Echenique

EL BANQUETAZO DE JOSÉ RUFINO ECHENIQUE

HISTORIAS DE CORRUPCIÓN – I. El escándalo de la ‘consolidación de la deuda’, durante el gobierno del general Echenique, significó un robo gigantesco organizado desde el Ejecutivo que difícilmente haya superado cualquier otro Gobierno hasta hoy.

Por Eduardo Abusada Franco / @eabusad / eabusada@gmail.com

Al habla peruana, palabras como ‘cebiche’, ‘pollo a la brasa’, ‘matemáticamente posible’ y ‘poto’, le son tan habituales como ‘corrupción’. Alguna vez, conversando con mi buen amigo Santiago Bullard —joven periodista de atrevida pluma—, llegamos a la conclusión de que si en este país no existiera la corrupción, el peruano se deprimiría. El peruano, es pues, un poco como el polaco: gusta hablar de política gran parte del tiempo; con la salvedad de que el peruano en realidad no habla tanto de política, sino de corrupción. Tampoco es que tal crimen sea patrimonio nacional, no. Sin embargo, como alguna vez me hizo notar en una entrevista —la única que le hice— el pintor Fernando de Szyszlo citando al incomprendido César Moro: “En todas partes se cuecen habas, pero en el Perú solo se cuecen habas”.

Hecha esta derrotista introducción, en estas páginas, tras la recomendable lectura del libro de Alfonso Quiróz, “Historia de la Corrupción en el Perú”, voy a tratar de reseñar algunos de los más emblemáticos casos de nuestra historia. Disculpen la falta de academia de quien suscribe, y mucho me hubiera gustado consultar al propio Quiroz, pero el erudito falleció antes de tiempo, apenas publicado su libro. Como suele pasar en esta vida, los buenos se van pronto. Pero acá quedamos los malos, para recordarles a otros malos sus trapacerías. El primero que abordaremos sea probablemente el más corrupto de la temprana República: El presidente y general José Rufino Echenique.

ES MI TATARABUELO PERO NO SÉ NADA

El subtítulo no es cierto, porque el hombre sí sabe. Alguna vez el escritor Alfredo Bryce Echenique dijo que su tatarabuelo, José Rufino Echenique, había sido el presidente más corrupto del Perú hasta que llegó Fujimori. Buen humor el de Bryce, y hay que reconocerle mérito a ‘Fuji’, pues no es fácil ser el primus inter pares en un rubro muy peleado.

Echenique, quien se enroló en el ejército del general José de San Martín —aunque se inició como otros egregios padres de la patria en el ejército español—, nació en Puno, y desde pequeño tuvo que vérselas solo. A los cinco años, cuando la revolución de los hermanos Angulo y Pumacahua, en un viaje a Arequipa en que iba con su tío, este fue asesinado a garrotazos, según cuenta el propio Echenique en sus memorias. Igual suerte corrió su padre, también a garrotazos, a manos de montoneros en Huarochirí cuando buscaba unirse a las tropas de San Martín. Desamparado, el niño José Rufino fue protegido por unos indios y anduvo de pastor hasta que fue reconocido por un viajero y regresó con su familia.

Luego pelearía junto al general Agustín Gamarra y fue alcanzado grados militares con rapidez. Vamos ahorrarnos las luchas intestinas por el poder —y las oportunidades de enriquecerse de él— entre los libertadores. Pero mencionaremos que Echenique hizo una enorme fortuna con la caña de azúcar, incorporando tecnologías a máquina de vapor. Ni corto ni perezoso, se casó Victoria Tristán, la hija mayor del acaudalado Pío Tristán, heredera también de parte de la fortuna de los Goyeneche. Además, quiero pensar que el concepto de deber patriótico era más laxo en aquel naciente país, pues el “héroe” Echenique, al igual que muchos “guerreros” como él, fue de los que exigieron “compensaciones y recompensas por sus hazañas patrióticas” (A. Quiroz), y se le retribuyó con jugosos bienes expropiados. Es decir, que cobró bien por ser peruano. Con tal suerte, el propio Jorge Basadre refiere en su “Histora de la Republica del Perú” que Echenique fue uno de los hombres más ricos de su tiempo.

EL PODER CORROMPE

El general, luego de dejar sus ocupaciones azucareras, regresó a la política y sirvió al gobierno del mariscal Castilla y llegó a ser su ministro de Guerra y premier. Ubicuo el magnate militar, pues antes había apoyado al general Vivanco —enemigo mortal de Castilla—, quien lo nombró prefecto de Lima. Así, en 1851, con el apoyo de Castilla, Echenique fue electo presidente. Lo apoyaron los sectores conservadores. El otro candidato era el empresario liberal Domingo Elías, quien siempre quiso hacerse ver como un “reformador”. A decir de Basadre, este fue el primer proceso electoral verdadero en el Perú. No obstante, señala Quiroz, que “Castilla favoreció a Echenique como candidato presidencial acaudalado y bien conectado en el violento y corrompido proceso electoral de 1850”. La enemistad a muerte estaba declarada entre Elías y Echenique, quien una vez en el poder, revocó los contratos que el país había suscrito con el primero como consignatario del guano y otros.

El dizque reformador civil y vengativo Domingo Elías, denunció toda esta jugarreta públicamente en una carta publicada en “El Comercio” en agosto de 1853. No era mucho amor al chancho que digamos, sino a los chicharrones, pues Elías no tuvo éxito en intentar cobrar una de estas millonarias deudas; pues fue “atrasado” por el ministro Juan Crisóstomo Torrico.

El dizque reformador civil y vengativo Domingo Elías, denunció toda esta jugarreta públicamente en una carta publicada en “El Comercio” en agosto de 1853. No era mucho amor al chancho que digamos, sino a los chicharrones, pues Elías no tuvo éxito en intentar cobrar una de estas millonarias deudas; pues fue “atrasado” por el ministro Juan Crisóstomo Torrico.

Pese a haber una relativa abundancia económica por la venta del guano (que incluyó un oscuro acuerdo de Echenique con la casa Gibbs, sobornos de por medio), la historia negra en torno a Echenique surge específicamente con el escándalo de lo que se llamó la “consolidación de la deuda”. Se necesitaba recuperar el crédito interno mostrando confianza a los millonarios locales (algo así como las “franeleadas” de Humala a la CONFIEP con la ‘ley pulpín’ y demás gracias), y se resolvió pagarles, ya desde Castilla, lo que se les había quitado para afrontar la guerra de Independencia. “Infortunado Echenique, presidía un país en abundancia que empezaba a abominar de él y de la Consolidación de la Deuda Interna […] En verdad las leyes no exigían mayor probanza, de modo que bastaban documentos o firmas de difuntos o ausentes y de testigos que hubiesen ejercido autoridad de cualquier rango o que simplemente diesen alguna certificación para que quedaran aprobados expedientes que llegaron a sumar veintitrés millones de pesos, más de cuatro millones de libras esterlinas”, relata el escritor Guillermo Thorndike en el primer tomo (“Los hijos de los Libertadores”) de su monumental biografía “Grau”.

SE ARMÓ LA GRANDE

Al conocerse que muchas de estas deudas habían sido infladas groseramente, la opinión pública desbordó los ánimos. Pobre Echenique, quería ser un héroe, pero acabó liderando una gavilla de sanguijuelas. Se desató toda una vorágine por traficar con vales de la consolidación. Deudas pequeñísimas de pronto se elevaron hasta los cielos, se fraguaron documentos, se falsificaron firmas, se sobornaron a todos los que eran sobornables. El propio Elías fue parte de esta fiebre, tramitando expedientes y sacando jugosas comisiones con sus contactos. A estos bribones se les llamo los “consolidados”. Al final, de 5 millones de pesos que era la deuda en 1851, se infló a 24 millones en 1852.

El dizque reformador civil y vengativo Domingo Elías, denunció toda esta jugarreta públicamente en una carta publicada en “El Comercio” en agosto de 1853. No era mucho amor al chancho que digamos, sino a los chicharrones, pues Elías no tuvo éxito en intentar cobrar una de estas millonarias deudas; pues fue “atrasado” por el ministro Juan Crisóstomo Torrico, realmente uno de los personaje más corrupotos de nuestra historia. Elías sería luego apresado y posteriormente movió sus tentáculos para desatar la llamada “revolución liberal”, que encabezada por Castilla, ahora enemigo de Echenique, logró derrocarlo en 1855. Hasta el día de hoy, el escándalo de la consolidación de la deuda supone uno de los mayores escándalos de corrupción de la casi bicentenaria República del Perú. Sin embargo, es solo una raya más de un obeso tigre.

ES QUE ERA MUY BONDADOSO

No obstante la gruesa información que da cuenta del latrocinio del gobierno del general Echenique, el historiador Jorge Basadre (el bueno de Basadre), tiene palabras hacia él que en algún modo le bajan el volumen a sus culpas. “No todos los amigos, funcionarios y adeptos de Echenique, tomaron parte en estos negocios. Echenique pecó solo por su carácter bondadoso, condescendiente, confiado y sin malicia, sorprendiéndose luego al verse horriblemente vilipendiado y calumniado. Por razones políticas, la opinión pública llegó a ser impresionada con versiones fantásticas acerca de este asunto. Varios de los enriquecidos se apresuraron a lucir carruajes o joyas. Algunos aparecieron en las mesas de juego de Chorrillos haciendo apuesta ostentosas”, escribe en su libro “Historia de la República del Perú”.

Como sea, a pesar de las abrumadoras pruebas, Echenique hizo poco o nada por atacar el robo. Amigos y familiares suyos se beneficiaron. Pero como este país tiene memoria frágil, o mejor dicho, tiende a perdonar a los corruptos y hasta premiarlos, Echenique luego de su exilió fue “rehabilitado” para la política, se le levantaron los cargos y llegó a presidir la cámara de diputados (1862) y la de senadores (1868). La vida te da sorpresas.

La mayoría de los que pelearon por la Independiencia, como Echenique y el propio Ramón Castilla, reclamaron y recibieron bondadosas compensaciones por supuestamente luchar por la libertad.

La mayoría de los que pelearon por la Independiencia, como Echenique y el propio Ramón Castilla, reclamaron y recibieron bondadosas compensaciones por supuestamente luchar por la libertad.

DE TAL PALO TAL ASTILLA

El general Echenique tuvo siete hijos. Uno de ellos fue el banquero Rufino Eusebio Echenique y Tristán, de quien desciende el escritor Alfredo Bryce. Este vástago suyo tiene entre sus “hazañas” haber sido uno de los que quebraron el Banco Nacional del Perú con turbios manejos. Guillermo Thorndike en su libro “1879”, reproduce una interpelación de la Cámara de Diputados al gabinete de Mariano Ignacio Prado en 1879 en plena Guerra del Pacífico, con ocasión de la emisión ilegal de 2 millones de soles por parte del Banco Nacional. En su intervención, el diputado Adán Melgar señala: “En los últimos días de abril de 1877 todos fuimos conmovidos por la noticia de que don Rufino Pompeyo Echenique quebraba en la enorme suma de 2,000,000 de soles y en cuya pérdida arrastraba al Banco Nacional por 800,000 soles que le había sustraído, abusando de su cargo de gerente de la institución”.

Continúa Melgar, y sabía de lo que hablaba pues fue accionista del Banco: “… el señor Derteano (presidente del Directorio de Banco) nos confesó que se había sostenido al señor Echenique en la gerencia, para que pudiera continuar sus peligrosos negocios e ir devolviendo al Banco todo el capital sustraído. ¡Qué tal descaro, excelentísimo señor!”.

* Publicado en Diario Uno.

2 Comments

  1. Que dificil Peru!!!! Toda nuestra historia esta comprometida conla polucion llamada Corrupción!!!!!! Y lo peor es que seguimos en el mismo pozo septiico de siempre……. Dios es Peruano.

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