Peredo

Daniel, no se va

(…) “Y el adiós a Daniel en el Estadio de sus relatos, en los diarios, en la televisión, en las radios y, sobre todo, en el corazón de las gentes es el símbolo de la valiosa herencia que deja: se puede ser periodista desde el respeto hacia el otro, desde la seriedad en la cobertura, desde los conceptos y no desde los agravios. Esa lección debe ser tomada por los mayores para reflexionar y por los jóvenes para seguirla.” (…)

Por: Umberto Jara

No sé bien cómo será hoy pero hace veinte años y más, la sala de redacción de una revista o un diario, era una segunda casa en la que pasábamos más horas que en nuestros hogares y los que allí habitábamos nos convertíamos en una especie de familia, cuando digo familia quiero decir con acuerdos y desacuerdos, pero juntos al final. Así está grabada en mi recuerdo la redacción de la revista ONCE y así me lo dice cada día el cuadro lleno de fotografías que me obsequió aquella familia y que está colgado desde siempre en la sala de mi casa. En esas fotos está Daniel Peredo con sus jóvenes 28 años, el blue jean, la sencilla camisa y las zapatillas. Llegaba a trabajar en su bullicioso autito rojo, “la cafetera del Cabezón”, y era tan antiguo que el editor, Nelson Alvarado, bromeaba diciendo que era imposible descifrar la marca. Era un Lada aunque Daniel decía, risueño, que era un Mazda 323. El Cabezón Peredo tenía un único lujo que lo exhibía a diario: una franca y grata sonrisa.

El primer número de ONCE salió a la cancha el 5 de mayo de 1997 con la tapa celebrando el triunfo de visitante de la magnífica Selección de Juan Carlos Oblitas que ocupó el cuarto lugar y se quedó sin ir a Francia 98 apenas por diferencia de goles. Colombia 0 – Perú 1. Daniel fue el encargado de cubrir ese partido en la caldera de Barranquilla y entendió desde el inicio que el éxito de una crónica está en los detalles y que para eso hay que entrenar el ojo no para mirar sino para observar, que es distinto.

Su texto, lo acabo de revisar, tiene la emotiva charla del técnico a sus pupilos, las voces de los jugadores con la euforia a ras de cancha al terminar el encuentro, tiene a Oblitas hablando por teléfono con la mujer y prometiéndole que no olvidará llevar el café colombiano, tiene la reacción enfurecida del Bolillo Gómez ante la derrota y una imagen que es una postal de la victoria: a la medianoche por las calles enmudecidas de Barranquilla pasa un bus con sus ocupantes festejando, parecen fantasmas felices en la ciudad desierta y abatida. El lector, con ese texto, podía sentir todo lo que había ocurrido en ese partido; años más tarde, Daniel en sus relatos haría vibrar en sus casas, a millones de televidentes, como si estuvieran dentro del Estadio.

De aquel viaje a Barranquilla, el Cabezón volvió contando que había descubierto un plato espectacular: el arroz trifásico, una peculiar mezcla caribeña de arroz, mondongo, carne y camarones. El detalle sirve para resaltar que era un buen conversador porque tenía el instinto para la anécdota y la vida, al fin y al cabo, es una suma de anécdotas. José El Huachito Lara y Dani Chang, compañeros suyos en ONCE, tienen a flor de piel un rasgo de Daniel Kirino Peredo Menchola: su empatía. En las horas tensas y apuradas de los cierres, se acercaba con una broma al diseñador o al jefe de archivo para atenuar el ambiente y no añadir más impaciencia. Si podía ser alegre en el cierre, lo era mucho más en la semana.

Los días martes, cuando volvíamos del descanso del lunes, Daniel solía entrar a mi oficina a pedir que analicemos su nota publicada para ver cómo podía mejorar la vez siguiente. Esa actitud tiene un nombre: pasión y respeto por la profesión que se ha elegido. Cuando eso se tiene, se sigue aprendiendo cada día.

Esta mañana he visto, con una confusión de sentimientos, su adiós en el Estadio Nacional. Una pena inmensa porque el ataúd es el signo definitivo de la ausencia; y una alegría gigantesca por el ritual futbolero en su adiós: las tribunas con los cantos, las camisetas blanquirrojas y las banderas ondeando bajo el sol de este verano, y las edades distintas de quienes le tributaban el homenaje. Con Daniel y con los muchachos de ONCE compartimos un sueño que está escrito en el número tres “Nos dijeron que una revista deportiva basada en la información, sin insultos y sin escándalos, no era posible en el Perú”. Fue posible. Y el adiós a Daniel en el Estadio de sus relatos, en los diarios, en la televisión, en las radios y, sobre todo, en el corazón de las gentes es el símbolo de la valiosa herencia que deja: se puede ser periodista desde el respeto hacia el otro, desde la seriedad en la cobertura, desde los conceptos y no desde los agravios. Esa lección debe ser tomada por los mayores para reflexionar y por los jóvenes para seguirla. Por la lección de dignidad que Peredo deja, el canto que esta mañana bajaba desde las tribunas es muy cierto: “No se va, no se va, Daniel no se va”.

* Publicado en Diario Depor

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