como los de poliestireno, y comenzó sus actividades en el verano de 2018. Esperemos que el cambio en el consumo y producción ocurra más temprano que tarde.

 

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