Belaunde

EL CONTRABANDO DEL SIGLO (XX)

En la década del 60 descubrió un entramado de corrupción de proporciones bíblicas. Se le conoció como el ‘contrabando del siglo’ e implicó a la Marina, la Policía, y a la más alta jerarquía militar y política. Se calcula que entre el 63 y 67 se evadieron 59 mil millones de soles, es decir, unos 440 millones de dólares al año.

Por Eduardo Abusada Franco / @eabusad

Al año siguiente Neil Armstrong lograría estampar la huella de su pie derecho sobre la superficie de la Luna. La humanidad daba un “un pequeño gran paso”, pero a miles de kilómetros de allí, un año antes, en el hemisferio sur de ese planeta que los cosmonautas miraban embelesados desde las escotillas del Apolo 11, la historia del Perú parecía involucionar.

El arquitecto Fernando Belaúnde, líder de Acción Popular (AP), electo en 1963 con el apoyo de la Democracia Cristiana, gobernaba el Perú hacia 1968 haciendo agua por varios lados. Francamente llegó con un ánimo reformista. Luego del vergonzante gobierno de Manuel Prado Ugarteche, depuesto por la Junta Militar del general Pérez Godoy, el arquitecto se presentaba como una esperanza fresca e incorruptible. Pero al poco tiempo la oposición y las fallas propias de un gabinete militar y las malas juntas de su grupo de codiciosos asesores  conocidos como los ‘carlistas’, empezaron a resquebrajar el régimen. Haya de la Torre, un legendario líder político que se pasó la vida poniéndole zancadillas a cualquier gobernante que no fuera él, en alianza con sus archienemigos odríistas, se encargaron de bajarle la llanta a cuanta reforma intentara Belaúnde. Además, el tema de la disputa de los campos petrolíferos de La Brea y Pariñas con la International Petroleum Company (de lo cual ya comenté en una entrega anterior), había minado la solidez de Belaúnde. La opinión pública empezaba a sospechar de la supuesta “honradez” del presidente. Se conocieron sendos casos de corrupción, pero el llamado ‘contrabando del siglo’, fue sin duda el más icónico de aquel periodo. Una inmensa red delincuencial institucionalizada que no distinguió jerarquías ni tintes partidarios.

LA PUNTA DE LA MADEJA

En febrero de 1968 el diario ‘El Comercio’ informaba del aterrizaje clandestino de un cuatrimotor de la empresa peruana de carga aérea Rutas Internacionales Peruanas S. A. (Ripsa). “La prensa reportó que en diciembre de 1967 el avión fue visto desembarcando su cargamento en una pista clandestina en el desierto cerca de la carretera Panamericana, a 260 kilómetros al sur de Lima. Este era apenas uno de muchos aterrizajes ilegales detectados”, narra Alfonso Quiroz en ‘Historia de la corrupción en el Perú’. Y fue la punta del gigantesco iceberg de contrabando que se rebelaría en los meses siguientes.

En 1966 y 1967 existía entre los opinólogos el lugar común de que el mayor contrabando tradicional se realizaba a través del puerto fluvial de Iquitos. No obstante, los hechos demostrarían que todo el litoral estaba prestado a tal actividad, desde los puertos (Callao, Mollendo, Salaverry, Chimbote, etc), barcos de la Marina misma, y las pistas de aterrizaje clandestinas o fantasmas. “Con esta alarmista campaña, destinada a atribuir los males del país a la relativa liberación tributaria (de promoción industrial) en Loreto, se pretendía levantar una cortina de humo para ocultar el verdadero contrabando masivo que crecía perfeccionado en todo el litoral costeño”, explica el incorruptible exdiputado Héctor Vargas Haya en su libro ‘Contrabando’, quien precisamente, desde una comisión que presidió en el Parlamento, investigó con pasión y a fondo este asunto. Vargas Haya hace notar que no solo se trataba del contrabando tradicional, ese del tipo aventurero que ingresa mercaderías burlando las aduanas sin pagar ningún concepto, sino, lo que en su opinión es más grave, de la defraudación aduanera. Esta última abarca: “Elusión del pago de impuestos, total o parcialmente, por medio del engaño, la malicia, las subvaluaciones, las falsas declaraciones, falsificación de documentos y adulteración de valores, calidades y precios de las mercancías importadas”. Explica que bajo esta modalidad el contrabando ingresa “legalmente”, pero se evade el ingreso al fisco mediante los medios mencionados. Es más nociva porque implica la participación necesaria de autoridades de todo nivel.

Tal práctica constante se hacía notar en el supuesto mal manejo fiscal. Había un gasto público excesivo, pero un bajo ingreso fiscal. La gente en Lima lucía objetos suntuosos a bajos precios y nacían fortunas personales con inusitada velocidad. En suma, no había que ser economista para darse cuenta que el Estado no estaba recaudando lo suficiente por la defraudación aduanera. En consecuencia, en septiembre de 1967 se llegó oficialmente a la devaluación monetaria.

Hay que agregar que la normativa se prestaba al contrabando, pues no había una ley que tipifique y sancione de manera clara tal delito, y los jueces no tenían expertise en tratar este fenómeno.  Recién el 28 de julio de 1966 se promulgó la Ley 16185, que le daba al contrabando y la defraudación la categoría de delitos.

"En el Perú, ser honesto es como ser leproso", Héctor Vargas Haya.

“En el Perú, ser honesto es como ser leproso”, Héctor Vargas Haya.

MILITARES AL DESCUBIERTO

Ya antes del avión de Ripsa, en 1966 el senador demócrata cristiano Héctor Cornejo Chávez, hizo referencia en la cámara a un informe oficial de 1965. “Dicho documento revelaba que varios exoficiales de la marina habían participado en un extenso contrabando a bordo de naves de la Armada Peruana. Las observaciones hechas por Cornejo Chávez hicieron que el vicealmirante Raúl Delgado, ministro de Marina, se presentara ante el Senado, admitiera el problema del contrabando en su armada y prometiera llevar ante una corte marcial a los responsables de la mercadería ilegal encontraba en la carga del BAP Callao en 1965” (Quiroz).

Pero no solo fueron el BAP Callao, al cual se pilló en su viaje número 22, sino que también se usó el BAP Chimbote en 1964 para estos fines, respecto al cual fue implicado y hallado culpable un director de la Guardia Republicana. Respecto al primer navío, fue encontrado culpable el ministro de Marina, el almirante Florencio Texeira, quien protegió varios viajes irregulares de ese barco. A medida que avanzaban las investigaciones,  varios altos funcionarios de la Marina, de otras entidades estatales y hasta un Director de la Policía Fiscal fueron desfilando por la Comisión Investigadora que se creó en la Cámara de Diputados para desentrañar el entramando de un contrabando de tentáculos insospechados. En los almacenes del puerto chalaco se halló mercadería valuada en casi 11 millones de soles, lo que representaba 44 millones de soles en evasión de impuestos.

Como ya se dijo, tales hechos colmaron a algunos congresistas y el diputado por la Libertad, Ramón Ponce de León, denunció en su foro la perversa maquinaria en la sesión del 6 de marzo de 1968. Incluso, miembros de la propia cámara terminaron involucrados, como el diputado Napoleón Martínez, quien usó “sus privilegios diplomáticos y exenciones de impuestos” para importar autos Mercedes Benz con buenos descuentos y libres de impuestos, para venderlos en el país con groseras ganancias. En su cinismo, Martínez dijo que en su defensa que muchos otros hacían lo mismo [no sé por qué me recuerda a Julio Gagó] y que el solo importó 9 autos y no 12 como se le acusaba.

A medida que se ahondaba en las pesquisas, más podredumbre se descubría. Se presentaron las cientos cartas cientos de requisadas por la Policía Fiscal a la importadora Novelty Suply, donde se explicaba cómo funcionaba esta telaraña de coimas, arreglos, influencias y presiones, y se tenía perfecto conocimiento del aparato estatal, así como de quiénes serían las personas susceptibles a corromper en cargos públicos. “…en la operación que te refería en la carta anterior ya no hay problema, el oficial aquel a quien ya tú conoces me ha solicitado poca cosa, ya le remití la refrigeradora y una radiola, y ya todo está hecho, creo que en ese asunto nos va ir muy bien”, decía, por ejemplo, una de aquellas descaradas misivas.

La Comisión, aunque de manera tenaz y valiente, solo pudo realizar sus investigaciones durante 7 meses. Todo se fue por la borda cuando Velasco perpetra el golpe del 3 de octubre de 1968. No solo se truncó la investigación que comprometía a una dura cúpula militar, sino que todo el archivo fue asaltado por los esbirros del nuevo gobierno. Durante el tiempo que funcionó sus miembros fueron constantemente amenazados, acosados y hasta quisieron sobornarlos. “Por eso, producido el octubrazo, secuestraron y quemaron obra incriminatoria, y lo que es más grave todavía, se incautaron —en una madrugada colmada de misterio y complicidad— de la copiosa documentación probatoria de los delitos perpetrados”, escribió el exdiputado Fernando León de Vivero.

Con el golpe de Velasco del 3 de octubre de 1968 se truncaron las investigaciones, y muchos militares no resultaron investigados.

Con el golpe de Velasco del 3 de octubre de 1968 se truncaron las investigaciones, y muchos militares no resultaron investigados.

Vargas Haya, combativo a toda hora y ya sin Comisión que presidir, preparó el libro “Contrabando”, pero agentes de seguridad de Estado asaltaron la imprenta con la primera edición. “No se debió a un robo cualquiera como interesadamente pretendieron sostener los diarios parametrazos, corifeos del régimen velasquista y las propias autoridades políticas y policiales, sino una vulgar y prepotente confiscación, mandada a efectuar por el gobierno militar de Velasco Alvarado para esconder las lacras sociales y la inmoralidad administrativa puesta en práctica por los mismos que frustraron el régimen democrático y detentaron el poder durante los siete años siguientes”, escribió. Solo años después el libro pudo ver la luz.

Bonus

BAZARES Y EXONERACIONES

La orgía del contrabando logró su clímax con las exoneraciones que tenían los bazares militares y policiales. A través de ellos se abrió una veta inextinguible para lucrar fácilmente.

El propio Vargas Haya explica así este modus operandi: “Si los bazares solo disponían de carta de crédito para importar valores hasta por diez millones de soles, compraban por más de cien millones, amparados en otras cartas de crédito de comerciantes particulares que no tenían inconvenientes en proporcionárselas, y así los bazares cubrían importaciones superiores a su capacidad autorizada. Cuando la mercadería arribaba a Lima, se distribuía entre sus adquirientes, pero, recordémoslo, importada por intermedio del bazar oficial tal o cual y no pagaban impuestos aduaneros, ya que los bazares contaban con expresas resoluciones de exoneración de derechos de importación y adicionales. Con este procedimiento simplista las empresas privadas, dedicadas a esta práctica, se beneficiaban con liberaciones astronómicas perjudicando a otras firmas honestas y, fundamentalmente, al presupuesto y al fondo nacional de divisas con la consiguiente fuga de monera extranjera no controlada”.

libro Contrabando

Quinta edición del libro “Contrabando”.

 

PUBLICADO EN DIARIO UNO

4 Comments

  1. Tenemos que recordar que la corrupción se encuentra a todo nivel y que en este país no existe ideología, lo único que cuenta es el bolsillo. Recuerden solamente lo ocurrido con Diez Canseco, político que por muchos períodos fue congresista. La historia del Perú independiente a la fecha es deprimente.

    • admin

      Estimada Gloria, es muy exagerado meter a JDC en el mismo saco. Posteriores investigaciones comprueban que fue una acusación sin piso.

  2. y la colonia lo heredo del Incanato?

  3. Se auto titulo de izquierda, por las tierras de la reforma agraria, se pago con bonos, por tierras que ivan a ser inproductivas (el algodon y la caña de azucar sufrieron una caida en el mercado mundial) y nunca se recuperaron, el petroleo no podia satisfacer el mercado interno, lo que tambien se pago, lo mismo en la mineria, en cuanto a los presos, cuantos peces grandes del contrabando cayeron presos (ninguno) sobre todo no los militares, los civiles y varios de ellos extranjeros.

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