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EL BOXEADOR BISEXUAL QUE MATÓ Y AMÓ

El peso welter, en mi opinión, es la categoría que ha dado los boxeadores más técnicos y sorprendentes de este deporte. Uno de ellos fue Emile Griffith, el primer púgil de las Islas Vírgenes de los Estados Unidos que llegó a ser campeón del mundo. Terminó su carrera con 85 victorias, 24 derrotas y 2 empates. Un maravilloso récord. Más maravilloso aún si se tiene en cuenta que durante 15 años, desde 1962, evitaba noquear a sus rivales y no hacerles daño. Es más, de sus últimas 23 peleas sólo ganó 9.

¿El motivo? Un fatídico 1962, específicamente el 24 de marzo, en el fabuloso e histórico Madison Square Garden, Griffith, quien se hizo boxeador profesional solo porque un peleador retirado vio su impresionante musculatura cuando este era adolescente, golpeó una y otra vez a Benny Paret hasta dejarlo inconsciente. Aun cuando Paret, un ágil y recio boxeador cubano, ya había dejado caer los brazos, Griffith solo pegaba. Escuchaba las palabras de su entrenador, el célebre Gil Clancy, quien le dijo que pegue hasta que Paret caiga recostado sobre su cuerpo o el árbitro pare la pelea. No dejes de pegar, Griffith. Nunca dejes de hacerlo. Era un luchador, un peleador, y los peleadores pelean. Así lo hizo. Ruby Goldstein, el réferi, dudaba en intervenir. Y Griffith siguió golpeando. Aunque no toda la pelea fue así. En los primeros rounds, confundido Emile Griffith, resistió los ganchos de Benny Paret. Hasta que algo saltó como un resorte dentro de él. Un instinto animal, una fuerza telúrica que lo cegó. El día anterior, durante el pesaje, Paret le dijo en castellano: “¡Maricón!”. No se lo dijo por cobarde, sino por gay. Y lo era. Era un secreto a voces que Griffith, fornido y masculino moreno, se acostaba con hombres y mujeres. Pero el boxeador no lo aceptaba, no sabía lo que era, no le gustaban las etiquetas de maricón o marica, solo sabía que le gustaban los hombres y las mujeres.

Y Griffith siguió pegando. Ya el brazo derecho de Paret se sujetaba casi involuntariamente sobre la segunda cuerda. Griffith estaba incontrolable, como narró el mismísimo Norman Mailer en un documental. Totalmente torvo lanzaba cruzados de derecha e izquierda, y el cuerpo ya inerte del boxeador cubano solo se apoyaba en una esquina del ring. Goldstein seguía dudando. Pero lo que no dudaba en aflorar era la rabia contenida del estadounidense. Maricón, maricón, escuchaba en la borrasca de su mente y el momento. Instante fatal e inapelable en el que los hombres definen su destino. Golpear y pelear, fue precisamente el destino del adolescente Emile; no vender sombreros, como lo hizo antes de conocer los guantes.

Al fin Goldstein detuvo la pelea cuando Paret era ya un muñeco de trapo sin voluntad, ingrávido. Diez días más tarde, en un hospital del Bronx, el corazón de Paret dejó de latir para siempre. Su familia culpaba a su rival, quien fue corrido a insultos del nosocomio cuando quiso visitarlo.

Al paso de los días, los expertos del deporte de los puños entendieron que la muerte de Paret solo fue un gaje del oficio. Un terrible riesgo, pero riesgo que los boxeadores deciden libremente correr. Digamos que el gremio del box perdonó al duro Emile Griffith y lo apoyaron. No podían dejar que la depresión se lleve a un campeón de tal talla.

Pero aún le esperaba otra épica paliza. Esta vez la recibió él, saliendo de un bar gay de Nueva York, ya retirado el boxeador, en 1992. Le dieron tal pateadura que estuvo 4 meses internado en un hospital, al borde de la muerte.

Desde ese encuentro de 1962 con Paret, la muerte, la homofobia, la rabia y la confusión, Griffith nunca fue el mismo. Nunca entendió muchas cosas, como a la gente; solo sabía tirar golpes y amar. Tanto a hombres como a mujeres. Murió el 23 de julio de 2013 con 75 años, dejando una gran lección. Lo dejó dicho así en una entrevista: “Cuando maté a un hombre estuvieron conmigo y me comprendieron; sin embargo, cuando amé a un hombre, me abandonaron”.

Es por eso, Emilie, que seguiste pegando. Si la vida te la espalda, tócale el culo; y si es a puñetazos, mejor.

Por Eduardo Abusada Franco

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